Grynspan recupera el liderazgo en la carrera por la ONU, pero Rodrigues-Birkett queda a un voto

La partida por suceder a António Guterres al frente de Naciones Unidas sigue lejos de estar resuelta. La costarricense Rebeca Grynspan ha recuperado el primer puesto en la tercera votación informal del Consejo de Seguridad, celebrada este viernes, con nueve votos favorables, cinco en contra y una abstención o posición sin opinión. La guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett quedó inmediatamente detrás, con ocho apoyos, seis rechazos y un voto sin opinión.

El resultado confirma una tendencia que empieza a definir la carrera: Grynspan y Rodrigues-Birkett se han desmarcado del resto de aspirantes en las tres rondas celebradas hasta ahora. La costarricense encabezó la primera, la guyanesa tomó la delantera en la segunda y Grynspan vuelve a colocarse ahora por delante. La diferencia, sin embargo, continúa siendo mínima y ninguna de las dos ha alcanzado todavía un respaldo que permita hablar de una candidatura consolidada.

Las llamadas straw polls son votaciones confidenciales y no vinculantes destinadas a medir el respaldo de los miembros del Consejo de Seguridad. No constituyen una elección formal ni eliminan candidatos. El proceso decisivo llegará cuando el Consejo tenga que recomendar a la Asamblea General un nombre capaz de reunir el apoyo necesario y, sobre todo, de evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido.

Por eso, el resultado de este viernes debe interpretarse como una fotografía de las preferencias actuales y no como una predicción sobre quién ocupará el cargo a partir de 2027. Además, EE UU todavía no ha anunciado públicamente su apoyo a ningún candidato. Un funcionario del Departamento de Estado señaló esta semana que Washington busca un perfil orientado a la reforma, la gestión práctica y la reducción de la burocracia de la organización.

La incertidumbre deja espacio para movimientos diplomáticos, abandonos de candidaturas e incluso para la aparición de nuevos nombres. Los candidatos con menor respaldo podrían terminar apartándose y que todavía no existe un consenso entre las cinco potencias con derecho de veto.

Grynspan y Rodrigues-Birkett, cara a cara

Grynspan, de 70 años, es la secretaria general de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), cargo que desempeña en excedencia mientras desarrolla su candidatura. Fue vicepresidenta segunda de Costa Rica y también ha ocupado puestos de responsabilidad como secretaria general iberoamericana y en Naciones Unidas. Su trayectoria está estrechamente vinculada al multilateralismo y a las políticas de desarrollo.

Rodrigues-Birkett, de 53 años, es la representante permanente de Guyana ante Naciones Unidas y anteriormente fue ministra de Exteriores de su país. Su carrera diplomática le ha permitido acumular una amplia red de relaciones dentro de la organización. Ambas cuentan, además, con experiencia en negociaciones multilaterales y con perfiles alejados de la primera línea de la política internacional.

La cercanía entre las dos candidaturas se refleja también en los resultados acumulados. Grynspan ha quedado primera en dos de las tres votaciones y segunda en otra; Rodrigues-Birkett ha logrado exactamente la secuencia inversa. El tercer candidato con mayor respaldo, según los resultados conocidos de esta ronda, es el ugandés Olara Otunnu, mientras el argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), ha perdido terreno respecto a las expectativas iniciales.

En esos mismos derroteros se encuentra la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, cuya candidatura se desinfló después de que el mandatario actual, José Antonio Kast, retirara su respaldo a la propuesta conjunta con Brasil y México.

Una elección para América Latina y el Caribe

La carrera tiene, además, una dimensión simbólica. Una de las grandes cuestiones que atraviesan el proceso es la posibilidad de que, por primera vez en los más de 80 años de historia de Naciones Unidas, una mujer ocupe la Secretaría General. Tanto Grynspan como Rodrigues-Birkett cumplen ese requisito.

También existe una expectativa de representación regional. Ambas proceden de América Latina y el Caribe, una región que no ha ocupado la Secretaría General desde hace décadas. La sucesión de Guterres se produce, además, en un momento de fuerte presión sobre el sistema multilateral, con conflictos abiertos, tensiones entre las grandes potencias y un debate creciente sobre la capacidad de Naciones Unidas para responder a las crisis internacionales.

Pero ninguno de esos criterios constituye una regla para la elección. El puesto no está reservado a una mujer ni existe una rotación regional obligatoria, más allá de que suelan respetarse turnos por tradición. Lo determinante será la capacidad de un candidato para reunir el respaldo del Consejo de Seguridad y superar, especialmente, el filtro de las cinco potencias permanentes.

El factor estadounidense sigue siendo decisivo

La incógnita más importante continúa siendo Washington. Estados Unidos no ha declarado públicamente a quién respalda, y esa posición puede resultar determinante en una negociación que, por su propia naturaleza, depende de alcanzar un equilibrio entre los intereses de los cinco miembros permanentes.

El margen para la negociación es especialmente relevante porque alcanzar nueve votos en el Consejo no basta si alguno de los miembros permanentes ejerce su derecho de veto. La candidatura que finalmente avance deberá, por tanto, superar simultáneamente el respaldo mayoritario del Consejo y la ausencia de oposición de las cinco grandes potencias.