La crisis entre Estados Unidos e Irán atraviesa uno de sus momentos más tensos desde el inicio de la guerra desencadenada el pasado 28 de febrero. A pesar de la tregua acordada el 8 de abril y de semanas de contactos indirectos, la respuesta oficial de Teherán a la última propuesta estadounidense ha provocado un nuevo choque diplomático que amenaza con hacer colapsar el alto el fuego.
Donald Trump reaccionó con dureza después de leer la respuesta iraní transmitida a Washington a través de Pakistán, país que actúa como mediador. “Acabo de leer la respuesta de los llamados ‘representantes’ de Irán. No me gusta, ¡TOTALMENTE INACEPTABLE!”, escribió el presidente estadounidense en Truth Social, dejando claro que la Casa Blanca considera insuficientes —e incluso provocadoras— las condiciones planteadas por la República Islámica.
El rechazo no es un episodio aislado. Forma parte de una negociación que lleva semanas atrapada entre exigencias incompatibles: Washington quiere limitar de forma irreversible el programa nuclear iraní y garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz; Teherán exige el levantamiento inmediato de sanciones, el fin del bloqueo naval y garantías de que no volverá a sufrir ataques estadounidenses o israelíes.
Aunque los detalles completos de la propuesta iraní no se han hecho públicos, las filtraciones difundidas por la agencia Tasnim muestran un documento mucho más ambicioso de lo que esperaba la administración Trump.
Teherán reclama el levantamiento de las sanciones económicas, el descongelamiento de sus activos y el fin del bloqueo naval estadounidense. Asimismo, exige garantías de no agresión futura, la reanudación de sus exportaciones petroleras durante al menos 30 días y, de manera especial, una fórmula que le otorgue la gestión del estrecho de Ormuz.
Ese último punto se ha convertido en el principal detonante del rechazo estadounidense. El estrecho de Ormuz transportaba antes de la guerra cerca de una quinta parte del petróleo mundial y se ha transformado en el gran campo de presión estratégica del conflicto. Para Washington, aceptar una supervisión iraní reforzada sobre la vía marítima equivaldría a legitimar el principal instrumento geopolítico de presión de Teherán.
El problema no es únicamente comercial. El control del estrecho afecta directamente a la seguridad energética global, a las rutas marítimas europeas y asiáticas y al suministro de gas natural licuado hacia países como Pakistán o China.
Por eso Trump endureció nuevamente su discurso. “Irán lleva 47 años jugando con los Estados Unidos —y con el resto del mundo— (¡RETRASAR, RETRASAR, RETRASAR!)“, escribió el mandatario, acusando a Teherán de utilizar las negociaciones para ganar tiempo.
El programa nuclear sigue siendo la línea roja
La otra gran razón del rechazo estadounidense vuelve a ser el programa nuclear iraní. Según medios estadounidenses, la respuesta iraní evita comprometerse claramente a desmontar sus capacidades de enriquecimiento de uranio.
Aunque algunas filtraciones indican que Teherán habría ofrecido diluir parte de su uranio altamente enriquecido y transferir otra parte a un tercer país, Washington considera insuficiente esa fórmula. El embajador estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz, fue tajante al afirmar que el desmantelamiento del programa nuclear es una “línea roja muy clara” para Trump.
Aunque oficialmente continúa vigente la tregua iniciada en abril, los acontecimientos de las últimas horas muestran un deterioro evidente.
Varios países del Golfo detectaron drones hostiles sobre su espacio aéreo. Emiratos Árabes Unidos aseguró haber interceptado dos aparatos procedentes de Irán, mientras Qatar denunció un ataque contra un carguero en sus aguas. Kuwait también informó de incursiones aéreas.
Al mismo tiempo, continúan registrándose choques esporádicos entre fuerzas iraníes y embarcaciones estadounidenses en el estrecho de Ormuz. También persisten enfrentamientos en el sur del Líbano entre Israel y Hezbolá, pese al alto el fuego patrocinado por Washington.
El propio Trump dejó entrever que la opción militar sigue abierta. En una entrevista emitida este domingo afirmó que Irán está “militarmente derrotado” y aseguró que Estados Unidos podría “atacar cada uno de los objetivos” restantes en apenas dos semanas. “Tenemos ciertos objetivos que deseábamos alcanzar –y probablemente ya hemos atacado el 70% de ellos-, pero tenemos otros que, hipotéticamente, podríamos atacar”, declaró.
La amenaza tiene además una dimensión política interna. El aumento del precio de la gasolina y la crisis energética global comienzan a erosionar el apoyo doméstico a la estrategia estadounidense, especialmente a pocos meses de las elecciones legislativas en Estados Unidos.
Europa intenta contener la escalada
Francia y el Reino Unido preparan una futura misión conjunta para garantizar la seguridad marítima en el mar Rojo y el golfo de Adén, aunque ambos gobiernos intentan evitar aparecer como parte directa del conflicto.
El viceministro iraní de Exteriores, Kazem Garibabadi, advirtió de que cualquier despliegue militar occidental cerca de Ormuz sería considerado una escalada y recibiría una respuesta “firme e inmediata”. En respuesta, el presidente francés Emmanuel Macron aclaró que Francia “nunca ha contemplado un despliegue militar para reabrir Ormuz”, aunque sí está dispuesta a colaborar en una futura misión internacional de estabilización.
La cautela europea refleja el temor a que un colapso definitivo de la tregua provoque una crisis económica de gran escala. El estrecho de Ormuz continúa parcialmente restringido y cualquier interrupción total dispararía todavía más los precios energéticos internacionales.
Uno de los elementos más relevantes de esta nueva fase es el papel asumido por Pakistán como intermediario entre Washington y Teherán. Islamabad ha servido de canal para transmitir propuestas y respuestas, mientras intenta mantener abiertas las vías diplomáticas. No es casualidad que uno de los primeros buques de gas natural licuado que cruzó recientemente el estrecho tuviera como destino un puerto pakistaní.
Estados Unidos cree haber debilitado militarmente a Irán y espera imponer condiciones más duras aprovechando esa posición de fuerza. Teherán, en cambio, considera que ha resistido la ofensiva y exige garantías políticas y económicas antes de realizar nuevas concesiones. @mundiario
