«Valoro la lealtad por encima de todo. Por encima del cerebro, por encima del espíritu, por encima de la energía». Lo dejó escrito Donald Trump en un libro de 2007 y su ‘negro’ –¿alguien puede pensar que lo escribió él?– no mentía. Se vio a la perfección en sus negocios, donde el multimillonario neoyorquino se rodeó de un núcleo de leales: su ayudante ejecutiva, Norma Foerderer; su secretaria desde 1987, Rhona Graff, que llegó a vicepresidenta de la Trump Organization; Matt Calamari, un director de operaciones que empezó como guardaespaldas y chófer; o Allen Weisselberg, su contable durante décadas. En el mundo sórdido de la política –todavía más sórdido que el los chanchullos inmobiliarios de Nueva York– Trump dejó claro… Ver Más
