El Atlético se acostó con 45 puntos y una verdad amarga: la Liga se le volvió a escapar antes de tiempo. No fue por una derrota aislada ni por una racha de mala suerte, sino por algo más profundo: la sensación de que el equipo ha perdido el hilo durante meses. A 13 del Barça y a 12 del Madrid, con 15 jornadas por delante, lo que duele no es la distancia… sino lo familiar que resulta. Una historia que se repite y que ya no sorprende a nadie en el Metropolitano.
El primer agujero es el de siempre: los partidos fuera de casa. El Atleti apenas suma 14 puntos a domicilio, cifras impropias de un aspirante al título. Lo más preocupante es que ya ni sorprende: cada salida se afronta como un Everest emocional, con un peso invisible en la espalda. Simeone lo definió hace tiempo como un “patrón”. Y un patrón, cuando no se rompe, se convierte en condena.
En casa, el problema adopta otra forma, pero mantiene el mismo fondo. El Atlético sufre para atacar a rivales cerrados, le falta claridad y chispa, y también ese punto de caos que siempre lo caracterizó. Se fichó a Lookman para abrir partidos, pero ante el Betis todo derivó en ansiedad: centros y más centros, como si el equipo confundiera empuje con soluciones. En esa confusión, el Atlético se vuelve previsible, lo peor que puede ocurrirle a un equipo de Simeone.
Sensación agridulce
El caso de Julián Alvarez refleja el estado anímico del conjunto rojiblanco. Cien días sin marcar en Liga, 812 minutos sin ver puerta y apenas una asistencia. De suplente a sustituido, de intocable a primer cambio. Simeone lo protege en público, pero el fútbol habla más fuerte: el Atlético necesita que su estrella decida partidos incluso sin brillar. Y ahora mismo, Julián no está siendo esa llave que abre victorias.
El mercado de invierno dejó una sensación ambivalente en el Atlético: llegaron refuerzos de calidad como Ademola Lookman, pero la planificación quedó incompleta. Se marcharon cuatro jugadores y solo aterrizaron tres, sin cubrir la prioridad que el equipo necesitaba y, además, con retraso.
Enero se consumió en debates internos más que en decisiones firmes, y cuando un club grande dedica más tiempo a mirar al mercado que a mirarse al espejo, lo paga en febrero. El Atlético lo está pagando con una Liga que se evapora por pequeñas grietas, mientras la Copa y la Champions aparecen como refugio. La herida más profunda, sin embargo, es la resignación demasiado temprana. @mundiario
