El Reino Unido atraviesa una de las mayores transformaciones políticas de su historia reciente. Las elecciones municipales y autonómicas celebradas en Inglaterra, Escocia y Gales no solo han confirmado el desplome del Partido Laborista de Keir Starmer, sino que han dejado una imagen inédita y que abre un nuevo escenario: las tres naciones con autogobierno —Escocia, Gales e Irlanda del Norte— quedan en manos de fuerzas nacionalistas o independentistas.
Al mismo tiempo, el ascenso de Reform UK, liderado por el arquitecto del Brexit Nigel Farage, ha acelerado el deterioro del sistema bipartidista británico y amenaza con alterar definitivamente el equilibrio político que ha dominado Westminster durante más de un siglo. El resultado dibuja un Reino Unido más fragmentado territorialmente, más polarizado ideológicamente y con crecientes dudas sobre la estabilidad futura de su estructura política.
Por primera vez desde la creación de los sistemas de autogobierno modernos, las tres naciones periféricas estarán gobernadas por partidos con agendas nacionalistas o abiertamente independentistas. En Irlanda del Norte, los socialistas del Sinn Féin que buscan la reunificación de la isla mantienen desde febrero de 2024 el liderazgo del Ejecutivo autónomo, consolidando el histórico ascenso del republicanismo irlandés y manteniendo viva la aspiración de una futura reunificación de Irlanda.
En Escocia, el Partido Nacional Escocés (SNP) logró revalidar su posición dominante tras casi dos décadas en el poder. Aunque la formación de John Swinney no alcanzó la mayoría absoluta soñada por el independentismo, sí mantiene capacidad suficiente para continuar impulsando el debate sobre un segundo referéndum de independencia. Y en Gales, el histórico triunfo de los izquierdistas del Plaid Cymru marca otro hito político. Por primera vez, el nacionalismo galés se convierte en la fuerza más votada y podrá liderar el Gobierno autónomo mediante acuerdos parlamentarios con la izquierda.
La suma de estos resultados refuerza una percepción cada vez más extendida entre analistas políticos británicos, la cohesión territorial del Reino Unido atraviesa una fase de desgaste lento pero constante.
El laborismo pierde su histórico bastión galés
Si existe un símbolo del colapso laborista, ese es Gales. Durante más de un siglo, el territorio fue uno de los pilares electorales de la izquierda británica. La identidad obrera, minera y sindical convirtió al laborismo en una fuerza prácticamente hegemónica generación tras generación. Ese dominio ha saltado por los aires. El laborismo cayó hasta una humillante tercera posición en el Parlamento galés, muy lejos tanto de Plaid Cymru como de la ultraderecha populista. El resultado fue tan devastador que la hasta ahora líder del Gobierno autónomo galés, Eluned Morgan, perdió incluso su escaño y acabó anunciando su dimisión.
La derrota deja una enorme huella en la historia del partido. Desde la recuperación del autogobierno galés en 1999, siempre había gobernado un dirigente laborista. El derrumbe actual refleja el profundo agotamiento de una parte importante del electorado tradicional de izquierdas, que percibe al partido como desconectado de las preocupaciones sociales y económicas de amplias capas trabajadoras. Muchos jóvenes votantes galeses han visto en los nacionalistas galeses una alternativa más cercana al territorio y más capaz de combinar sensibilidad social con reivindicación identitaria.
En Escocia, el SNP mantiene viva la agenda soberanista pese a no alcanzar la mayoría absoluta. El liderazgo de Swinney refuerza la continuidad de un proyecto político que lleva casi veinte años marcando la política escocesa. Aunque las prioridades inmediatas parecen centrarse más en economía, sanidad y servicios públicos, el debate independentista sigue siendo el eje estructural de la política escocesa, pero como no pudieron alcanzar la mayoría absoluta el enfrentamiento con Londres podría quedar relegado.
El hundimiento laborista también resultó especialmente doloroso en este territorio. Apenas dos años antes, el partido había celebrado una aparente recuperación en las elecciones generales británicas. Sin embargo, las autonómicas han devuelto al SNP una ventaja muy amplia y han reabierto el debate interno sobre el liderazgo de Starmer. El dirigente laborista escocés, Anas Sarwar, fue uno de los primeros en cuestionar públicamente la continuidad del primer ministro británico tras conocerse los resultados.
Reform UK rompe el viejo equilibrio político británico
Mientras laboristas y conservadores retroceden, Reform UK emerge como el gran vencedor político de la jornada. El partido de Farage ha logrado consolidarse como una fuerza nacional capaz de competir tanto en antiguos feudos conservadores como en zonas tradicionalmente obreras. El crecimiento es espectacular, de apenas una decena de representantes locales a más de un millar de concejales y una presencia política ya estructural.
Farage interpreta estos resultados como la confirmación de que el viejo bipartidismo británico ha dejado de funcionar. Y los datos parecen darle parcialmente la razón. Conservadores y laboristas juntos ya no alcanzan ni el 40 % del voto total en algunas proyecciones nacionales. El nuevo escenario británico empieza a parecerse más a un sistema multipartidista fragmentado, donde populistas, verdes, liberal-demócratas y nacionalistas territoriales disputan espacios cada vez mayores.
La crisis laborista no se explica únicamente por el avance del populismo de derechas. El Partido Verde de Inglaterra y Gales también continúa ampliando su espacio político, especialmente entre votantes urbanos y jóvenes progresistas decepcionados con el centrismo de Starmer. El discurso “ecopopulista” impulsado por su líder Zack Polanski ha conseguido erosionar parte del electorado tradicional laborista en grandes ciudades y áreas metropolitanas.
Al mismo tiempo, los Liberal-Demócratas mantienen presencia relevante en determinados territorios, aunque eclipsados por la irrupción simultánea de Reform UK y los verdes. El resultado global es un territorio más fragmentado, con gobiernos futuros mucho más difíciles de estabilizar. @mundiario
