EN TU SEMANA.
Mensaje semanal del pastor Héctor Contreras.
PARA: EL GRAN SANTO DOMINGO . COM
Filipenses 2:1-4, Romanos 12:15-16.
¿Olores, placeres, sueños, pensamientos y significados?….Soy un “yo” Después de intentar explorar mi yo, lo que soy, me asalta otra duda: ¿Hay alguien ahí afuera? ¿Estoy sólo? ¿Existe algún otro yo aparte del mío? Desde luego, constato que me rodean seres aparentemente semejantes a mí, pero de los cuales sólo conozco sus manifestaciones exteriores, gestos, exclamaciones, etc.
¿Cómo puedo saber si también gozan y padecen realmente una interioridad como la mía, si también para ellos existen porque puedo llamarme así frente a un “tú” en una lengua que permite después al “tú” hablar desde el lugar del “yo”.
Establecer el ámbito de las significaciones lingüísticas compartidas es marcar las fronteras de lo humano.
¿No seré precisamente ahí, en lo humano, en lo que comparto con otros semejantes capaces de hablar y por tanto pensar donde podré encontrar una respuesta mejor a la cuestión sobre qué o quién soy?”. Fernando Savater, filósofo español. Es una pregunta para todos los que leemos este mensaje.
“Por tanto, si hay alguna consolación En Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”, Filipenses 2:1-4.
Muchas personas, incluso creyentes, viven solo para dar una buena impresión a los demás o para satisfacerse a sí mismos. Pero la contienda o vanagloria trae discordias. Pablo enfatiza la unidad espiritual, pidiendo a los filipenses amarse unos a otros y trabajar juntos con un corazón y un propósito. Cuando trabajamos juntos, soportando los problemas de otros como si fueran nuestros, demostrando de esta forma el ejemplo de Cristo que pone primero a los demás y así podemos experimentar la unidad. Actuando de esta forma, damos un giro a la vida del “Yo” y volcamos todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo al “Ellos o nosotros”. El yo que podamos vivir hoy, volvámonos a Cristo Jesús y unifiquemos nuestra creencia a la luz de Él, poniendo nuestro “yo” interior a los pies de la cruz, donde Cristo, siendo Dios, se humilló hasta la muerte.
La ambición nace del corazón y del mismo corazón sale el orgullo y este orgullo es lo que nos lleva a alimentar un “yo” interior capaz de destruir vidas, organizaciones, e inclusive familias. La ambición puede arruinar una iglesia, pero la humildad genuina puede edificarla. Ser humilde significa tener una clara perspectiva de los demás con respeto y cortesía. Son las palabras del apóstol Pablo cuando dijo: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”, Romanos 12:3. Es importante tener una buena autoestima, porque algunos nos tenemos muy en poco; por otro lado, algunos nos sobreestimamos. La clave de una evaluación honesta y fiel es conocer las bases de nuestra valía: Nuestra nueva identidad en Cristo. Separados de Él, no somos muy competentes según las normas eternas. En Él, somos valiosos y capaces de un servicio digno. Cuando uno se evalúa con las normas mundanas del logro y el éxito puede dar demasiada importancia al valor que tiene ante los ojos de los demás y perder su verdadero valor ante los ojos de Dios.
“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: «Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí”, Romanos 15:1-3. Cristo es el modelo de conducta a seguir entre los creyentes débiles y fuertes. Su ejemplo demanda tolerancia mutua y amor, que nos conducirán a una unidad armoniosa alabanza a Dios. Te invito a que desaparezcan de tí los aires de grandeza que te avasallan y te hacen creer que eres el único, el más importante y te dediques a fortalecer las flaquezas de los más débiles que te rodean y dejar de agradarte a tí mismo. Agrada a tu prójimo en lo que eres bueno y así edificarás un templo sólido en tí.
“Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo, echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”, I-Pedro 5:5-7.
