El mapa del fútbol español ha cambiado de forma radical en los últimos años: 20 de los 42 clubes de Primera y Segunda División tienen hoy un máximo accionista extranjero. El Atlético de Madrid fue el último en sumarse con la entrada de Apollo Sports Capital, que desembolsó más de 2.000 millones de euros por el 55% del club. Una operación que, según expertos, solo es viable en entidades consideradas “valor refugio” como Real Madrid, Barcelona y Atlético.
No obstante, no todas las llegadas de capital extranjero han sido historias de éxito. El trabajo especial publicado por el diario As, firmado por Conrado Valle, recuerda algunos casos que no salieron para nada bien, como por ejemplo lo que ocurrió con el Málaga con los Al-Thani es el más mediático: “La compra del Málaga por parte del jeque en junio de 2010 parecía de amor en sus primeras escenas y acabó siendo de terror”, publicó el medio. La Audiencia Provincial de Málaga emitió orden de búsqueda y captura contra Abdullah Bin Nasser Al-Thani y sus hijos por presuntos delitos de apropiación indebida y administración desleal.
Otros episodios dejaron cicatrices profundas: Marcelo Tinelli en el Badajoz, Dimitri Piterman en el Alavés y Ali Syed en el Racing de Santander. Tinelli prometió ascenso y acabó vendiendo sus acciones; Piterman dejó una deuda de 25 millones y fue inhabilitado 15 años; Syed huyó tras tres meses dejando a los jugadores sin cobrar. Historias que muestran cómo la ilusión inicial se transformó en ruina.
LaLiga y el Consejo Superior de Deportes han reforzado los mecanismos de control para evitar nuevos fiascos. Desde 2012, el Fair Play financiero obliga a los clubes a cumplir con pagos e impuestos y limita las inversiones desproporcionadas en fichajes. “Ahora los clubes tienen unas obligaciones que, o se cumplen o tienen consecuencias”, enfatizan desde la patronal.
Entre capital y frustración
El panorama actual es contradictorio. Peter Lim ha invertido casi 300 millones en el Valencia y Chen Yansheng aportó 230 al Espanyol, pero los aficionados critican su gestión deportiva. En otros casos, como el Real Zaragoza o el Levante, preocupa la situación económica, aunque sus propietarios han seguido inyectando capital. El Granada, con pérdidas de 8 millones, es el único de los cinco clubes en riesgo con accionista extranjero: el grupo chino Wuham.
La comparación con la Premier League es inevitable. Allí, solo tres clubes tienen dueños ingleses y los ingresos mínimos superan los 140 millones, lo que convierte a sus equipos en “producto premium”. “La Premier es la mayor competición europea en términos de facturación, eso hace que sus clubes se vean en el mercado como un producto premium”, señaló Damià Vidagany, directivo del Aston Villa, citado por el medio.
En España, los perfiles de inversores se dividen entre quienes llegan por vínculos emocionales —como Sebastián Ceria en el Racing o Juan Carlos Escotet en el Deportivo— y quienes integran los clubes en redes de negocios globales, como el City Football Group en Girona o el Grupo Pachuca en Oviedo.
A pesar de la creciente presencia extranjera, el orden tradicional del fútbol español sigue intacto. Desde la entrada en vigor de la ley de Sociedades Anónimas en 1992, solo un club con propiedad foránea ha levantado un título: el Valencia, con la Copa del Rey de 2019. El resto de campeones han sido entidades con accionistas españoles o clubes no convertidos en SAD. Por ahora, el capital extranjero no ha cambiado la esencia competitiva de LaLiga, aunque sí su mapa de poder. @mundiario
