EN TU SEMANA.
Artículo semanal del pastor Héctor Contreras.
PARA: EL GRAN SANTO DOMINGO . COM Y EL GRAN. DO
San Marcos 10:17-22.
De alguna forma u otra, entiendo que la mayoría de los que leen estos mensajes, ha vivido lo que es concerniente a recibir una herencia. Cuando aún era un niño, mi padre biológico falleció. Recuerdo todo lo que poseía como hombre de campo, labrador de la tierra. Luego de mi adultez, visité a la familia, compuesta en ese entonces por primos hermanos en su mayoría. Llevo en mi mente las palabras del mayor de ellos, quien me dijo: “Tenemos muchas cosas para tí de lo que eran las propiedades dejadas por tu padre”. No le presté mucha atención a sus palabras, ya que, a mi entender, el tiempo de recibir lo que me correspondía, se había dirimido. Por medio de este mensaje, trataré de llevar a cada lector a fijar lo que es la verdadera heredad; esta no es una porción de terreno u otros bienes terrenales, se trata de nuestra herencia en el reino de los cielos. ¡Ojalá puedan entender y asimilar esta verdad! ¡Aleluya!
Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas, que los hijos de Israel ofrecieren a Jehová, las he dado para tí, y para tus hijos y para tus hijas contigo, por estatuto perpetuo; pacto de sal perpetuo es delante de Jehová para ti y para tu descendencia contigo. Y Jehová dijo a Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel”, Números 18:19-20. Después de que Dios dijo estas palabras a su siervo Aarón, le dedicó todo lo concerniente a la heredad, mencionando la magnitud de sus palabras con “Pacto de sal”. ¿A qué se refiere el Señor con estas palabras? Este pacto se refiere, probablemente, a la sal que se comía cuando era solemnizado un contrato. La sal testificaba dicha permanencia en el cuerpo de los que participaban de este acto. Lo que más me impacta de las palabras del Señor en estos dos versos, son cuando Él le comunica a su siervo que no le tocará nada de la tierra de ellos, porque el mismo Dios se convierte en su heredad en medio de todo el pueblo de Israel. “.Dios es tu parte y tu heredad” Búscale, hoy es el tiempo de encontrarte con Él.
El libro de Números subraya que el pueblo de Dios debe contentarse con su provisión. Puede ser que el descontento revele falta de fe en Dios; pero nuestro Señor conoce todas nuestras necesidades, las presentes y las por venir, por tanto nos dará lo que necesitemos en el momento oportuno. La fe nos hace esperar ese momento y, mientras tanto, contentarnos con la presente provisión de nuestro Dios. ¡Regocíjate! No olvides que el Señor es tu heredad, porque te ha dado a su Hijo Único, JESUCRISTO, y la vida eterna.
Cuando Dios dictó las leyes sobre los sacerdotes por medio del profeta Ezequiel, Él nos dice: “Y habrá para ellos heredad; yo seré su heredad, pero no les daréis posesión en Israel; yo soy su posesión”, Ezequiel 44:28. “Yo soy su posesión”: Las instrucciones antes dadas a Aarón, según lo leído anteriormente en nuestra primera cita, a los sacerdotes no se les entregan heredades territoriales. Su sustento depende de las ofrendas y donaciones de la gente, sin embargo, los sacerdotes podían vivir en el área donde estaba enclavado el templo, lo dice así el verso siguiente: “Lo consagrado de esta tierra será para los sacerdotes, ministros del santuario, que se acercan para ministrar a Jehová; y servirá de lugar para sus casas, y como recinto sagrado para el santuario”, Ezequiel 45:4. Tú puedes pasar a ser sacerdote o ministro de Dios para este tiempo. !Bendito sea el nombre de nuestro Dios”
Es posible que algunos de los que leen estos mensajes se digan a sí mismos: Pero yo no soy sacerdote, tampoco cura, ni pastor; entonces, ¿cómo puedo convertirme en un heredero directamente de Dios? La respuestas es simple, mis amados y es la siguiente: “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”, I-Pedro 2:4-5 y “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”, I-Pedro 2:9-10. ¿Qué nos enseña todo esto? Es sencillo, es simple, sólo debes acercarte a Él.
