Zelenski advierte a líderes extranjeros sobre el desfile del Día de la Victoria: “no recomendamos ir”

La nueva tregua unilateral anunciada por Rusia con motivo del Día de la Victoria ha terminado convirtiéndose, una vez más, en un nuevo foco de tensión política, militar y diplomática entre Moscú y Kiev. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, lanzó una advertencia directa a los funcionarios extranjeros que planean asistir al desfile del 9 de mayo en Moscú: No se lo recomendamos”.

Rusia ha confirmado oficialmente que el alto el fuego temporal entraría en vigor desde la medianoche del 8 de mayo hasta el 10 de mayo. Según el Ministerio de Defensa ruso, durante ese periodo “todas las unidades militares rusas cesarán por completo las operaciones de combate”. Sin embargo, el anuncio llega en medio de una profunda desconfianza mutua y tras varios precedentes de treguas fallidas durante el conflicto.

Para Kiev, el problema no es únicamente la duración limitada del cese de hostilidades, sino el objetivo político que percibe detrás de la iniciativa. Zelenski resumió esa visión con dureza: Lo que quieren es que Ucrania les dé permiso para celebrar su desfile, para poder marchar por la plaza de forma segura durante una hora una vez al año y, después, volver a matar a nuestra gente y a seguir con la guerra”.

La frase resume el núcleo del desacuerdo: Ucrania considera que Moscú utiliza las treguas asociadas a fechas simbólicas —como la Pascua ortodoxa o el Día de la Victoria— como herramientas tácticas y propagandísticas, más que como intentos reales de abrir un proceso de desescalada.

Una tregua anunciada mientras continúan las acusaciones de ataques

El Kremlin presentó la medida como un gesto vinculado al “81.º aniversario de la victoria del pueblo soviético en la Gran Guerra Patria”. Pero la reacción ucraniana fue inmediata porque Kiev asegura que Rusia ya había incumplido anteriores pausas anunciadas unilateralmente.

Zelenski afirmó que, apenas iniciada una tregua previa propuesta por Ucrania, Rusia la había violado “1.820 veces” antes de las diez de la mañana del primer día. Según el Estado Mayor ucraniano, durante la tregua de Pascua en abril Moscú habría incumplido el alto el fuego “10.721 veces” en apenas 32 horas.

Mientras tanto, los ataques no se han detenido completamente. Ucrania denunció nuevos bombardeos rusos sobre ciudades del este y sur del país, mientras Moscú aseguró haber interceptado cientos de drones ucranianos en territorio ruso. El propio Ministerio de Defensa ruso acusó a Kiev de amenazar el desfile de Moscú y advirtió de que cualquier intento de interrumpir las celebraciones recibiría “una respuesta adecuada”.

La tensión alcanzó un nuevo nivel cuando Rusia sugirió la posibilidad de un “ataque masivo con misiles contra el centro de Kiev” si Ucrania atacaba la Plaza Roja durante el desfile militar.

 

El Día de la Victoria se ha convertido en uno de los principales pilares simbólicos del poder ruso contemporáneo. Bajo el liderazgo de Vladimir Putin, la conmemoración de la derrota nazi ha evolucionado desde una ceremonia histórica hacia una poderosa herramienta de legitimación política y militar.

Sin embargo, este año el desfile llega marcado por una creciente preocupación de seguridad. Moscú ya ha reducido parte del despliegue militar pesado y reforzado los sistemas de defensa aérea ante el temor de ataques de largo alcance por parte de Ucrania.

Las declaraciones de Zelenski insinuando que “el destino” del desfile “depende” del ejército ucraniano fueron interpretadas en Rusia como una amenaza implícita. Aunque Kiev no ha confirmado planes concretos, el mensaje político parece orientado a desmontar la narrativa de normalidad que Moscú busca proyectar.

El Kremlin respondió elevando la presión diplomática. El Ministerio de Exteriores ruso pidió a las delegaciones extranjeras y organismos internacionales que abandonaran Kiev antes del 9 de mayo y que tomaran “con la máxima seriedad” las advertencias de seguridad rusas.

Zelenski busca aislar diplomáticamente el desfile

La advertencia de Zelenski a los representantes extranjeros tiene además una dimensión diplomática evidente. Ucrania intenta evitar que la presencia de líderes internacionales en Moscú refuerce la imagen de legitimidad internacional del Kremlin en plena guerra.

Entre ellos destaca el primer ministro eslovaco, Robert Fico, quien planea viajar a Moscú, aunque finalmente no asistiría al desfile militar. Según el vicecanciller eslovaco Rastislav Chovanec, Fico solo colocará flores en la Tumba del Soldado Desconocido y podría incluso trasladar mensajes de Zelenski a Putin.

La situación refleja las divisiones internas dentro de Europa respecto a la guerra. Mientras países bálticos como Lituania, Letonia y Estonia bloquearon el uso de su espacio aéreo para el viaje de Fico, otros gobiernos europeos mantienen una posición más ambigua respecto a los contactos diplomáticos con Moscú.

Zelenski insiste en que Ucrania no busca treguas parciales ligadas a actos conmemorativos, sino un alto el fuego amplio y verificable. Moscú, por su parte, continúa rechazando las condiciones planteadas por Kiev y mantiene la narrativa de que Ucrania y Occidente utilizan cualquier pausa para reorganizarse militarmente. @mundiario