Israel mata en Gaza al jefe militar de Hamás y agrava la crisis de la tregua

La muerte de Izz al-Din Haddad, líder del brazo armado de Hamás en Gaza, no es solo un golpe militar, es un síntoma. El síntoma de una tregua que existía más sobre el papel que sobre el terreno. Según fuentes de Hamás citadas por Reuters, Haddad murió en un bombardeo israelí en Ciudad de Gaza. Israel lo justificó afirmando que era uno de los responsables de la masacre del 7 de octubre de 2023, un ataque que dejó alrededor de 1.200 muertos en Israel y cientos de secuestrados.

El problema es que el misil no cayó en un cuartel, sino en un edificio residencial. Según la Media Luna Roja, el ataque dejó ocho muertos, entre ellos mujeres y un niño, además de decenas de heridos. Y ahí empieza la pregunta incómoda que muchos gobiernos evitan formular en voz alta. ¿Puede una operación “quirúrgica” seguir llamándose así cuando la sangre se derrama en casas, no en trincheras?

 

Una tregua que se deshilacha en cada explosión

Desde hace meses, el alto el fuego se ha convertido en una especie de ficción compartida, útil para discursos internacionales pero inútil para quienes viven bajo las bombas. Israel ha seguido atacando Gaza de forma recurrente, elevando el número de muertos durante la tregua por encima de 850, según los recuentos citados en medios internacionales.

Este tipo de dinámica no es nueva. Se anuncia un cese, se venden avances diplomáticos y, mientras tanto, se mantiene una presión militar constante que va desgastando cualquier posibilidad real de estabilidad. La tregua se parece a una cuerda vieja, cada ataque le arranca una hebra más, hasta que inevitablemente se rompe.

Gaza como rehén del bloqueo político

Israel sostiene que Haddad trabajaba en reconstruir la capacidad militar de Hamás y en gestionar el sistema de cautiverio de rehenes. Puede ser cierto. Pero incluso si lo fuera, la eliminación selectiva no resuelve el fondo del conflicto. De hecho, suele alimentarlo.

Hamás se niega a desarmarse sin un horizonte de Estado palestino. Israel rechaza la soberanía palestina y mantiene una estrategia basada en la fuerza. Entre ambos, la población civil queda reducida a una cifra, a un daño colateral repetido hasta el agotamiento moral.

Además, Israel tampoco ha cumplido compromisos humanitarios clave, como permitir la entrada de miles de tiendas de campaña y viviendas temporales. En Gaza, sobrevivir se ha convertido en un ejercicio de resistencia diaria, como intentar respirar dentro de una habitación en llamas.

La paz no se construye con escombros

La muerte de Haddad puede interpretarse como un éxito táctico para Israel, pero estratégicamente es otro paso hacia el abismo. Porque la seguridad no se impone solo con drones, se construye con legitimidad, con acuerdos verificables y con garantías políticas reales.

Mientras la comunidad internacional mire hacia otro lado, el conflicto seguirá siendo una máquina de fabricar funerales. Y mientras se siga negando una solución política digna para Palestina, cualquier tregua será solo una pausa para recargar armas, no para salvar vidas.

La paz no llegará cuando se elimine al próximo comandante. Llegará cuando se entienda que ningún pueblo puede vivir eternamente bajo ocupación, ni ningún Estado puede sostener su seguridad a base de castigo colectivo. Y ese es el debate que ya no debería aplazarse ni un día más. @mundiario