Por: Héctor E. Contreras.
II-Crónicas 20:10-12.
“Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista?, II-Crónicas 12:6. Se dice que hay dos grandes oraciones en el segundo libro de Crónicas: La de Salomón, en el capítulo 6, y la del Rey Josafat en este pasaje. Los estudiosos de la Biblia con frecuencia señalan esta última como una oración modelo. Josafat comenzó con un acto de adoración a Dios, le recordó sus promesas, presentó un problema, y pidió ayuda. Confiado, Josafat dio gracias a Dios por su respuesta, aun antes de que ésta fuera contestada. En otras palabras, simplemente, fue una oración de fe. Lo que necesita cada creyente en tal situación u otras.
En su oración de este verso 6 de Josafat, encontramos varias enseñanzas, veamos: 1-) Entregó la situación a Dios, reconociendo que sólo Dios podía salvar a la nación. 2-) Buscó el favor de Dios, ya que su pueblo era el pueblo de Dios. 3-) Reconoció la soberanía de Dios en la situación actual. 4-) Alabó la gloria de Dios y se consoló en sus promesas. 5-) Profesó una dependencia completa de Dios, no de sí mismo, para la liberación. Para ser la clase de líder que Dios quiere en la actualidad, debemos seguir el ejemplo de Josafat, concentrándonos totalmente en el poder de Dios y no en el nuestro.
“Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, Para los que guardan su pacto y sus testimonios. Por amor de tu nombre, oh Jehová, Perdonarás también mi pecado, que es grande. ¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger”, Salmo 25:10-12. Hoy día nos bombardean con incitaciones incesantes a ir en varias direcciones. Tan solo la publicidad de la televisión coloca cientos de opciones ante nosotros, además de las instancias de los partidos políticos, los grupos independientes, religiones falsas y docenas de diversos grupos. Numerosas organizaciones buscan motivarnos a “apoyar la causa”. “Vuélvete, oh Jehová, sálvanos por tu misericordia, porque en la muerte no hay memoria de tí”. Es una estrofa de un coro que hemos cantado muchas veces.
Añádale a esto las docenas de decisiones que debemos tomar con respecto a nuestro trabajo, familia, dinero, sociedad y nos desesperamos por encontrar a alguien que nos muestre el camino correcto. Si tú estás siendo bombardeado en diferentes direcciones, recuerda que Dios encamina a los humildes, según la declaración del verso 9 de nuestra lectura.
Temer a Dios es reconocerlo por lo que es: Santo, Todopoderoso, recto, puro, omnisciente, sabio. Al mirar a Dios a la luz de todo esto, nos vemos como somos: pecadores, débiles, frágiles y necesitados. Cuando reconocemos quién es Dios y quiénes somos nosotros, caemos humillados a sus pies. Solo entonces nos muestra como elegir su camino. Es reconocer a nuestro Dios como lo hizo el Rey Josafat, cuando dijo: “¿No está en tu mano tal fuerza y poder, y que no hay quien te resista?” Es reconociendo el señorío y poder de Dios, despojándonos de lo que realmente somos delante de Él, que se convierte en la fuerza y poder que necesitamos en determinados momentos para responder a nuestras necesidades. ¡Alabado sea el Señor!
“Ahora, pues, he aquí los hijos de Amón y de Moab, y los del monte de Seir, a cuya tierra no quisiste que pasase Israel cuando venía de la tierra de Egipto, sino que se apartase de ellos, y no los destruyese; he aquí ellos nos dan el pago viniendo a arrojarnos de la heredad que tú nos diste en posesión. ¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos”, II-Crónicas 10:10-12. Cuando la nación de Israel enfrenta el desastre, Josaft hizo un llamado al pueblo para que tomara en serio a Dios y que ayunara por un tiempo determinado. Al separarse de la rutina diaria de la preparación y del consumo de la comida, el pueblo pudo dedicar ese tiempo extra a considerar su pecado y a orar para pedir ayuda a Dios. El dolor agudo del hambre reforzaría sus sentimientos de penitencia y también le recordaría su debilidad y su dependencia de Dios. El ayuno todavía es útil en la actualidad, cuando buscamos estar dentro de los propósitos de Dios en situaciones especiales.
Todo el capítulo 20 de II-Crónicas, es probablemente el más familiar y conocido capítulo de todo el libro, porque explica cómo el Señor le concede la victoria a todos aquellos que en Él confían. Josafat enfrentaba el más grande peligro exterior que amenazó su reino. Una gran multitud, verso 2, de moabitas, amonitas y sirios se había confabulado para aplastar a Judá. Frente a este enorme peligro, Josafat se humilló ante el Señor; como resultado, conquistó la mayor de las victorias de su vida. La promesa del Señor a través del profeta Jahaziel, consuela a los creyentes en Jesucristo que desde entonces han enfrentado situaciones desesperadas. “No temáis ni os amedrentéis, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios”, verso 15. “Firmes y adelante, huestes de la fe”, porque Dios es por nosotros.
Encontramos tres enseñanzas claves en la oración de Josafat en la cita que está más arriba, es decir II Crónicas 20:10-12: 1-) Porque en nosotros no hay fuerza, 2-) No sabemos qué hacer y 3-) Y a tí volvemos nuestros ojos. El clamor de los creyentes en medio de las peores dificultades, debe ser: “Señor no sabemos qué hacer, pero esperamos y confiamos en tí”.
Fijemos nuestra mirada en aquel que todo lo puede, el Gran Yo Soy, el Señor Dios Todopoderoso, para así alcanzar la victoria final que sólo Él puede darnos. A Dios sea la gloria por los siglos de los siglos, porque Él es Bueno y para siempre es su misericordia.
Como Josafat y su pueblo se encontraba, en tal situación también, mucho tiempo atrás se vio el profeta Samuel, cuanto el Arca de Dios fue llevada a Quiriat-jearim, Samuel dijo al pueblo: “Si de todo corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos”, I-Samuel 7:3. Quita en esta hora todo lo que está impidiendo tener una relación, una comunión; una entrega al Señor, y vuélvete a Él. ¿Amén?
Que su gracia sobreabunde en cada persona, en cada hogar, en cada familia o empresa de los lectores de este mensaje. ¡Bendecidos sean todos! ¡Amén!




