EN TU SEMANA.
Mensaje semanal del pastor Héctor Contreras.
PARA: EL GRAN SANTO DOMINGO . COM
Génesis 15:6 y Romanos 4:3.
Mi esposa Elena y yo visitamos a una pareja de esposos, los cuales son pastores de nuestra Iglesia Metodista Libre por varios años.
Al escuchar parte de sus vivencias en sus ministerios, escuchar sus luchas y vicisitudes en este caminar del Señor, me he atrevido a tomar algunos fragmentos de lo escuchado de parte de ellos.
Una de estas partes fue cuando nos hablaron de cómo Dios les guió a construir un templo iniciando con tan solo $700.00 pesos en sus manos.
La parte que más nos llamó la atención fueron sus propias palabras, en cuanto a lo que es la fidelidad de Dios hacia sus vidas y ministerios.
Nos contaron que, un domingo, después de haber finalizado el servicio dominical, el pastor se aflojó el nudo de su corbata, sentado sobre una piedra y en medio de un sol ardiente, mientras sus cuatro hijos dentro del hogar lloraban por no tener que darles de comer, él clamó al Señor y le dijo más o menos estas palabras: “ Señor, hasta que no me envies la comida de mis muchachos no me pararé de esta piedra”. ¡Tremendo!
“Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios”, Santiago 2:23. Santiago, cuando escribe las palabras del verso 21 de este mismo capítulo y dice: “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? Y Pablo dice que fue por lo que creyó, Romanos 4:1-5. Tanto Santiago, así como Pablo no se contradicen; más bien se complementan.
Esto nos debe llevar a la conclusión de que la verdad es una combinación de estas dos declaraciones. De ninguna manera somos justificados por lo que hacemos.
Una verdadera fe siempre resulta en obras, pero las obras nunca nos justifican delante de Dios. El creer nos depara salvación; la obediencia activa prueba que nuestra fe es genuina. ¡Bendito sea nuestro Dios y Señor!
“Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham, mi amigo. Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché”, Isaías 41:8-9.
Dios eligió a Israel por medio de Abraham porque así lo quiso Él, no porque el pueblo lo mereciera.
A pesar de que Él eligió a los israelitas para representarlo ante el mundo, estos fracasaron en lograrlo. Fue por tal razón que Dios los castigó y los envió al cautiverio.
En este tiempo, todos los creyentes son pueblo escogido por Dios y todos tienen la misma responsabilidad de representarlo ante el mundo.
Algún día Él reunirá a todo su pueblo fiel. No debemos temer, porque: 1-) La presencia de Dios está con nosotros, “Yo estoy contigo”,
2-) Dios ha establecido una relación con nosotros, “Yo soy tu Dios” y 3-) Dios nos da la seguridad de fortalecernos, ayudarnos y vencer al pecado y a la muerte. ¿Te has dado cuenta de todas las maneras en que Dios te ha ayudado?
“Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe? Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia”. Gálatas 3:5-6.
Los gálatas sabían que habían recibido al Espíritu Santo cuando creyeron, no cuando obedecieron la ley. Muchas personas se sienten inseguras en su fe, porque la fe sola parece muy sencilla; por ello es que procuran acercarse a Dios por medio de reglas.
Es el Espíritu Santo que da a los creyentes un poder especial para vivir para Dios. Ellos desean vivir en un alto estado emocional de manera perpetua.
Sin embargo, es bueno señalar que, una de las obras más grandes del Espíritu Santo en nosotros es enseñarnos a persistir, mantenernos en hacer lo que es correcto, aunque aparentemente hayamos perdido su interés o entusiasmo.
Los gálatas rápidamente se volvieron de las enseñanzas de Pablo a las novedades de los maestros en su ciudad, necesitaban el don de la perseverancia que da el Espíritu Santo. Si la vida cristiana te parece ordinaria, quizá estés necesitando que el Espíritu Santo te sacuda.
Cada día la vida te ofrece un desafío para vivir por Cristo Jesús. “Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” Mateo 28:20, final. Es una promesa viva para todos los que han confesado que Jesucristo es el Señor.
“Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia”, Génesis 15:6. Cuando alcanzamos la justicia de Dios, somos privilegiados, porque, siendo pecadores, insignificantes delante de la majestuosidad de Dios, podemos llegar a ser sus amigos mediante Jesucristo.
Dios aceptó a Abraham, pero no porque éste haya llevado una vida perfecta, sino por el modo en que respondió a las promesas de Dios.
Este versículo fue citado tres veces en el Nuevo Testamento para demostrar que la salvación por la fe no era nada nuevo. Romanos 4:3, Gálatas 3:6 y Santiago 2:23, ya citados anteriormente en este mensaje. Aun en el Antiguo Testamento, lo que Dios buscaba era fe, no perfección moral. Abraham es el padre de la fe y de los fieles. Su vida fue ejemplo de fe.
De este “amigo de Dios”, Santiago 2:23, aprendemos que tener fe no equivale a ser perfectos. Por el contrario, es simplemente confiar en la Palabra de Dios; haciendo eso, Abraham se convirtió en modelo de fe para el creyente. Su vida demuestra cómo nos beneficiamos al creer en lo que dice Dios, a pesar de las apariencias.
El silencio era la forma como Abraham manifestaba su aceptación de la Palabra de Dios, “creyó”. Esto resultó en un reconocimiento formal, “y le fue contado por justicia”. Pablo cita dos veces esta declaración, Romanos 4:3 y Gálatas 3:6, ya plasmados anteriormente.
Está en la base de lo que el Nuevo Testamento enseña. El camino de Dios siempre ha sido el de aceptar confiadamente su Palabra, lo cual se expresa entonces en una vida de rectitud totalmente transformada delante de nuestro Dios y Señor.
Después de escuchar a sus hijos llorar y ser llamado por su esposa, el pastor continuó sentado en su piedra durísima y siendo quemado por el sol ardiente de ese día. Después de un buen tiempo de espera, alcanza a ver a una joven que va hacia él y al llegar le pregunta: ¿Eres tú el pastor de esta Iglesia? A lo que él le responde: si. Pero tú eres muy joven.
Y vuelve a hacerle la misma pregunta sobre si era el pastor por tres ocasiones . Al final del diálogo con la visitante extraña, ésta le entrega un sobre y le dice que se lo había enviado un doctor y al preguntarle el pastor qué doctor era, ella no quiso responderle.
Al abrir el sobre, encontró $700.00 pesos en papeletas nuevas y fue corriendo y se lo entregó a su esposa. El final de este testimonio acerca de lo que es creerle a Dios, fue que, de sus propias palabras, a partir de ese día en su hogar nunca ha vuelto a faltarles la alimentación para su familia.
Hoy, sus cuatro hijos son todos profesionales, han forjado una gran familia y han construido un templo que se erige en el centro de una ciudad, donde se predica la Palabra de Dios y se proclama el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, por el hecho de haber tenido la fe suficiente para enfrentar las adversidades de la vida.
Ellos hoy pueden proclamar que son “amigos de Dios”. Te invito a creerle a Dios y marchar siempre hacia adelante, porque Él es tu amigo.
Para finalizar este mensaje, se hace necesario escribir la historia de Jacob y su lucha con el ángel de Jehová, cuando le dijo: “No te dejaré si no me bendices”, Génesis 32;27. El pastor de la historia dijo algo parecido: “Señor, hasta que no me envíes la comida de mis muchachos, no me pararé de esta piedra” .
Amados del Señor, les bendigo grandemente en Cristo Jesús, ¡Dios es Bueno! Y para siempre es su misericordia. Salmo 136:1-3.