Netanyahu pisa el acelerador y gana terreno estratégico en el sur del Líbano

Mientras Estados Unidos intenta cerrar un acuerdo temporal con Irán para estabilizar el estrecho de Ormuz y contener el conflicto regional, el Gobierno de Benjamín Netanyahu ha optado por endurecer su estrategia militar en el Líbano, ampliando las operaciones terrestres y aumentando la intensidad de los bombardeos contra Hezbolá.

La decisión israelí llega en un contexto de enorme incertidumbre diplomática. Las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán continúan sin un resultado definitivo, y la falta de avances concretos ha reforzado la percepción dentro del Ejecutivo israelí de que la presión militar sigue siendo la principal herramienta para contener a Irán y a sus aliados regionales.

Netanyahu dejó clara esa posición al anunciar una “aceleración aún mayor” de las operaciones militares. “Lo que se nos exige ahora es aumentar los golpes, incrementar la intensidad. Les golpearemos sin concesiones”, afirmó en un mensaje difundido en redes sociales. Sus palabras fueron acompañadas casi de inmediato por una oleada de bombardeos sobre el sur y el este del Líbano, incluyendo zonas del valle de la Bekaa y localidades próximas a Beirut.

Más allá de los ataques aéreos, el elemento más significativo de esta nueva fase es la expansión de las operaciones terrestres israelíes más allá de la denominada “Forward Defense Line”, la línea defensiva avanzada establecida por Israel dentro del sur del Líbano.

Fuentes de seguridad israelíes reconocen que las tropas están operando ya en áreas situadas más allá de la llamada “Línea amarilla”, ampliando progresivamente la franja de seguridad ocupada por Israel varios kilómetros dentro de territorio libanés. Netanyahu confirmó que las fuerzas israelíes están “capturando y controlando áreas” consideradas estratégicas para proteger a las comunidades del norte de Israel.

La estrategia evoca a las doctrinas de seguridad israelíes basadas en la creación de zonas tampón frente a grupos armados hostiles. Sin embargo, el contexto actual es mucho más complejo debido al uso creciente de drones por parte de Hezbolá y a la dimensión regional del conflicto con Irán.

Los drones de Hezbolá cambian el equilibrio táctico

Uno de los factores que explican la intensificación israelí es la creciente eficacia de los drones utilizados por Hezbolá. El grupo chií libanés asegura haber desplegado nuevos drones de fibra óptica difíciles de interceptar electrónicamente, capaces de alcanzar tropas israelíes y posiciones militares en el norte de Israel.

El propio Netanyahu reconoció que Israel está impulsando un programa “masivo” para desarrollar nuevas soluciones defensivas frente a estos sistemas. El problema para el Ejército israelí es que los drones baratos y difíciles de neutralizar están erosionando parcialmente la superioridad tecnológica tradicional israelí.

Hezbolá ha utilizado precisamente esa capacidad como instrumento de desgaste continuo. Aunque Israel mantiene una clara ventaja aérea y militar, el grupo respaldado por Irán ha logrado mantener presión constante sobre la frontera norte israelí incluso después de meses de ofensiva.

La consecuencia es una dinámica de escalada progresiva: cuanto más persiste la amenaza de drones y ataques fronterizos, más aumenta la presión política interna sobre Netanyahu para ampliar la campaña militar.

La nueva ofensiva israelí no puede entenderse separada del pulso entre Washington y Teherán. Desde marzo, cuando comenzó la guerra regional tras la ofensiva estadounidense-israelí contra Irán, Hezbolá ha actuado como uno de los principales frentes indirectos del conflicto.

Israel interpreta que cualquier relajación militar permitiría a Irán fortalecer nuevamente su red regional de aliados armados. Por eso, mientras Estados Unidos intenta negociar un marco temporal con Teherán, Netanyahu parece decidido a consolidar hechos militares sobre el terreno.

Esa diferencia estratégica entre Washington y Tel Aviv empieza a hacerse visible. Donald Trump busca contener el conflicto y garantizar la reapertura del estrecho de Ormuz para evitar una crisis energética global. Netanyahu, en cambio, prioriza debilitar de forma estructural a la milicia chií antes de que un eventual acuerdo diplomático limite el margen de acción israelí.

Las declaraciones del primer ministro israelí tras hablar con Trump reflejan esa posición: Israel, dijo, mantendrá “su derecho a defenderse frente a amenazas en todos los frentes, incluido Líbano”.

Las conversaciones de paz, atrapadas entre la guerra y la presión interna

Paradójicamente, la escalada militar coincide con nuevos contactos diplomáticos entre representantes israelíes y libaneses en Washington. Bajo supervisión estadounidense, ambos países preparan reuniones militares y políticas para explorar un posible alto el fuego más estable.

Pero el margen de maniobra es extremadamente limitado. Hezbolá rechaza participar directamente en las negociaciones y se niega a discutir cualquier desarme mientras Israel mantenga tropas en territorio libanés y continúe bombardeando el país. Al mismo tiempo, dentro de Israel aumentan las presiones de sectores ultranacionalistas que exigen ataques todavía más contundentes, incluyendo bombardeos sobre Beirut y los suburbios del sur controlados por Hezbolá.

En ese escenario, Netanyahu parece moverse entre dos objetivos simultáneos: evitar aparecer condicionado por la diplomacia estadounidense y demostrar que Israel mantiene capacidad de iniciativa militar independientemente del resultado de las conversaciones con Irán.

Mientras la dimensión geopolítica domina el debate internacional, el impacto humano sigue agravándose. Las autoridades libanesas cifran en más de 3.000 los muertos desde el inicio de la guerra actual y en más de un millón las personas desplazadas.

Los bombardeos recientes sobre localidades del valle de la Bekaa y el sur del país han reactivado el temor a una guerra total semejante —o incluso superior— a la de 2006. La destrucción de viviendas, infraestructuras y zonas próximas a enclaves históricos como el castillo de Beaufort refleja además cómo el conflicto se expande más allá de objetivos estrictamente militares. @mundiario