Washington reorganiza su estrategia en Venezuela y releva a su principal representante en Caracas

El tablero diplomático entre Estados Unidos y Venezuela vuelve a moverse. En un giro inesperado por su rapidez, Washington ha decidido reemplazar a Laura Dogu como máxima representante en Caracas, menos de cien días después de su llegada, en un momento especialmente delicado tras la intervención estadounidense y el inicio de un proceso de transición política tutelada.

La propia Dogu confirmó su salida a través de un mensaje oficial, en el que calificó su misión como “temporal” y agradeció la confianza depositada por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio. Su labor, centrada en implementar un plan estructurado en tres fases —estabilización, reconstrucción y transición—, concluye en medio de avances limitados y tensiones aún latentes.

El relevo lo tomará John Barrett, un funcionario de carrera con más de dos décadas en el servicio exterior y experiencia en escenarios complejos de América Latina. Procedente de Guatemala y con un perfil enfocado en seguridad, control migratorio y lucha contra el narcotráfico, Barrett representa una línea dura alineada con la doctrina “America First” que ha marcado la política exterior de la actual administración.

Durante su breve pero intensa etapa en Caracas, Dogu actuó como pieza clave en el restablecimiento de relaciones entre ambos países tras años de ruptura. Su agenda incluyó encuentros con altos cargos estadounidenses, ejecutivos del sector energético y autoridades venezolanas, en un intento de abrir canales de cooperación en ámbitos estratégicos como el petróleo, la minería y la estabilidad institucional.

Sin embargo, los resultados han sido desiguales. Aunque se han producido gestos como la flexibilización de sanciones, la ampliación de licencias para empresas como Chevron o la liberación de algunos presos políticos, los cambios estructurales siguen sin consolidarse. Las reformas institucionales han generado escepticismo y la situación económica continúa sin mejorar de forma perceptible para la población.

En el plano político, la interlocución con el chavismo —representado por figuras como Delcy Rodríguez— ha permitido ciertos avances formales, pero no ha logrado disipar las desconfianzas mutuas. Mientras Washington insiste en su hoja de ruta, el Gobierno venezolano redobla la presión para lograr el levantamiento total de las sanciones, que considera el principal obstáculo para la recuperación del país.

El relevo de Dogu se produce, además, en un contexto de creciente tensión social. Las protestas por la crisis económica y las restricciones políticas han vuelto a tomar protagonismo, mientras el Ejecutivo venezolano trata de contener el descontento con medidas económicas puntuales y movilizaciones contra el bloqueo internacional.

 

La llegada de Barrett apunta a una nueva fase en la estrategia estadounidense: menos simbólica y más orientada a resultados concretos en seguridad, control institucional y recursos estratégicos. No obstante, el desafío sigue siendo mayúsculo. La reconstrucción de Venezuela, en un escenario de intereses cruzados y equilibrios frágiles, continúa lejos de consolidarse.

Con este movimiento, Washington deja claro que su plan para Venezuela está lejos de cerrarse y que los ajustes serán constantes en función de la evolución de un proceso que, por ahora, sigue abierto e incierto. @mundiario