Trump pretende abordar los escollos con China: la liberación de Jimmy Lai y las ventas de armas a Taiwán

La próxima visita del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Pekín se ha convertido en mucho más que una cita bilateral entre las dos mayores potencias del planeta. La reunión con el presidente chino, Xi Jinping, se perfila como un examen sobre hasta dónde está dispuesto a llegar Washington para mantener el delicado equilibrio entre cooperación estratégica, rivalidad geopolítica y defensa de sus alianzas en Asia-Pacífico.

En el centro de las conversaciones aparecen dos asuntos especialmente explosivos: la continuidad de las ventas de armas estadounidenses a Taiwán y la situación del empresario y activista prodemocrático Jimmy Lai, condenado en Hong Kong bajo la legislación de seguridad nacional impulsada por Pekín. Ambos temas condensan las principales fricciones entre Washington y Pekín: seguridad regional, soberanía, derechos humanos y la creciente competencia por el liderazgo global.

Trump confirmó públicamente que abordará ambos asuntos durante su reunión con Xi. “Voy a tener esa conversación con el presidente Xi”, afirmó al ser consultado sobre las ventas de armamento a Taiwán. El mandatario añadió que Xi “preferiría que no lo hiciéramos”, reconociendo implícitamente el peso que la cuestión taiwanesa tendrá en la negociación.

La posición estadounidense respecto a Taiwán siempre ha estado marcada por una ambigüedad calculada. Washington reconoce oficialmente la política de “una sola China”, pero al mismo tiempo mantiene compromisos legales y estratégicos para garantizar la capacidad defensiva de la isla. Esa ambigüedad ha permitido durante décadas evitar un choque directo entre China y Estados Unidos, aunque el margen de maniobra parece reducirse cada vez más.

La tensión se ha intensificado especialmente durante el segundo mandato de Trump. Aunque su administración aprobó en diciembre un paquete militar valorado en más de 11.000 millones de dólares —la mayor venta de armas de la historia a Taiwán—, la entrega permanece parcialmente bloqueada y varios legisladores estadounidenses sospechan que la Casa Blanca intenta evitar irritar a Pekín antes de la cumbre con Xi.

Ese temor ha provocado una reacción inusual en el Congreso. Un grupo bipartidista de senadores envió una carta a Trump exigiendo que formalice cuanto antes el paquete militar pendiente y advirtiendo que “el apoyo estadounidense a Taiwán no se negocia”. La frase resume el nerviosismo creciente en Washington ante la posibilidad de que Taipéi termine convertido en una ficha negociadora dentro de un acuerdo más amplio con China sobre comercio, estabilidad regional o energía.

La preocupación no es menor porque el propio Trump ha alimentado dudas sobre su enfoque hacia la isla. En distintas ocasiones ha acusado a Taiwán de “robar” la industria estadounidense de semiconductores y ha sugerido que Taipéi debería pagar más por la protección militar de Estados Unidos. Paralelamente, su administración ha presionado al gobierno taiwanés para incrementar el gasto en defensa y aumentar las inversiones industriales en territorio estadounidense.

Mientras tanto, China intenta aprovechar la reunión para reforzar su posición histórica sobre Taiwán. Pekín considera a la isla una provincia separatista y no descarta el uso de la fuerza para lograr la reunificación. El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, ya trasladó al secretario de Estado, Marco Rubio, que Washington debe “tomar las decisiones correctas” respecto a Taiwán para preservar la estabilidad bilateral.

Rubio respondió intentando rebajar las alarmas y aseguró que la política estadounidense “no ha cambiado”. Sin embargo, el debate ya no gira únicamente en torno a declaraciones oficiales, sino sobre la credibilidad estratégica de Washington en un contexto de creciente presión militar china alrededor de la isla.

El segundo gran asunto de la cumbre será el caso de Jimmy Lai, fundador del desaparecido diario prodemocrático Apple Daily y una de las figuras más emblemáticas del movimiento democrático de Hong Kong. Lai fue condenado a 20 años de prisión tras un proceso que sus defensores consideran políticamente motivado.

Más de cien legisladores estadounidenses han pedido a Trump que reclame personalmente su liberación durante la reunión con Xi. El congresista republicano Chris Smith sostuvo que “la participación directa de Trump es fundamental para asegurar la liberación inmediata del Sr. Lai bajo libertad condicional humanitaria”.

La presión del Congreso responde también al deterioro de la salud del empresario hongkonés. “Su salud ha empeorado durante su detención, y el aislamiento prolongado y las condiciones inadecuadas de la prisión solo aumentan el riesgo de sufrir daños permanentes”, advierten los legisladores en la carta enviada a la Casa Blanca.

Para China, sin embargo, el caso Lai forma parte de sus asuntos internos y está íntimamente vinculado a la estrategia de control político sobre Hong Kong tras las protestas prodemocráticas de 2019. Cualquier intento estadounidense de convertir el tema en un elemento central de la negociación será interpretado como una injerencia directa en su soberanía.

La combinación de Taiwán y Jimmy Lai convierte esta cumbre en un ejercicio diplomático extremadamente delicado. Trump necesita proyectar firmeza frente a China sin dinamitar completamente la relación bilateral en un momento de enorme fragilidad económica y estratégica internacional. Xi, por su parte, busca consolidar la influencia china y limitar cualquier avance estadounidense en cuestiones consideradas vitales para la seguridad nacional china.

El problema para Washington es que ambos asuntos están profundamente conectados a la voluntad china. Ceder demasiado en Taiwán podría interpretarse como un signo de debilidad estratégica ante China. Presionar excesivamente por Jimmy Lai podría bloquear cualquier margen de entendimiento diplomático.

Y en medio de esa tensión aparece una cuestión más amplia: hasta qué punto Estados Unidos mantiene una política coherente frente al Gobierno chino o si la lógica de negociación directa de Trump puede alterar consensos estratégicos construidos durante décadas. @mundiario