Trump endurece su presión sobre Bruselas: Von der Leyen en la cuerda floja de los aranceles

La conversación telefónica entre el presidente de EE UU, Donald Trump, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha rebajado momentáneamente la tensión comercial entre Washington y Bruselas, pero también ha dejado un ultimátum: la Casa Blanca exige que la Unión Europea aplique plenamente el acuerdo de Turnberry antes del próximo 4 de julio o se arriesga a una nueva escalada arancelaria. El aviso a navegantes de Trump evidencia hasta qué punto la política comercial se ha convertido otra vez en un instrumento de presión geopolítica en plena incertidumbre económica global.

La relación entre EE UU y la UE vuelve a transitar por una senda de equilibrio precario. Después de meses de advertencias cruzadas sobre aranceles, tarifas a los automóviles y barreras comerciales, la llamada mantenida este jueves entre Trump y Von der Leyen ha servido para abrir una breve tregua diplomática, aunque lejos de cerrar definitivamente el conflicto.

El mandatario estadounidense confirmó públicamente que ha concedido a Bruselas un plazo hasta el día en el que EE UU celebrará el 250 aniversario de su independencia del Reino Unido, para que Bruselas cumpla íntegramente el acuerdo comercial alcanzado el pasado verano en Escocia. De no hacerlo, advirtió, Washington elevará de inmediato los aranceles a productos europeos hasta “niveles mucho más elevados”.

La amenaza no es menor. La Administración Trump lleva desde su vuelta al poder utilizando la política arancelaria como herramienta de negociación geopolítica, especialmente frente a socios a los que acusa de mantener desequilibrios comerciales o de incumplir compromisos previos. En esta ocasión, el foco vuelve a situarse sobre la UE y sobre el denominado acuerdo de Turnberry, firmado en julio de 2025 durante la visita del presidente estadounidense a Escocia.

La UE se comprometió a bajar los aranceles a EE UU

Aquel pacto fue presentado como una redefinición del marco económico transatlántico. Estados Unidos aceptaba establecer un techo arancelario del 15 % para la mayoría de productos europeos —incluidos sectores especialmente sensibles como automóviles, productos farmacéuticos, semiconductores o madera— mientras Bruselas se comprometía a reducir prácticamente a cero los aranceles industriales que aún mantenía sobre bienes estadounidenses.

Sin embargo, la aplicación práctica del acuerdo ha generado tensiones desde el principio. Trump considera que Bruselas no ha ejecutado con suficiente rapidez las rebajas pactadas y sostiene que la UE mantiene obstáculos regulatorios y comerciales que perjudican a las empresas estadounidenses.

El último episodio de presión llegó el pasado 1 de mayo, cuando la Casa Blanca anunció su intención de elevar hasta el 25 % los aranceles sobre automóviles y camiones procedentes de Europa. La medida encendió todas las alarmas en varias capitales europeas, especialmente en Alemania, donde la industria de la automoción mantiene una enorme dependencia del mercado norteamericano.

Washington vuelve a apuntar a Bruselas

La conversación de este jueves parece haber servido para evitar, al menos temporalmente, esa escalada inmediata. Trump describió el diálogo con Von der Leyen como “excelente” y aseguró que ambas partes siguen comprometidas con el cumplimiento del pacto. Sin embargo, el tono conciliador convivió con una advertencia muy explícita de que, si Bruselas no cumple antes del 4 de julio, la respuesta comercial de Washington será contundente.

El episodio refleja una característica constante del segundo mandato de Trump en la utilización simultánea de negociación y presión máxima. La estrategia del presidente estadounidense consiste en combinar mensajes de cooperación con amenazas económicas directas para acelerar concesiones políticas o comerciales. Y Europa vuelve a encontrarse en el blanco de la diana

La situación resulta especialmente delicada porque la UE atraviesa un momento de fragilidad económica y política. Las tensiones energéticas derivadas de la guerra de EE UU con Irán, la desaceleración industrial y las divisiones internas sobre política comercial dificultan una respuesta unificada frente a Washington. Mientras algunos gobiernos europeos apuestan por mantener una línea pragmática para evitar una guerra arancelaria, como Alemania, otros reclaman una posición más firme frente a las presiones estadounidenses, como Francia.

En paralelo, la conversación entre Trump y Von der Leyen también abordó asuntos geopolíticos de máxima sensibilidad, especialmente Irán. El presidente estadounidense aseguró que tanto Washington como Bruselas comparten la convicción de que el régimen iraní “nunca podrá poseer un arma nuclear”. Esa coincidencia evidencia cómo la relación transatlántica sigue siendo estratégica en materia de seguridad internacional, incluso cuando persisten fuertes discrepancias comerciales. @mundiario