Por: Héctor E. Contreras.
Juan 13:1.
Juan dedicó un tercio de su libro a las últimas 24 horas que Jesús pasó en la tierra. Los capítulos del 13-17 describen una de las escenas de ese período de tiempo y no existe nada parecido a estos capítulos en toda la Biblia. En su lento movimiento y en sus detalles realistas, los capítulos brindan una íntima descripción del más angustioso atardecer de la vida de Jesús. El artista Leonardo da Vinci inmortalizó esta escena en su famoso cuadro “La Ultima Cena”, en el cual los participantes están acomodados en uno de los lados de la mesa, como si estuvieran posando para el artista. Pero Juan da pocos detalles físicos; en lugar de ello, él centra nuestra atención en el remolino de corrientes emocionales que hay alrededor de la mesa. Juan ilumina con sus palabras los rostros de los discípulos, y uno casi puede ver en sus ojos como ellos van tomando conciencia de todo lo que Jesús les había dicho.
“Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó”, Juan 13:3-4. Antes de comenzar esta íntima comida con sus discípulos, Jesús les dio una lección de humildad. Por lo general, eran los esclavos quienes se ocupaban del lavado de los pies de los huéspedes. En este pasaje, Jesús, el huésped de honor, se viste como un esclavo y con una toalla a la cintura se pone a lavar los pies de los discípulos. El apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses, elabora el significado de la servidumbre de Jesús, Filipenses 2:5-11. Sobre ésto, también Lucas escribió lo siguiente acerca de Jesús: “Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve”, Lucas 22:27. Jesús refuerza el principio como el que sirve, ejemplo vivo para todos nosotros en este tiempo.
El sistema de liderazgo del mundo es muy diferente al que rige en el Reino de Dios. A menudo, los líderes terrenales son egoístas y arrogantes a medida que escalan hacia la cumbre. Entre los creyentes, el líder es aquel que sirve mejor. Hay estilos diferentes de liderazgo, algunos se dirigen mediante la oratoria pública, otros mediante la administración y otros, a través de las relaciones.
“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”, Juan 13:1. Jesús sabía que uno de sus discípulos lo traicionaría, otro le negaría y todos los demás lo abandonarían durante un tiempo. Aun así, “a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”. Dios nos conoce completamente, así como Jesús conocía a sus discípulos. También nuestro Dios conoce los pecados que hemos cometido y los que nos faltan por cometer. A pesar de eso, nos ama. ¿Cómo se puede responder a esta clase de amor? Cuando yo resalto: “a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”, lo hago dando a entender que en el renglón del amor de Dios mediante Jesucristo, entramos todos nosotros; los que le hemos confesado como nuestro Señor y Salvador y también aún aquellos que nunca han pensando en el eterno amor de Dios.
Es por tal razón que debo resaltar los siguientes versos, también de Juan: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”, Juan 1:11-12. Y escribo: ¡Aleluya, aleluya, gloria a Dios! Porque ahí entro yo, entras tú y todos aquellos que quieran confesar a Cristo como su suficiente Salvador, porque también nos amó, inclusive mucho antes de nosotros nacer, nos amó hasta el fín. ¡Bendito sea Dios para siempre!
Jesús fue el siervo modelo y mostró su disposición de servicio a sus discípulos. Lavar los pies de los huéspedes o invitados, como había escrito más arriba, era tarea que debía llevar a cabo un sirviente de la casa. Jesús fue mucho más allá de la servidumbre, al dejar su corona de lado y despojarse de toda su autoridad y humillarse en cuclillas uno a uno delante de sus discípulos. Para que podamos alcanzar la plenitud de la salvación en Cristo, debemos ponernos a las alturas de Jesús, humillarnos delante de su presencia siempre y en ocasiones, hasta delante de nuestros semejantes, para que así alcancemos el amor demostrado a sus discípulos en aquella reunión final con ellos y les declaró su amor hasta el fin.
“Su amor por mi, es más dulce que la miel y su misericordia es nueva cada día”. Estrofa de una de las canciones del hermano Marcos Witt. Es ese amor que nos lleva a alcanzar el amor hasta el final de Cristo Jesús.
“El amor es la amistad prendida en fuego. Es confianza mutua, intercambio y perdón. Es la lealtad a través de los buenos y malos tiempos. Se conforma con menos que la perfección y permite las debilidades humanas”. Ruth Crowley, enfermera y columnista estadounidense. Es un pensamiento de mucho valor, enseñando con ello que la lealtad es algo que no da la clase social, tampoco el dinero, ni la inteligencia. Se lleva dentro y se anda con esa gran virtud en el centro de nuestros corazones. Que ese fuego del amor nazca en cada vida, en cada corazón y que todos podamos alcanzar el amor hasta el infinito que nos ofrece Jesucristo.
Que la gracia de Dios el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo llegue a nuestras vidas y que seamos capaces de confesar a Jesucristo, para que así también podamos vivir ese inmenso amor que sólo Él nos puede brindar. ¡Bendecidos, amados del Señor!




