Por Roger Figueroa.
¿Cuánto vale un sueño? ¿Qué precio hay que pagar para lograr una meta o un proyecto? ¿Estaremos dispuestos a pagar el precio de ello?
Yo creo firmemente que el logro de todo en esta vida radica, no en haber llegado, sino más bien en seguir luchando hasta llegar. No importa si llegas sin dientes por haber luchado con el león, sin fuerzas por luchar demasiado o herido por las flechas en el camino. No importa, lo ideal es llegar y decir: valió la pena.
El Señor nuestro Dios es paciente para con todos los que confiamos firmemente en él. Cuando no tenemos fuerzas podemos descansar en sus brazos y cuando creemos que nuestro mundo colapsó él comienza a escribir la parte dos.
Ahora bien, analicemos de cerca la siguiente cita: «Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió». Hebreos 10:23.
Mantenerse firme requerirá más acciones que palabras, más fe que derrota, y más enfoque que distracción. Mantenerse firme requerirá que sin importar el ímpetu del río contra tu casa, ésta este firme sobre la roca (Lucas 6:46-49).
Hoy te invito a que sigamos confiando. Que sigamos orando y creyendo en aquel que es fiel para cumplir con su llamado hacia nosotros. Hoy te invito a levantar las manos caídas, a que llevemos a reparar el corazón roto al taller del maestro, a que miremos de cerca a Jesús.
No hay pecado que él no pueda quitar, falla que él no pueda perdonar o enfermedad que él no pueda sanar.
Tenemos que seguir, tenemos que llegar, y vamos a lograr alcanzar esa corona de vida que el Dios de Israel nos tiene guardada en su morada celestial.
«He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona».
Apocalipsis 3:11.




Amén 🙏