A menudo las personas fundamentan su concepto de sí mismas en sus logros; pero nuestra relación con Cristo es mucho más importante que nuestras propias tareas, éxitos, riquezas o conocimientos. Hemos sido escogidos por Dios como su propiedad, y hemos sido llamados a representarlo delante de toda la gente.
Recordemos que sus valores vienen como resultado de ser uno de los hijos de Dios, no como producto de lo que podamos lograr. Por tanto, tú eres una persona valiosa, por lo que Dios hace en tí y no por lo que tú haces. Todo esto, mi caro amigo, te hace ser un heredero del reino de Dios, donde reina la eternidad de Él.
Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincado la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio.No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”, San Marcos 10:17-22. La pregunta de este hombre revela que la gente cree que la vida eterna es la recompensa por las buenas obras que podamos realizar. La verdadera bondad es una prerrogativa de Dios, aunque este hombre ha llamado a Jesús “Maestro bueno”. Si nuestro Señor sólo era un maestro, entonces no merecía ser llamado “bueno”. Por otro lado, si realmente era bueno, entonces era Dios. Sea o no sea este un esperado reclamo de divinidad, Jesús dirige la atención del hombre hacia Dios, el más elevado modelo de bondad.
Cuando dice “Amó”: Revela el amor de Jesús por aquel hombre y en un reto para el mismo hombre, el cual fue sometido a una dura prueba, para poner al descubierto el hecho de que había convertido a las riquezas materiales en un ídolo, quebrantando así el primer mandamiento, que dice: “No tendrás dioses delante de mí”, Éxodo 20:3. “Tesoro en el cielo”: Es una expresión judía común entre ellos, pero para Jesús, no contiene la idea de mérito alguno.
Jesús mira más allá de las exigencias específicas a un corazón que pretende devoción a Dios. Él está hablando de tomar la cruz del discipulado y seguirle incondicionalmente. Se dice que los judíos consideraban la riqueza como una señal del favor de Dios, por lo que era algo inconcebible que la riqueza fuera un obstáculo para vivir en el reino. Jesús demuestra la falacia de tal opinión y la aprovecha para enseñar, de forma hiperbólica, que es imposible para alguien que confía en las riquezas entrar al reino de los cielos.
El joven de la historia, quería estar seguro de poseer la vida eterna y por eso preguntó cómo lograrla. En su relato revela que jamás quebrantó siquiera una de las leyes que Jesús le mencionó. Es posible que guardara la versión llena de pretextos de los fariseos. Pero, Jesús, lleno de amor, irrumpió a través del orgullo de aquel joven con un desafío a que expusiera sus verdaderos motivos. “Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres”. Aquí estaba la barrera que podía mantener a aquel joven fuera del Reino: su amor al dinero. El dinero representaba su orgullo, el éxito logrado y la autosuficiencia. Algo irónico, pero su actitud lo incapacitaba para guardar el primer mandamiento de no permitir que nada llegara a ser más importante que Dios. No pudo cumplir el requerimiento que Jesús le hizo: entregar corazón y vida a Dios. Es bueno reconocer que aquel joven se acercó a Jesús deseando saber qué hacer; y se fue viendo lo que era incapaz de hacer. ¿Qué barreras te impiden entregar tu vida a Cristo? Te recuerdo que, al venir a Él, al instante formas parte de la heredad de Dios para tu vida.
En la Revista “El Aposento Alto”, del 6 de noviembre de 2021, página 12, la Sra. Candice Lucey, de Columbia Británica, Canadá, plasmó estas palabras: “La fe de abuela en medio del sufrimiento reflejó su confianza en Dios que todo lo puede. Dejó un legado de esperanza al que recurrí en mis propios momentos de angustia, miedo y cansancio. A través del legado de mi abuela, Dios aumentó mi fe”. Es lo mismo que nuestro Dios quiere para tu vida. Este legado o herencia puede llegar a tu vida ahora por medio de Jesucristo, el Hijo de Dios.
Dios les bendiga rica y abundantemente en Cristo Jesús, Nuestro Señor.