EN TU SEMANA.
Mensaje semanal del pastor Héctor Contreras.
PARA: EL GRAN SANTO DOMINGO . COM
I-Corintios 1:30.
Justificación, es un término jurídico que representa la determinación divina de convertir todo lo malo en bienestar; su dádiva al culpable para remover toda su conducta y justificarlo, esto incluye el retiro completo de los cargos en su contra. Santificación, es un símbolo tomado del templo y revela la necesidad de una purificación.
Supone ser renovado por el poder del Espíritu Santo, el cual hace posible una vida aceptable delante de Dios y nos conduce hacia nuestro perfeccionamiento final delante de su presencia.
Redención, se menciona en un contexto de esclavitud y endeudamiento , habla de libertad total bajo todos los aspectos del pecado, incluyendo la resurrección del cuerpo.
Este verso encierra por sí mismo todo lo que abarca la plenitud de Cristo Jesús en cuanto a la salvación de las almas de los que le confiesen delante del Padre para ser perdonados de sus pecados.
Esto erais una vez, dice el apóstol Pablo al inicio de l-Corintios 6:11. ¿Qué éramos, qué fuimos antes de confesar a Jesucristo? Si pensamos en lo que fuimos antes de venir a los pies de Cristo, encontraríamos, si somos fieles y sinceros con nosotros mismos que no seríamos dignos de hallar misericordia delante del Padre celestial y ser perdonados y lavados por el poder de la Sangre del Cordero de Dios.
El texto continúa diciendo: más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
Lavados y justificados, sin importar lo que hayamos podido ser en el pasado, porque la Sangre del Cordero de Dios no solamente nos lava y nos limpia, sino que nos cubre contra toda enfermedad, contra los demonios que puedan venir en contra nuestra y atacarnos con toda su furia. Al ser lavados, nos indica que somos apartados para nuestro Dios.
La obra redentora de Cristo es el fundamento y el Espíritu Santo es el agente a través del cual se consume la salvación del alma. Justificación es una de las palabras halladas en nuestro verso central.
Esta nace del griego «dikaico», término legal que significa absolver, declarar a alguien como justo, demostrar con su accionar que es recto y justo a la vez.
Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, Romanos 5:1. Con la fe, alcanzamos justificación, también paz y todo, por medio de un hombre, que siendo Dios se hizo uno igual a nosotros, haciendo la diferencia al aceptar la muerte en un instrumento de vergüenza por amor a todos los que crean en su nombre.
La Biblia dice: «Por cuanto erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia», Romanos 6:20. ¿De qué forma se puede conjugar lo descrito en este verso en cuanto a la esclavitud y la libertad? El apóstol utiliza la analogía humana de la esclavitud en su apelación a la santidad de los creyentes en Jesucristo.
Al hacerlo, nos recuerda el contraste entre la vida pasada aún no regenerada y la nueva vida en Cristo. Los esclavos del pecado no reconocen la necesidad de la justicia, sino que se abandonan al proceso de deterioro moral que culmina con la muerte.
En cuanto a la muerte espiritual se refiere, lo indica la descripción de Romanos 6:21 «¿Pero qué fruto tenías de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte».
Cuando caminamos bajo la esclavitud del pecado, nos creemos ser libres para realizar todo tipo de mal, atropello desmedido en contra del prójimo, ¿Por qué razón? Porque no existe en nuestros corazones ni una pizca de lo que significa Dios en la vida de cada persona.
El versículo 23 de este mismo capítulo nos revela cuál es y hacia donde nos lleva el pecado. Dice que el pago es muerte; sin embargo, al final Dios nos ofrece una dádiva, un regalo por medio de Jesucristo: «Vida eterna».