Por: Héctor E. Contreras.
Mateo 2:7-13 y Hechos 3:4-8.
¿CUAL HA SIDO LA ENTREGA DEL REGALO MÁS GRANDE Y VALIOSO QUE SE HAYA REALIZADO EN TODOS LOS TIEMPOS? EL REGALO DE DIOS DE SU HIJO JESUCRISTO AL MUNDO. “ De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16.
Los judíos en la época de los apóstoles, no se si aún lo practican, acostumbraban orar tres veces al día, en la mañana, (a las nueve), en la tarde (a las tres, y en la noche, (a la puesta del sol). En estos horarios, los judíos devotos y los gentiles temerosos de Dios, a menudo iban al templo a orar. Pedro y Juan iban a las tres de la tarde.
Dios, en su amor, fue el primero y es el ejemplo para todos nosotros en este tiempo, que hizo el primer regalo en la persona de su Hijo, Jesucristo. ¿Qué tienes para dar hoy? El mejor regalo que tú puedes hacer hoy, es entregarle tu corazón al Dios Todo Poderoso, mediante la fe en Jesucristo el Señor.
Tengo dos amigos, uno es pastor de nuestra Iglesia Metodista, el otro es publicista. Ambos son hombres que les agrada dar. El primero, es decir, el pastor, se desplaza a cualquier lugar del país donde sabe que hay algún pastor enfermo o necesitado de ayuda. Le lleva siempre alguna ayuda para el sostén del mismo y su familia sin importar la distancia.
El otro, el publicista, va a los mercados o supermercados y compra todo lo que compone la canasta básica y reparte a cada necesitado que él conozca y pueda ayudar. En ambos existe el don de dar; por ende de darse en favor de los demás. Según la declaración de Mateo en su narrativa, los magos ofrecieron lo mejor al Niño Dios. Oro, Incienso y Mirra. Se consideraba para ese entonces que el regalo de los magos era de mucho valor, considerando estos hombres que lo que hacían en ese momento serviría para la posteridad del Hijo de Dios, a quien en el futuro ya había sido declarado como Rey de los judíos. Te daré lo mejor de mi vida, cantábamos hace un buen tiempo. Siempre debemos despojarnos de lo más valioso para nosotros y ofrendar para nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, el Hijo de Dios.
El hombre rico, hindú y el mendigo con su puño de arroz. Este hombre, muy rico, había llegado donde se encontraba un mendigo pidiendo limosna. Al ver el mendigo, se dio cuenta que tenía un puñado de arroz y el hombre rico le pidió el arroz; éste no quiso y en un forcejeo entre ambos, se desparramó el arroz al suelo y en las manos del hombre rico quedaron diez granos de cereal. Este hombre envió a su chofer a buscar 10 pepitas de oro que tenía en su carro y la hizo entrega al mendigo de las mismas. ¿Cuál es la enseñanza de este evento? Si el mendigo le hubiera entregado el puñado de su arroz voluntariamente, hubiese quedado rico ese día. Al que te pide, dale de lo mucho que posees. Dios siempre devuelve multiplicado lo que tú das.
Según la declaración de Hechos 3, Pedro y Juan habían llegado al templo para adorar. Se encuentran con un mendigo que era cojo de nacimiento. Cuando éste ve a los hombres de Dios llegar al templo, extiende sus manos hacia ellos, esperando recibir algún presente de ellos. Debo escribir lo más destacado de este pasaje: “Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él estuvo atento, esperando recibir de ellos. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.” Hechos 3:4-8.
Te invito en esta hora en que tú lees estas notas a que te dispongas a dar de lo mucho que Dios te ha dado Haz como los magos, ofrecieron su ofrenda de lo más valioso que poseían. Pedro Juan también, dieron lo mejor de ellos a aquel hombre y su regalo fue la sanidad de aquel hombre esclavizado por la miseria. Ese día fue sanado por el poder de Dios y
Anduvo con ellos en el templo que nunca había entrado y alababa a Dios con júbilo por el valioso regalo de su sanidad.



