Ucrania estalla contra Israel por hacer negocios con Rusia con grano ucraniano “robado”

La guerra en Europa del Este ha abierto un nuevo frente inesperado, esta vez diplomático. Ucrania ha elevado el tono contra Israel tras denunciar que varios buques con grano presuntamente extraído de territorios ocupados por Rusia han sido aceptados en el puerto de Haifa. Lo que podría parecer un incidente comercial aislado se ha transformado en un episodio con implicaciones severas políticas, legales y estratégicas.

El detonante es la llegada del buque Panormitis, que transporta miles de toneladas de trigo y cebada. Según las investigaciones ucranianas, el cargamento habría sido obtenido en zonas ocupadas, especialmente en la ciudad de Berdyansk, y trasladado mediante una red de transbordos desde puertos rusos.

Para Kiev, no se trata solo de una cuestión económica. La exportación de cereal desde territorios ocupados forma parte de un sistema más amplio que permite a Rusia financiar su esfuerzo bélico con los propios recursos del pueblo ucraniano. De ahí la dureza del mensaje del ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, quien advirtió de que “el comercio ilegal de Rusia con grano ucraniano robado no debe socavar” las relaciones bilaterales.

La reacción no es nueva. A principios de este mes, otro buque —el Abinsk— el buque ruso Abinsk descargó unas 44.000 toneladas de trigo en Haifa pese a las advertencias previas de Kiev. Las investigaciones locales en Israel sugieren que al menos cuatro cargamentos similares han llegado al país en lo que va de 2026. 

El Panormitis ya se encuentra físicamente en la zona, pero la clave de la crisis es que está anclado frente al puerto de Haifa a la espera de permiso oficial para atracar y descargar.

Desde el lado israelí, la respuesta ha sido cauta y basada en minimizar el impacto. El ministro de Exteriores, Gideon Sa’ar, ha rechazado las acusaciones al señalar que “aún no se han aportado pruebas que respalden las acusaciones”. Además, ha criticado el canal elegido por Kiev para expresar su protesta, subrayando que las relaciones diplomáticas no deben gestionarse en redes sociales o medios de comunicación.

La respuesta de Israel: restar importancia al asunto y escepticismo

Israel insiste en que investigará el caso dentro del marco de su sistema judicial, en lo que destacó la independencia de sus instituciones. Sin embargo, esta posición —percibida en Kiev como pasiva— ha sido interpretada como una falta de respuesta proporcional a la gravedad de las denuncias, de las cuales el Gobierno ucraniano asegura haber consultado por los canales apropiados.

Aunque Sa’ar criticó la falta de una solicitud de asistencia legal formal, fuentes ucranianas indican que el Fiscal General de Ucrania ya se había reunido con el embajador israelí para solicitar específicamente que se impidiera la salida de buques sospechosos de los puertos israelíes.

El 15 de abril, Sybiha conversó por teléfono con Gideon Sa’ar para tratar el cargamento del Abinsk y advertir sobre el comercio de grano robado. Ucrania afirma haber notificado formalmente el caso a las autoridades israelíes el 23 de marzo; entonces recibió garantías de una “respuesta adecuada” que, según Kiev, nunca se materializaron

Israel ha mantenido desde el inicio de la guerra una posición prudente respecto a Rusia, evitando una implicación directa que pueda comprometer sus intereses en Oriente Próximo y sus relaciones con Moscú. Esa cautela contrasta con las expectativas de Kiev, que espera un alineamiento más claro de sus socios.

Las advertencias ucranianas han ido en aumento. Fuentes diplomáticas han dejado claro que permitir la descarga del grano podría tener “consecuencias” en la relación bilateral. La convocatoria del embajador israelí en Kiev para presentar una nota de protesta formal es un paso significativo en esa dirección.

Más allá del caso concreto, el episodio amenaza con erosionar una relación que, aunque compleja, había mantenido un cierto equilibrio. Ucrania ha destacado en los últimos meses gestos hacia Israel —incluyendo posiciones firmes en foros internacionales— que ahora considera no correspondidos.

El conflicto también pone de relieve la dimensión económica de la guerra. Ucrania, tradicionalmente conocida como uno de los grandes exportadores de cereal del mundo, considera que la apropiación y comercialización de su producción agrícola supone un golpe directo a su economía.

Las estimaciones apuntan a que Rusia ha sustraído millones de toneladas de grano desde el inicio de la invasión. Parte de ese volumen se canaliza a través de lo que Kiev denomina una “flota en la sombra”, destinada a ocultar el origen real de los cargamentos. @mundiario