Xabi Alonso ha vuelto a decir no, y en su negativa hay más lectura que simple prudencia. El Olympique de Marsella llamó a su puerta para que recondujera un proyecto a la deriva, pero el entrenador español consideró que el ambiente no era el adecuado para iniciar una nueva etapa. No es un desprecio al club: es una advertencia sobre el fútbol moderno, donde el banquillo puede convertirse en una trituradora si el entorno huele a incendio.
Según informan diversos medios especializados, entre ellos el diario Sport, el técnico, de 44 años, se encuentra sin equipo tras su breve y convulso paso por el Real Madrid, donde llegó como símbolo de un cambio de modelo y terminó convertido en el cortafuegos de una crisis. Su etapa se cerró tras el Clásico de la Supercopa de España, con derrota 3-2 ante el Barcelona, y con la sensación de que el club necesitaba un nombre para calmar a la grada. Dirigió 34 partidos y pagó el precio de un proyecto que no llegó a consolidarse.
Lo que sostiene a Xabi no es el pasado reciente, sino su reputación construida en Alemania. En el Bayer Leverkusen ganó Bundesliga y DFB Pokal en 2023-24, y añadió la Supercopa alemana en 2024-25. Ese currículum no solo le da crédito: le da poder. Y ese poder se traduce en algo que pocos entrenadores pueden permitirse: elegir dónde y cuándo empezar, sin caer en la urgencia.
En Marsella, el panorama era un aviso en letras grandes. La salida de Roberto De Zerbi, la dimisión del director deportivo Medhi Benatia cuatro días después y el baile interno que terminó con el propietario Frank McCourt forzando el regreso de Benatia dibujan un club en guerra consigo mismo. Para un entrenador que busca estabilidad táctica y confianza institucional, ese escenario es veneno puro.
Tampoco ayuda el estado deportivo del equipo. Fuera de la Champions, sin el Trophée des Champions y con la Ligue 1 prácticamente sentenciada, el Marsella se aferra a la Coupe de France como tabla de salvación. Cuarto a 12 puntos del Lens, el líder, el club vive atrapado en una temporada que prometía más. Y en ese tipo de contextos, el entrenador suele ser el primer fusible, incluso aunque el problema real esté por encima.
Lo curioso es que no es la primera vez. Xabi ya rechazó al Marsella en el pasado, cuando Pablo Longoria le ofreció el cargo tras su salida del filial de la Real Sociedad. Entonces dijo no con elegancia, se fue a Alemania y le salió perfecto. Ahora repite el patrón: no se trata de rechazar un club, sino de proteger un camino. Xabi espera un proyecto serio, porque sabe que su próxima decisión no definirá un año, sino su carrera. @mundiario
