Venciendo por medio de la fe

Por: Héctor E. Contreras.

Hebreos 11:37-40.

¿Qué es la fe? Es: “Confianza, creer, fidelidad, obediencia y seguridad”. La esencia de la fe consiste en recibir lo que Dios ha revelado, y puede definirse como aquella confianza que se ejerce en el Dios de las Escrituras y en Jesucristo, a quien Él envió y quien le recibe como su Salvador y Señor, y estimulado a vivir obedientemente en amor y en la práctica de servir. Los usos particulares de la fe dan origen a sus definiciones secundarias, tales como: 1-) La salvación, la fe es, aparte de todo mérito humano, confianza personal en el Señor Jesucristo; 2-) En cuanto a la oración, la fe es la “confianza que tenemos en el Señor cuando pedimos algunas cosas conforme a sus propósitos, Él nos escucha”. I-Juan 5:14-15. 3-) En cuanto a las cosas invisibles de que nos hablan las Escrituras, la fe da “sustancia” a ellas, de modo que podemos actuar estando convencidos de su realidad. Hebreos 11:1-3. Como un principio operante en la vida del creyente, los usos de la fe se ilustran en Hebreos 11:1-40. Lo más importante de la fe, mis amados del Señor, es la fidelidad y obediencia a nuestro Dios por medio de Cristo Jesús. ¡Vivamos para Jesucristo confiadamente por la fe!

Entonces, amados: ¿Qué es la fe? ¿Y cómo puede estar seguro de que se tiene? Es el mismo autor del libro que declara ésto respecto a la fe: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, Hebreos 11:1. Algunos creyentes ven la fe como una fuerza casi mágica: Si uno logra tener suficiente, prosperará, se mantendrá sano y vivirá una vida placentera, dicen ellos. Pero, ¿cómo hacemos para “lograr” más fe? ¿Cuáles son las señales de una fe verdadera? El autor de la carta a los hebreos se lanza a presentar una descripción detallada de la fe, incluyendo referencia a varios modelos biográficos en forma cortante: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios”, Hebreos 11:6. Son palabras cortantes, cierto, pero es la verdad de que sin ésta, la fe, como creyentes en Jesucristo, no somos nada.

Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: 

No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Si, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondió Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora”, Mateo 15:25-28. Perro era un término que los judíos por lo general aplicaban a todo gentil, porque los judíos consideraban que los paganos parecían perros al no recibir la bendición de Dios. Jesús no estaba degradando a la mujer al usar este término, sino reflejando la actitud de los judiíos en contraposición con la suya. Ella no tomó en cuenta el ser extranjera en tierra de Israel. Entendía que Jesús podía liberar a su hija del demonio que azotaba su vida. Por tal razón el Señor alaba la fe en Él de esta mujer, cuando le dice: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres”, verso 28. Es lo que Jesús busca de tí y de mí en este tiempo, que vayamos ante Él con la certeza de que recibiremos la respuesta a nuestra necesidad.

Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pies de ovejas y cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros”, Hebreos 11:37-40. La descripción de estos versos nos da a entender que, debemos llamar a estos hombres y mujeres sufrientes por su fe con el nombre de: “La Galería de la Fama de la Fe”. En ciencia cierta, es el título de toda la carta a los Hebreos. No hay duda de que el autor sorprendió a sus lectores con esta conclusión: Estos héroes, judíos admirables, no recibieron el premio total de parte de Dios, porque murieron antes que Cristo viniera a este mundo. En el plan de Dios, ellos y otros creyentes que soportaron muchas pruebas, serán recompensados juntos en el Reino de Dios. 

La solidaridad entre los creyentes del Antiguo y Nuevo Testamentos, serán glorificados. No sólo somos uno en el cuerpo de Cristo con todos los que están vivos, sino que también somos uno con todos los que ya han vivido en el pasado. 

En otras palabras, todos somos necesarios para alcanzar la perfección en Cristo Jesús. Para reafirmar ésto, veamos la declaración de los siguientes versos: “A la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”, Hebreos 12:23-24

La descripción de la fe que surge de los capítulos 11 y 12 de la Carta a los Hebreos, tiene algunas sorpresas. El escritor usa palabras y frases tales como: “Perseverar, soportar, no perder la esperanza”. En muchos casos, los héroes citados no recibieron lo que esperaban; algunos terminaron siendo azotados o perdieron posesiones o cubiertos de pieles crudas en vez de ropa, Hebreos 11:36-38. Otros perecieron en muertes horribles. La fe, sugiere el autor de esta carta, se parece más que nada a una carrera difícil. El corredor fija sus ojos en la meta que le permitirá ganar el premio. El que llega a la meta, recibe el premio. En esta carrera, a pesar de las tentaciones de aflojar el paso, se niega a hacerlo hasta después de haber cruzado la meta. “Despojémonos de todo peso”, aconseja Hebreos 12:1. “Levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas”, Hebreos 12:12. Para correr, el atleta se despoja de todo, apenas lleva el traje que cubre su cuerpo. Para alcanzar lo que nos proponemos, debemos levantar nuestras manos al cielo  y doblar rodillas al piso y así seremos unos verdaderos vencedores en la carrera de la fe.  

La fe que se describe en Hebreos no viene recubierta de azúcar, ni de chocolate. Dios no le garantiza a nadie una vida de lujo y descanso. Es una fe rigurosa: Consiste en compromiso constante de creer en Dios a pesar de todo, y un compromiso de aferrarse a Él, pase lo que pase. Por lo demás, mis amados del Señor, por medio de la fe en aquel que murió en la cruz por todos nosotros, podemos vencer todo por medio de la fe que nace de Él. Jesucristo el Señor, nuestro Salvador. 

Que la gracia de Dios nuestro Padre celestial, la de su Hijo Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo esté en cada uno de nosotros. ¡Bendición del cielo para todos!

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