Un olivo contra los dardos de Trump: Marco Rubio trata de limar asperezas con el Papa León

La visita del secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, al Vaticano no fue una simple escala diplomática. El encuentro con el Papa León XIV ocurrió en uno de los momentos más tensos de la relación reciente entre Washington y la Santa Sede, marcado por las críticas del presidente Donald Trump contra el pontífice y las discrepancias públicas sobre Irán, la guerra en Oriente Próximo y el papel de la Iglesia ante los conflictos internacionales

Aunque tanto el Vaticano como el Departamento de Estado utilizaron un tono cuidadosamente diplomático, el trasfondo político de la reunión revela un intento evidente de enfriar el choque entre la Casa Blanca y el nuevo Papa. Según fuentes estadounidenses citadas por medios italianos, el encuentro fue “amistoso y constructivo”, mientras que la Santa Sede destacó el “compromiso común” de ambas partes para mantener buenas relaciones bilaterales y “trabajar incansablemente a favor de la paz”.

La audiencia privada entre Rubio, católico practicante, y León XIV llega después de varias semanas de fricciones públicas. Trump había acusado recientemente al Pontífice de mostrarse ambiguo frente al programa nuclear iraní, hasta que llegó a afirmar que el Papa parecía considerar “que está bien que Irán tenga un arma nuclear”.

La respuesta del Pontífice fue medida, aunque firme. “La Iglesia ha hablado durante años contra todas las armas nucleares, así que no hay duda de eso”, sostuvo León XIV, defendiendo además que la misión de la Iglesia es “predicar la paz”.

Precisamente por eso, la presencia de Rubio en Roma fue interpretada como un esfuerzo para recomponer puentes políticos y diplomáticos que las declaraciones del presidente estadounidense habían deteriorado.

El Vaticano mantiene su papel como actor diplomático global

La reunión también confirmó algo que Washington parece reconocer incluso en medio de las discrepancias: el Vaticano sigue siendo un actor internacional imposible de ignorar.

Aunque la Santa Sede no posee poder militar ni económico comparable al de las grandes potencias, conserva una capacidad singular de interlocución global. El Vaticano puede dialogar simultáneamente con gobiernos occidentales, países en conflicto, actores humanitarios y comunidades religiosas de distintas regiones del mundo.

Durante el encuentro, ambas partes hablaron sobre “la situación regional e internacional”, con especial atención a África, el Líbano, Irán y Cuba. El Departamento de Estado destacó además “las iniciativas para establecer una paz duradera en Oriente Medio”.

No es casualidad que Rubio dedicara parte de su agenda a este diálogo. Estados Unidos busca mantener canales abiertos con una institución que conserva influencia moral y política en zonas especialmente sensibles para Washington, desde América Latina hasta Oriente Próximo.

Uno de los elementos más relevantes de la reunión es el perfil del propio León XIV. El Pontífice, nacido como Robert Prevost, pasó dos décadas como misionero en Perú y conoce profundamente América Latina, región donde Estados Unidos y la Iglesia mantienen intereses históricos y a menudo complejos.

La paz como eje común en medio de profundas diferencias

El término que más se repitió tras el encuentro fue “paz”. Tanto el Vaticano como Washington insistieron en destacar ese punto de coincidencia pese a las diferencias estratégicas evidentes.

La Santa Sede señaló que se intercambiaron opiniones sobre “los países afectados por la guerra, las tensiones políticas y las situaciones humanitarias difíciles”. El Departamento de Estado, por su parte, subrayó el “compromiso común a favor de la paz y de la dignidad humana”.

Sin embargo, detrás de esa coincidencia retórica persisten discrepancias importantes. El Vaticano continúa defendiendo una postura crítica frente a la lógica de escalada militar en Oriente Próximo, mientras la administración Trump mantiene una política de fuerte presión sobre Irán y sus aliados regionales.

La situación en Líbano representa un ejemplo claro de esas tensiones. Para la Santa Sede, la protección de las comunidades cristianas orientales y la estabilidad humanitaria constituyen prioridades centrales. Estados Unidos, en cambio, sigue condicionando gran parte de su estrategia regional al enfrentamiento con Irán y Hezbolá.

Entre todo, Rubio intenta consolidar un perfil moderado dentro del trumpismo

En ese contexto, su papel como interlocutor con el Vaticano adquiere relevancia adicional. Frente a figuras más confrontativas como el vicepresidente J. D. Vance, Rubio intenta proyectar una imagen más institucional y diplomática, especialmente ante el electorado católico estadounidense.

El peso político de ese sector es considerable: alrededor de 53 millones de católicos viven en Estados Unidos y en las elecciones de 2024 apoyaron mayoritariamente a Trump. El deterioro de la relación con el Vaticano podría afectar ese equilibrio político.

La propia gira italiana de Rubio refleja además otro desafío para Washington: la tensión creciente con el gobierno de Giorgia Meloni, quien defendió públicamente al Papa tras las críticas de Trump.

Los detalles protocolarios del encuentro también tuvieron una fuerte carga simbólica. Rubio regaló al Pontífice un pisapapeles de cristal con forma de balón de fútbol americano, mientras León XIV respondió con una pluma de madera de olivo. “Es un árbol de la paz”, le explicó el Papa. @mundiario