El Deportivo deja de depender de sí mismo para el ascenso directo a Primera

Hay empates que saben a continuidad y otros que suenan a aviso. El que logró el Deportivo en El Plantío pertenece a ambas categorías. El punto sumado ante el Burgos prolonga una dinámica notable —ocho jornadas consecutivas sin perder—, pero al mismo tiempo deja al equipo de Antonio Hidalgo en una posición inédita en las últimas semanas: ya no depende de sí mismo para alcanzar el ascenso directo.

En cualquier otro momento de la temporada, el empate habría sido interpretado como un resultado positivo en un campo exigente y ante un rival incómodo. Sin embargo, la recta final del campeonato no concede neutralidades. Cada jornada reconfigura la tabla con rapidez y cada resultado ajeno pesa tanto como el propio. El triunfo del Almería en Granada, con autoridad y goles, modificó de inmediato el panorama y trasladó la presión hacia A Coruña.

La estadística ofrece motivos para el optimismo, pero también invita a la prudencia. El Deportivo ha igualado su mejor racha de la temporada, aquella con la que arrancó el curso y que le permitió liderar la clasificación durante varias semanas. Ocho partidos sin derrota en el tramo decisivo no son un síntoma menor: hablan de estabilidad, de competitividad y de un equipo que ha aprendido a sobrevivir incluso cuando el juego no alcanza su mejor versión.

La comparación con el inicio de Liga revela, sin embargo, matices importantes. Entonces, el Deportivo no solo sumaba puntos, sino que transmitía una sensación de superioridad ofensiva que ahora aparece con menor frecuencia. Aquella primera secuencia invicta se sostuvo en una mayor eficacia goleadora y en un equilibrio defensivo más sólido. Hoy el equipo compite bien, pero lo hace con márgenes más estrechos y con menor capacidad para resolver partidos con claridad.

El Almería toma la delantera

El verdadero giro estratégico lo marca el calendario y la aritmética. El Almería, tras su victoria en Los Cármenes, ha abierto una pequeña brecha de dos puntos que obliga al Deportivo a mirar más allá de su propio rendimiento. En adelante, no bastará con ganar: será necesario que el rival directo falle. Esa pérdida de autonomía competitiva cambia la psicología del tramo final y convierte cada jornada en un ejercicio de doble atención.

El problema no se limita a la lucha por arriba. Por detrás, la clasificación se ha comprimido hasta convertir el margen en un hilo. Lo que hace apenas una semana era un colchón relativamente cómodo se ha reducido a una distancia mínima con la cuarta plaza. En estas fases de la temporada, la tensión no procede solo del objetivo superior —el ascenso directo—, sino también del riesgo de perder terreno en la zona noble y verse arrastrado a un escenario más incierto.

En este contexto, la gestión emocional será tan decisiva como la táctica. El Deportivo ha demostrado capacidad para competir con regularidad, pero ahora necesita recuperar algo de la contundencia que exhibió en el arranque del campeonato. No basta con evitar derrotas: es imprescindible transformar los empates en victorias, especialmente en casa, donde se disputarán varios encuentros clave.

Oportunidades y amenazas

El calendario ofrece oportunidades y amenazas en partes iguales. Los partidos en Riazor ante rivales directos o aspirantes pueden convertirse en palancas decisivas si el equipo logra imponer su ritmo. Las visitas a campos exigentes, por su parte, exigirán una madurez competitiva que hasta ahora ha sido una de las señas de identidad del grupo.

Conviene, no obstante, evitar el dramatismo prematuro. Ocho jornadas sin perder no son una casualidad, sino el resultado de un trabajo sostenido que ha permitido al equipo mantenerse entre los mejores en el momento más exigente del curso. La pérdida momentánea de la segunda plaza no invalida el recorrido ni reduce el mérito acumulado, pero sí introduce una urgencia nueva.

En definitiva, el Deportivo llega al tramo decisivo en una paradoja competitiva: atraviesa su mejor secuencia de resultados y, al mismo tiempo, afronta su escenario más delicado. El empate en Burgos simboliza esa dualidad. Sumar sin perder mantiene viva la aspiración, pero la victoria ajena recuerda que, en esta fase de la temporada, el éxito ya no depende solo de lo que uno haga, sino también de lo que dejen de hacer los demás. Eso sí, Fernando Soriano ya aseguró su puesto de director deportivo del Dépor sin saberse el desenlace de la liga en Segunda. @mundiario