El estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta, se ha convertido en el epicentro de una crisis que golpea de lleno a la economía global. El bloqueo impuesto por Irán y el cerco paralelo desplegado por Estados Unidos han reducido el tráfico marítimo a mínimos históricos y han introducido un factor de incertidumbre que amenaza el flujo energético mundial.
La situación se ha visto agravada en los últimos días por decisiones contradictorias de Teherán —que ha anunciado la reapertura del paso para volver a cerrarlo al día siguiente— y por la intervención directa de Washington, que este domingo ha abordado un carguero iraní en la zona. El resultado es un escenario volátil en el que miles de millones de euros en mercancías quedan atrapados en una especie de limbo marítimo.
Un doble cerco separado por 500 kilómetros
Para entender el alcance de la crisis es clave observar la geografía del conflicto. El bloqueo iraní se sitúa en el propio estrecho de Ormuz, el angosto paso —de apenas 30 kilómetros en su punto más estrecho— que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán. Por su parte, el dispositivo estadounidense se despliega unos 500 kilómetros más al este, en la salida hacia el océano Índico.
Esta distancia, comparable a la que separa el estrecho de Gibraltar de Cartagena, configura un sistema de control en dos fases: primero el filtro iraní y después el estadounidense. En la práctica, cualquier buque que pretenda operar en la zona debe superar ambos dispositivos.
Un cierre parcial con efectos totales
Aunque ni Irán ni Estados Unidos han decretado un cierre absoluto de la ruta, el impacto es casi equivalente. La mera posibilidad de uso de la fuerza en ambos puntos ha paralizado el tráfico marítimo.
Antes del conflicto, entre 120 y 150 buques atravesaban diariamente Ormuz en ambos sentidos. Ahora, la cifra se ha desplomado hasta apenas una decena. En paralelo, cerca de 2.000 embarcaciones han quedado atrapadas entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán.
El efecto dominó es inmediato: el transporte marítimo —que implica armadores, navieras, aseguradoras y empresas de carga— se vuelve inviable ante el riesgo. Cada decisión de tránsito implica exponer activos valorados en decenas de millones de euros.
Irán impone rutas y condiciones
Teherán sostiene que no ha bloqueado completamente el estrecho, sino que ha restringido el paso. Amparándose en una interpretación parcial de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, permite la navegación únicamente a buques no vinculados a Estados considerados adversarios.
Para ello, ha establecido corredores alternativos de entrada y salida que discurren por aguas de Omán, cerca de las islas de Qeshm y Larak, bajo vigilancia de la Guardia Revolucionaria. La República Islámica justifica esta medida por la presencia de minas navales en la zona.
Sin embargo, diversas informaciones apuntan a que algunos barcos han sido obligados a pagar peajes de hasta un millón de dólares para cruzar, una práctica que vulneraría la normativa internacional.
Estados Unidos amplía el cerco
El bloqueo estadounidense, aunque también parcial, opera sobre una franja de unos 300 kilómetros y cuenta con un amplio despliegue militar: una docena de buques, incluido el portaaviones USS Abraham Lincoln, además de cazas, helicópteros y aeronaves de reconocimiento.
Washington asegura que su objetivo son únicamente los buques vinculados a Irán, pero ha advertido también a embarcaciones que operen al margen de las normativas internacionales. Según el Mando Central, al menos 27 buques han optado por dar media vuelta ante sus advertencias.
El incidente más reciente eleva la tensión: el abordaje del Touska, un portacontenedores iraní procedente de Malasia, interceptado por fuerzas estadounidenses tras negarse a acatar las órdenes del bloqueo.
Cómo algunos buques logran cruzar
Pese a la presión militar, algunas embarcaciones consiguen sortear el doble cerco mediante tácticas irregulares. Entre ellas destacan el spoofing —manipulación de los datos de localización—, el apagado del sistema AIS o la falsificación de rutas.
Otra práctica detectada es el trasvase de crudo de barco a barco en alta mar. Buques que logran salir del golfo Pérsico transfieren su carga en el golfo de Omán a otros no sancionados, que continúan la ruta hacia mercados internacionales.
Impacto global: energía, precios y estabilidad
El estrecho de Ormuz canaliza una parte esencial del suministro energético mundial. La drástica caída del tráfico —todavía un 95% por debajo de los niveles previos pese a un leve repunte reciente— tensiona los mercados y eleva el riesgo de interrupciones en la cadena de suministro.
Más allá del conflicto militar, el doble bloqueo evidencia la fragilidad de las rutas estratégicas y la dependencia global de puntos críticos. En este contexto, cada movimiento de Irán o Estados Unidos no solo redefine el equilibrio en la región, sino que impacta directamente en la economía mundial. @mundiario