Las relaciones interpersonales deben ser humildes y ser establecidas bajo la poderosa mano de Dios. Él es quien exalta al humilde cuando fuere tiempo. La invitación va dirigida a tí, por tu personalidad férrea de creerte lo máximo en lo que eres, entendiendo en tu interior que eres superior a los demás y no te sometes con humildad a los que Dios ha designado por encima de tí. Sométete a la autoridad y nacerá en tí la humildad y podrás ver crecer en tí el cambio que sólo Dios da por medio de Cristo Jesús y la comunión con el Espíritu Santo. Te recuerdo que, toda autoridad legítima procede de Dios; por tanto, someterte a la autoridad honra a Dios. La sumisión es un acto de fe, y se basa en la suprema autoridad de Dios, ya sea en relación con el gobierno, la iglesia, el centro de trabajo o el hogar. A mayor autoridad, mayor responsabilidad ante Dios.
“Es necesario que él crezca, pero que yo mengue. El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos”, Juan 3:30-31. La disposición de Juan el Bautista a menguar en importancia, muestra su humildad. Los pastores y otros líderes, éstos pueden ser creyentes o políticos, pueden sentirse tentados a enfatizar más el éxito de su ministerio y dirigentes que a Cristo. Cuidémonos de los que ponen más énfasis en sus logros que en el Reino de Dios. El testimonio de Jesús era confiable porque vino del cielo y hablaba de lo que allí vio. Sus palabras eran las mismas de Dios. Toda su vida espiritual dependía de cómo respondía a una sola pregunta: ¿Quién es Jesucristo? Si aceptas a Jesús únicamente como profeta o un maestro, tendrás que rechazar sus enseñanzas, puesto que Él declaró que era el Hijo de Dios, incluso que era Dios mismo. La esencia del Evangelio de Juan es la verdad dinámica de que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador; el que fue desde el principio y seguirá viviendo para siempre. ¡Aleluya! ¡A su nombre gloria!
Cuando Juan el Bautista dice: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengue”, demuestra con esta actitud su humildad, despojándose y poniendo todo su liderazgo que, desde el vientre de su madre había sido escogido por Dios para ser el precursor de Cristo Jesús. Es necesario menguar para crecer; en otras palabras, deponer lo que somos o hemos sido en favor del crecimiento y desarrollo de otras personas. Fue Juan el Bautista que dijo: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”, Juan 1:23. Los líderes de su época lo arengaban para que dijera quien era, pero él enfatizó sólo la razón por la que vino, a preparar el camino del Señor.
“Los hombres y mujeres que vivían explotados en los últimos vestigios sociales de la sociedad feudal, lucharon afanosamente por romper las cadenas de la servidumbre para ser sencillamente libres. Buscaron arduamente la posibilidad de elegir, de ser elegidos, de tener simplemente los mismos derechos que los ricos y los nobles. Los derechos humanos constituyeron la bandera más hermosa en esa lucha por la libertad. Hoy, disfrutamos de la libertad y no la valoramos. Recibimos esta herencia, gracias a la sangre, el sudor y las lágrimas de millones de hombres y mujeres que lucharon por el ideal de ser libres.
¡Qué tristeza! La libertad absoluta como principio que han defendido los extremistas de la economía de mercado nos han llevado a esta aberración que llaman hoy libertad. Una libertad sustentada en el bien individual, en el placer individual que niega el bien colectivo. Invito a pensar en el NOSOTROS. Tratemos de olvidar y cambiar la cultura del YO, que tantos dramas humanos y colectivos hemos recibido”. Mu-Kien Adriana San, escritora dominicana, publicado en su artículo “Encuentros”, del sábado 4 de octubre del año 2008, del periódico Hoy.
Jesucristo, practicó la unidad verdadera, llevando con esta acción el crecimiento de la iglesia del Señor. Lo descrito en los versos citados, debe llevarnos a entender que, sólos no podemos alcanzar metas y propósitos, sino unidos en un mismo espíritu y esta unidad nos llevará a la estatura más alta en cuanto a nuestra vida espiritual, profesional y familiar.
Seamos todos conducidos a la unidad en Cristo Jesús, bendiciones amados.