El Paris Saint-Germain vuelve a reinar en Francia. Y ya casi empieza a parecer un acto administrativo más que una sorpresa deportiva. El equipo de Luis Enrique conquistó su decimocuarta Ligue 1 tras imponerse por 0-2 al Lens en uno de los partidos más exigentes que ha tenido que afrontar esta temporada en el campeonato doméstico. El título confirma otra vez la hegemonía absoluta del PSG en el fútbol francés. Son ya cinco ligas consecutivas para el conjunto parisino y una nueva demostración de que, incluso en temporadas donde aparecen rivales capaces de discutirle el juego, la plantilla termina imponiendo una superioridad estructural casi imposible de combatir en Francia.
Pero esta vez el campeonato tuvo más resistencia de la habitual. El Lens, precisamente el rival que terminó certificando el título parisino, llegó a poner realmente en aprietos al equipo de Luis Enrique durante gran parte de la temporada. De hecho, durante muchos meses dio la sensación de que podía romper la monotonía competitiva de la Ligue 1 y cuestionar la dinastía instalada desde la llegada del capital catarí hace quince años.
Sin embargo, el PSG volvió a sobrevivir incluso en sus noches más incómodas. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Lens. El conjunto local sometió durante muchos tramos al campeón, dominó territorialmente y generó suficientes ocasiones como para alterar completamente el desenlace del campeonato. Pero apareció la enorme diferencia individual que sigue separando al PSG del resto del fútbol francés.
Kvaratskhelia abrió el marcador tras aprovechar un error defensivo provocado por la presión de Dembélé. Y ahí empezó a inclinarse un partido que hasta entonces estaba siendo controlado emocionalmente por el Lens. Porque cuando el PSG encuentra espacios y activa a sus jugadores diferenciales, cualquier equilibrio desaparece en segundos.
Safónov sostuvo al campeón en la noche más incómoda
Aun así, la victoria no se explica únicamente desde el talento ofensivo. También desde la figura gigantesca de Safónov. El guardameta ruso firmó probablemente una de sus mejores actuaciones desde que aterrizó en París y sostuvo literalmente al equipo cuando el Lens más cerca estuvo de cambiar la historia del encuentro. El asedio de los locales fue constante durante buena parte de la segunda mitad. Said tuvo ocasiones clarísimas, Saint-Maximin revolucionó completamente el ataque y el PSG pasó muchos minutos defendiendo prácticamente al límite. Pero Safónov apareció una y otra vez para mantener con vida al campeón.
Ahí también se percibe la mano de Luis Enrique. Porque este PSG quizá no sea tan brillante continuamente como en otros momentos recientes, pero sí transmite una sensación competitiva mucho más sólida. El equipo sabe sufrir, sabe proteger resultados y maneja mucho mejor los distintos escenarios emocionales de los partidos importantes. El segundo tanto de Mbaye terminó cerrando definitivamente el encuentro y también la Ligue 1. Otro campeonato para una entidad que sigue acumulando títulos nacionales casi con naturalidad y que ahora vuelve a mirar obsesivamente hacia el gran objetivo que realmente condiciona todo en París: la Champions League.
Mientras tanto, Luis Enrique sigue agrandando su legado. Tres ligas consecutivas, control absoluto del fútbol francés y la sensación de haber convertido al PSG en un equipo bastante más equilibrado y competitivo que en muchas etapas anteriores llenas de estrellas y desequilibrios internos. El problema para el resto de Francia es precisamente ese. El PSG ya no depende únicamente del talento. Ahora también sabe competir como un campeón maduro. @mundiario
