Incuestionablemente, tal adhesión al Tratado de Washington, aunque legítima, rompería el statu quo en el norte de Europa. La OTAN incrementaría su territorio en casi 800.000 km2, y su frontera con Rusia pasaría de los 1.200 kilómetros actuales a más de 2.500 kilómetros. Supondría, asimismo y en ambos casos, la quiebra de políticas que han sido factores de estabilidad en Europa. La de paz y neutralidad que ha mantenido a Suecia ausente de conflictos armados desde las guerras napoleónicas. Y, en el caso finlandés, las de neutralidad durante la Guerra Fría y de custodia de relaciones «armoniosas» con Moscú.
La reacción rusa ha sido fulminante. El vicepresidente ruso, Dmitri Medvédev, ha amenazado con el despliegue de fuerzas nucleares en la proximidad de tales países. Y Putin, que consideraba la ampliación de la OTAN por el sur una amenaza para la seguridad de Rusia puede haber provocado que la Alianza amplíe el cepo por el norte. Bien que la posibilidad de nuclearización más allá del círculo polar ártico produzca escalofríos.
Pedro Pitarch, 15 de abril de 2022

