¿Hasta cuándo? I-Reyes 18:20-22.

Por:                   Héctor E. Contreras.

 ¿Hasta cuándo? Es una pregunta que todos, en algún momento de nuestra existencia nos hemos hecho o nos la han hecho. Existen momentos de interrogantes que nos ponen a pensar. También llega la ocasión en que es necesario tomar una decisión para llevar a cabo una acción; sea ésta de la vida familiar, personal, empresarial o ministerial o como creyentes en Jesucristo. En una amonestación a los  pueblos de Israel y Judá, el Señor les dijo: “Jehová amonestó entonces a Israel y Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que he enviado por medio de mis siervos los profetas”, II-Reyes 17:13. El pueblo tomó las características de los ídolos e imitó a las naciones idólatras que lo rodeaban. Israel había olvidado la importancia de los beneficios de obedecer la Palabra de Dios. El rey y el pueblo estaban atascados en la maldad. Muchas veces, Dios había enviado profetas para advertirles lo lejos que estaban de Él y para llamarlos al arrepentimiento. Es el tiempo de volverse a Dios y Él se volverá a nosotros. 

 

La paciencia y la misericordia de Dios están más allá de nuestra habilidad de comprensión. Nos buscará con afán hasta que le respondamos o, por decisión propia y dureza de corazón, nos hagamos inalcanzables. Entonces el juicio de Dios es rápido y firme. El único camino seguro es volvernos a él, antes que nuestra necedad nos ponga fuera de su alcance. 

 

La Biblia nos dice: “Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído. Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios”, Oseas 14:1-2. El volverse a Dios no es simplemente ofrecer ofrenda de labios a Él o una promesa, sino lo que declara el autor de la carta a los Hebreos, que dice: 

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesen su nombre”, Hebreos 13:15. ¿Por qué la alabanza a Dios constituye un sacrificio? La palabra “sacrificio”, del griego “thusia”, nace de la raíz “thuo”, verbo que significa “matar por un propósito”. La alabanza con frecuencia requiere que nosotros “matemos” nuestro orgullo, temor, dejadez o cualquiera cosa que amenace disminuir o interferir con nuestra adoración al Señor. Aquí descubrimos  también el fundamento de toda nuestra alabanza: El sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Es por Él, en Él, con Él y para Él que ofrecemos nuestro sacrificio de alabanza a Dios. La alabanza nunca será un estorbo, siempre que la dirijamos hacia Él, el Autor y Consumador de nuestra salvación. Su sangre, derramada en la cruz, su amor, que nos ha dado el don de la vida y el perdón de nuestros pecados, hacen que la alabanza que le tributamos constituya un sacrificio vivo. ¡Bendito y alabado sea el nombre de Dios para siempre!

 

Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo. Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabras. Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres”, I-Reyes 18:20-22. Elías invitó a una prueba de fuerza entre los dioses de los baales y Jehová. Todo Israel debía observar la disputa entre él y los profetas protegidos por Jezabel. Baal era la máxima deidad masculina de los cananeos y fenicios. Simbolizaba las fuerzas positivas de la naturaleza. La diosa Asera aparecía como la mujer de Baal en la mitología cananea. Ya deja de claudicar entre un pensamiento y otro. Vuélvete a Dios por medio de Cristo Jesús. ¡Aleluya!

 

Hace algún tiempo escribí sobre el monte Carmelo, donde se llevó a cabo el enfrentamiento entre el profeta de Dios, Elías, y los profetas de Baal. Este monte estaba ubicado en una cordillera que se extendía hacia el sudeste desde la costa del Mediterráneo. Sobre esta montaña, los cananeos habían edificado santuarios dedicados a sus divinidades. Este era lugar ideal para llevar a cabo una confrontación que demostrase la superioridad de Jehová sobre Baal. El clásico reto de Elías: 

¿Hasta cuándo claudicaréis? Se podría decir que esta pregunta va dirigida a todos nosotros en este tiempo y es una pregunta que sale de la profundidad del alma del hombre que ha sabido luchar por la causa de Dios. La respuesta la tienes tú, hombre/mujer de este tiempo. ¿Hasta cuándo estarás en el estado en que te encuentras ahora? Es el tiempo para volverte a Dios, deponiendo delante de Él todo lo que te impida ser lo que debes ser. Crea tu propio santuario en tu corazón y en tu espíritu interior.

 

En el verso 21, el profeta Elías desafió al pueblo a tomar una decisión: seguir a quienquiera que fuera el verdadero Dios. ¿Por qué osciló tanta gente entre las dos alternativas? Es posible que fuera porque algunos no estaban seguros. Muchos de ellos, sin embargo, sabían que Dios era Jehová, pero disfrutaban de los placeres pecaminosos y de otros beneficios que obtenían al seguir a Acab y su adoración idólatra. Es importante decidirse por Dios y no por las comodidades y beneficios que en ocasiones nos ofrece el vivir en pecado. Si sólo nos dejamos llevar por cualquier cosa que sea placentera y fácil, algún día descubriremos que hemos estado adorando a un dios falso, esto puede ser: nosotros mismos. 

 

Mi llamado final es el ejemplo siguiente: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad. Si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”, Josué 24:14-15. ¿Hasta cuándo? Hasta hoy Dios ha mostrado lo que es para tí. Su fidelidad nunca termina, sin importar hasta dónde hayas podido llegar en medio de la incertidumbre que te rodea. Es el tiempo de temer a Dios, seguirle y servirle con integridad y verdad y decir como Josué: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”. Esa debe ser tu respuesta hoy. Párate, detente y medita bien en lo que deseas ser en este tiempo. Ahora es el tiempo de Dios para tu vida, para tu familia, estudios o negocios.

Que la paz de Dios, la gracia de su Hijo Jesucristo y la comunión con el Espíritu Santo sea con cada lector. ¡Amén! Bendecidos del Altísimo sean todos.

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