El Arsenal sigue escribiendo una de las campañas más sólidas de la Champions League. Diez victorias y un empate reflejan la consistencia de un equipo que ha encontrado equilibrio competitivo y eficacia en los momentos decisivos. En Lisboa, volvió a demostrarlo con un triunfo trabajado que refuerza su candidatura.
El duelo ante el Sporting estuvo marcado por el respeto y la tensión. Durante muchos minutos, ambos equipos se midieron sin conceder espacios. Los portugueses avisaron primero con un disparo de Maxi Araújo que exigió a David Raya, mientras que el Arsenal buscó el gol a balón parado, rozándolo con un intento que se estrelló en el larguero.
Con el paso del tiempo, el conjunto de Mikel Arteta fue inclinando el campo a su favor. Ganó control territorial, aunque sin traducirlo en ocasiones claras. El Sporting resistió con orden y elevó su intensidad tras el descanso, sosteniendo un equilibrio que parecía conducir a un empate sin goles.
Pero el Arsenal tiene una virtud que define su temporada: la capacidad de decidir en el momento exacto. En el tiempo añadido, Martinelli rompió líneas y asistió a Kai Havertz, que no falló. El alemán, saliendo desde el banquillo, marcó el 0-1 que silenció Alvalade y dejó la eliminatoria encaminada.
El resultado no solo otorga ventaja de cara a la vuelta en el Emirates, sino que refuerza una dinámica imparable. El Arsenal no solo gana, también compite con una madurez que le permite sostener la presión. Y en esta Champions, eso le convierte en uno de los grandes favoritos. @mundiario
