Perú afronta una de las elecciones más ajustadas y trascendentales de su historia reciente. La diferencia entre los dos candidatos que aspiran a ocupar el Palacio de Gobierno se ha reducido hasta niveles mínimos, dibujando un escenario de máxima incertidumbre que mantiene en vilo a millones de ciudadanos.
Con cerca del 96% del escrutinio completado, el candidato de izquierda Roberto Sánchez conserva una ligera ventaja sobre la conservadora Keiko Fujimori. Sin embargo, la distancia entre ambos apenas supera los 26.000 votos, una cifra insignificante en un país donde han participado más de 27 millones de electores.
La evolución del recuento ha demostrado que ningún resultado puede darse por definitivo. Durante las primeras horas de la noche electoral fue Fujimori quien encabezó el conteo gracias al peso de Lima y las principales ciudades. Posteriormente, la incorporación de votos procedentes de zonas rurales y regiones alejadas impulsó a Sánchez hasta situarlo en cabeza.
Ahora el escenario vuelve a estrecharse.
El voto exterior puede cambiarlo todo
La principal esperanza de Fujimori se encuentra fuera de las fronteras peruanas. Miles de actas procedentes de Europa, Estados Unidos y otros países todavía no han sido incorporadas al cómputo oficial.
Históricamente, el electorado peruano residente en el extranjero ha mostrado una clara inclinación hacia las opciones conservadoras. En esta ocasión, los primeros datos apuntan a que Fujimori está obteniendo aproximadamente dos de cada tres votos emitidos fuera del país, un respaldo que podría resultar decisivo en una elección tan ajustada.
Las autoridades electorales han confirmado que la llegada de las últimas actas internacionales concluirá en los próximos días, momento en el que el panorama podría experimentar nuevos cambios.
Más allá de quién termine imponiéndose, los resultados reflejan una profunda fractura política y social.
Roberto Sánchez ha logrado imponerse en amplias zonas rurales, especialmente en regiones del interior donde persiste el descontento con las élites tradicionales y donde su mensaje de transformación social ha encontrado una importante acogida.
Por su parte, Keiko Fujimori mantiene una enorme fortaleza en los grandes núcleos urbanos, especialmente en Lima, donde concentra buena parte de su ventaja electoral.
La fotografía que dejan las urnas es la de dos países prácticamente empatados: uno que apuesta por cambios profundos en el modelo económico y político, y otro que prioriza la estabilidad institucional y las políticas de seguridad.
Fujimori pide paciencia y respeto al resultado
La candidata de Fuerza Popular ha optado por un discurso prudente mientras continúa el escrutinio.
Lejos de proclamar una victoria prematura, ha insistido en la necesidad de esperar al recuento completo y ha solicitado serenidad a sus seguidores. También ha subrayado que cada acta pendiente puede resultar determinante en un proceso donde unos pocos miles de votos pueden inclinar la balanza.
La postura supone un cambio significativo respecto a episodios anteriores de la política peruana, marcados por denuncias y cuestionamientos al sistema electoral.
Mientras tanto, el entorno de Sánchez mantiene la confianza en que el apoyo recibido en las regiones rurales y en las áreas más alejadas del país permita conservar la ventaja actual.
El candidato de izquierda sabe, sin embargo, que el margen sigue siendo extremadamente frágil. Por ello, sus equipos electorales están siguiendo con especial atención la llegada de las últimas actas pendientes y el tratamiento de las mesas observadas.
Cada actualización del recuento se ha convertido en una batalla estadística donde unos pocos centenares de votos pueden alterar la tendencia.
La gobernabilidad, el gran desafío que espera
Sea quien sea el vencedor final, el próximo presidente heredará un país marcado por una enorme inestabilidad política.
Perú ha tenido una sucesión constante de crisis institucionales, enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso y cambios de liderazgo en la última década. A ello se suman problemas estructurales como la inseguridad ciudadana, la desigualdad económica y la desconfianza hacia las instituciones.
Por eso, más allá del resultado electoral, el verdadero reto comenzará cuando termine el escrutinio. El próximo jefe de Estado necesitará construir consensos en un escenario extremadamente polarizado y gobernar un país dividido prácticamente por la mitad.
Mientras llegan las últimas actas desde el extranjero y las zonas más remotas del territorio peruano, la presidencia sigue sin dueño definitivo. Cada voto cuenta y cada actualización acerca o aleja a Sánchez y Fujimori de un poder que, por ahora, continúa pendiendo de un hilo. @mundiario
