Por: Aik Ambiorix
Cuanto dolor al verte marchar Claret.
Claret con sus ojos intensos muy azules. Vi crecer a Claret como una flor, hija de mis dos grandes amigos: María Lugo y Expedito Espinal. Llevé a mis hijos cuando niños a la iglesia y junto con ella adornaban la inocencia de cada escuela dominical. En esa congregación, todos hoy lloran a Claret, la niña de ojos intensos, su ternura y sencillez crecieron con ella formando su ´familita’ que hoy queda muy joven. Claret llegó a la vida, así como el sol amanece y se ausenta, como el agua cae en las manos y se escapa tan rápido en medio de los dedos. A veces queremos apretar y retener, pero la vida se nos va como líquido apreciado y eso sucedió contigo, Claret.
Dios sabe en su misericordia a quienes tiene con él.
Un día que muchos por error tienen muy lejos, nosotros también nos iremos.


