El PSG sufrió un tropiezo que resonó en toda Francia. El 3‑1 en Rennes duele por el marcador, por la forma y por el momento: justo antes del playoff de Champions contra el Mónaco. No es habitual ver a los parisinos encajar tres goles en Ligue 1, y menos frente a un rival en crisis con técnico interino. Pero ocurrió, y dejó huella.
El golpe tiene consecuencias inmediatas: si el Lens gana mañana en su visita al Paris FC, el PSG perderá el liderato. De repente, la Ligue 1 se aprieta y el margen psicológico se esfuma. Lo que parecía bajo control se convierte en un examen diario, un veneno para un equipo que vive mirando a Europa.
En el césped, el Rennes tejió una telaraña táctica y jugó sin complejos. Al‑Tamari, el “Messi jordano”, fue un tormento para Nuno Mendes y abrió la herida con un zurdazo. Lepaul amplió con un cabezazo en un córner, y aunque Dembélé recortó distancias, la reacción fue fugaz. El PSG no transmitió sensación de remontada, sino de supervivencia, una señal peligrosa para un aspirante a todo.
Ni siquiera la entrada de Dro Fernández pudo cambiar el rumbo. El centrocampista gallego, formado en La Masia, disputó 19 minutos, pero su presencia no frenó al Rennes, que cerró la pizarra con el tanto de Embolo en la recta final. El exfutbolista del Barça suma así otro partido en su corto historial con el PSG, club al que llegó en el mercado invernal.
El martes llega el Mónaco y el PSG aterriza con dudas reales. Luis Enrique sabe que este tipo de derrotas no solo cuestan puntos: cuestan confianza. Rennes no solo le ganó el partido; le rompió el aura. Y cuando a un gigante se le cae el maquillaje, Europa huele la sangre. @mundiario
