Trump presume de un giro de Pekín sobre Irán tras su cumbre con Xi Jinping

Donald Trump ha aprovechado su visita oficial a China para lanzar un mensaje de enorme carga geopolítica: según el mandatario estadounidense, Xi Jinping le habría garantizado personalmente que Pekín no suministrará material militar a Irán. La afirmación, realizada durante una entrevista concedida a Fox News y difundida posteriormente por la Casa Blanca, llega en uno de los momentos más delicados de la crisis regional y en plena preocupación internacional por el papel que juegan las grandes potencias en el conflicto de Oriente Próximo.

El presidente republicano presentó la supuesta promesa china como un avance estratégico de primer nivel. “Es una declaración importante”, afirmó Trump, insistiendo en que Xi expresó su posición “de forma contundente”. Aunque no ofreció detalles concretos sobre posibles acuerdos o compromisos escritos, el mensaje busca proyectar la imagen de una China menos implicada militarmente con Teherán y más interesada en contener una escalada bélica que amenace el comercio mundial.

La cuestión iraní se ha convertido en uno de los ejes centrales de la visita de Trump a Pekín. Estados Unidos observa con enorme preocupación la relación energética y económica entre China e Irán, especialmente porque el gigante asiático continúa siendo el principal comprador del crudo iraní pese a las sanciones occidentales. Según diversos informes estadounidenses, alrededor del 90% del petróleo exportado por Irán acaba en el mercado chino, una dependencia que convierte a Pekín en un actor decisivo para la supervivencia económica del régimen iraní.

Trump reconoció abiertamente ese vínculo durante su entrevista y explicó que Xi trasladó su deseo de que continúe fluyendo el petróleo iraní hacia China. El presidente estadounidense vinculó además esa preocupación con la situación del estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más sensibles del planeta y pieza clave para el suministro energético internacional.

El republicano aseguró que Xi le expresó su inquietud por las restricciones y amenazas sobre el tráfico marítimo en la zona. Según el relato de Trump, el líder chino pidió que el estrecho permanezca abierto y operativo, consciente del impacto económico que tendría cualquier bloqueo prolongado sobre la economía global y especialmente sobre la industria china. Trump respondió descargando la responsabilidad directamente sobre Irán. “Nosotros no lo hemos cerrado; ellos sí”, afirmó, en referencia a las tensiones provocadas por Teherán en el golfo Pérsico.

Más allá del componente militar y energético, la conversación entre ambos dirigentes también habría abordado una posible vía diplomática. Trump reveló que Xi desea que se alcance un acuerdo con Irán y que incluso se ofreció a colaborar para facilitar una salida negociada a la crisis. La afirmación resulta especialmente significativa porque sitúa a China en una posición potencial de mediador internacional, algo que Pekín lleva años intentando consolidar en diferentes escenarios globales.

El presidente estadounidense no ocultó que considera lógica esa predisposición china al diálogo debido a la estrecha relación económica que mantiene con Teherán. “Quien compra tanto petróleo tiene evidentemente algún tipo de relación”, señaló Trump, dejando entrever que Washington asume que China dispone de influencia suficiente sobre el régimen iraní como para intentar moderar su comportamiento.

La reunión entre Trump y Xi se produce además en un contexto internacional extremadamente volátil. La guerra en Oriente Próximo, la presión sobre las rutas energéticas y la competencia estratégica entre Washington y Pekín han elevado la tensión global a niveles inéditos en los últimos años. Aunque ambos líderes intentaron proyectar una imagen de entendimiento durante su encuentro en Pekín, persisten profundas diferencias comerciales, tecnológicas y militares entre las dos superpotencias.

Sin embargo, Trump quiso presentar la cuestión iraní como un terreno donde Estados Unidos y China podrían encontrar intereses comunes. La estabilidad energética mundial, la seguridad marítima y la contención de una guerra regional más amplia son objetivos que afectan directamente tanto a Washington como a Pekín.

Por ahora, las declaraciones del presidente estadounidense no han ido acompañadas de confirmación oficial por parte del Gobierno chino, que mantiene habitualmente una posición mucho más prudente y ambigua en asuntos relacionados con Irán. Aun así, las palabras de Trump introducen un nuevo elemento en el tablero diplomático internacional y alimentan la expectativa sobre un posible cambio de equilibrio en la relación entre China, Estados Unidos e Irán. @mundiario