La marcha imperial de Jannik Sinner ya no admite discusión: el italiano se ha instalado en la categoría de leyenda. Con apenas 24 años, ha superado el récord de victorias consecutivas en Masters 1.000 que pertenecía a Novak Djokovic y ha igualado un logro histórico de Rafa Nadal. Su tenis, sólido y demoledor, parece no encontrar resistencia.
El triunfo sobre Andrey Rublev en Roma fue otra muestra de autoridad. Incluso acalambrado, el número uno del mundo despachó al ruso con un 6-2 y 6-4 que reafirma su dominio absoluto. Sinner no solo gana, sino que transmite la sensación de que juega en una dimensión distinta, como si el resto del circuito estuviera condenado a perseguirlo sin alcanzarlo.
El récord de 32 victorias seguidas en Masters 1.000 es un hito que parecía intocable desde que Djokovic lo estableció en 2011. Ahora, Sinner lo ha pulverizado y, además, ha igualado a Nadal al alcanzar semifinales en los cinco primeros torneos de la temporada. Una hazaña que lo coloca en la misma conversación que los gigantes de la Era Moderna.
Lo más llamativo es que el italiano no parece obsesionado con los números. “Yo no juego por los récords, juego por escribir mi propia historia”, declaró tras su victoria. Esa serenidad, combinada con su hambre competitiva, lo convierte en un fenómeno que amenaza con redefinir el futuro inmediato del tenis.
El nuevo emperador del tenis
La racha de 27 triunfos consecutivos en la presente campaña lo sitúa en un terreno reservado a pocos elegidos. Solo Andre Agassi y Djokovic han firmado secuencias similares en la Era ATP Tour. Sinner, con su estilo agresivo y su capacidad de adaptación, se acerca peligrosamente a esos registros históricos.
Su tenis recuerda a la perfección de Djokovic en pista dura y al dominio de Nadal en arcilla. Pero lo que lo distingue es su equilibrio emocional: compite con calma, incluso en condiciones adversas como el viento en Roma, y siempre encuentra soluciones. Esa madurez lo convierte en un rival casi invencible.
El físico, de momento, responde. Los calambres ante Rublev fueron apenas un aviso, pero Sinner supo recomponerse y cerrar el partido con autoridad. Esa capacidad de gestionar la presión y el desgaste es lo que lo mantiene en la cima y lo proyecta hacia un futuro que podría ser aún más glorioso.
El tenis mundial asiste a la irrupción de un nuevo emperador. Sinner no solo está escribiendo su propia historia: está reescribiendo la narrativa de un deporte que parecía monopolizado por Nadal y Djokovic. Y lo hace con una naturalidad que asusta, como si lo extraordinario fuera simplemente su rutina diaria. @mundiario
