Por Guillermo Caram.
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La reciente información publicada por el Banco Central sobre disminución del flujo de remesas, constituye una evidencia de la necesidad de mantener una vigilancia continua y sistemática del comportamiento económico internacional y sus consecuencias, a fin de adoptar las previsiones nacionales correspondientes al margen de espejismos e ilusiones económicas.
Aunque la disminución no ha sido tan significativa como para provocar alarmantes efectos económicos adversos e inmediatos, debe servirnos de alerta de lo que puede suceder nacionalmente como consecuencia de la contracción económica, inflación y recortes de programas sociales en los EEUU y otras naciones de donde provienen nuestras reservas.
Estas causantes, de no tomarse en debida cuenta, junto a otras que pudieran presentarse como las relacionadas con el endeudamiento externo, proporcionan vulnerabilidad externa a nuestra economía que obligan a blindarla.
Para blindarla, no es necesario rebuscar fórmulas sino recurrir a elementos fundamentos del sentido común y la lógica económica: una mayor disciplina fiscal para generar excedentes financieros públicos que permitan apoyar la producción primaria, especialmente agropecuaria, de bienes con que satisfacer nuestras necesidades nacionales y generar puestos de trabajo. Y eso no se está observando en el accionar gubernamental, de acuerdo a la ejecución presupuestaria del presente año.
Durante el primer trimestre del 2022, los RD$218 mil millones de pesos que los dominicanos pagamos de impuestos fueron totalmente consumidos en partidas corrientes: burocracia, subsidios, intereses de la deuda y demás gastos de funcionamiento.
Por esa razón, entre otras, el gasto de capital, que debe apoyar la infraestructura y créditos de producción, apenas está siendo el 41% de lo presupuestado; porcentaje obtenido al dividir el promedio diario de gasto de capital (158 millones de RD pesos) entre el promedio diario presupuestado: RD$385 millones de pesos.



