El sueño de Primera desata la locura en A Coruña: miles de aficionados empujan al Deportivo

La escena tenía algo de despedida, de peregrinación y de ajuste de cuentas con el pasado. En los campos de Abegondo (A Coruña), el Deportivo no solo recibió el aliento de cerca de 2.000 aficionados antes de viajar a Valladolid. Recibió el peso de una ciudad entera que lleva años esperando volver a reconocerse en su equipo. Porque el posible ascenso del Dépor a Primera División ya no parece únicamente un objetivo deportivo: se ha convertido en un fenómeno emocional, casi social, que atraviesa generaciones y devuelve a A Coruña una ilusión que parecía dormida.

Durante demasiado tiempo, el deportivismo convivió con la resignación. El descenso, las temporadas en categorías impropias de la historia del club y una sensación permanente de decadencia fueron erosionando una autoestima colectiva que, sin embargo, nunca desapareció del todo. Lo que se vio este sábado en Abegondo fue precisamente la demostración de que el vínculo entre el Deportivo y su gente resistió incluso en los peores años. Y quizá por eso la movilización actual adquiere un tono casi épico.

Las imágenes de los jugadores bajándose del autobús para abrazar a los aficionados, los cánticos interminables y las lágrimas contenidas de algunos seguidores no responden únicamente a la posibilidad matemática de un ascenso. Responden a algo más profundo: al deseo de recuperar una identidad futbolística que en A Coruña siempre funcionó como símbolo de orgullo colectivo. El Deportivo, durante décadas, fue una manera de situar a Galicia en el mapa futbolístico europeo. El llamado “Superdépor” dejó una huella cultural que aún hoy sigue muy viva en varias generaciones.

A Coruña revive una movilización histórica alrededor del Deportivo. El ascenso ya se siente como una cuestión colectiva en Galicia

Por eso el desplazamiento masivo previsto hacia Valladolid tiene una dimensión difícil de explicar solo desde el fútbol. Se calcula que alrededor de 5.000 aficionados blanquiazules estarán este fin de semana en la ciudad castellana, muchos de ellos incluso sin entrada. Autobuses completos, coches particulares y viajes improvisados reflejan una movilización que recuerda a otras grandes peregrinaciones deportivas del club. El lema “Todos a Valladolid” ha funcionado más como una consigna sentimental que como una simple convocatoria de peñas.

Aficionados del Deportivo de La Coruña. / RCD
Aficionados del Deportivo de La Coruña. / RCD

29.680 espectadores ante el Andorra, récord de Segunda División

También resulta significativo que esta explosión de entusiasmo llegue después de una temporada en la que el Deportivo volvió a conectar con su masa social como hacía años que no ocurría. Riazor recuperó grandes entradas, se multiplicaron los recibimientos multitudinarios y el equipo logró reconstruir una relación de confianza con una afición que durante años convivió con la frustración. La cifra de 29.680 espectadores ante el Andorra, récord de Segunda División, ya anticipaba que algo se estaba moviendo en A Coruña.

Sin embargo, conviene también introducir una mirada prudente. El fútbol español conoce demasiadas historias de ascensos que parecían inevitables y terminaron convirtiéndose en trauma. La euforia colectiva tiene un componente maravilloso, pero también puede generar una presión enorme sobre jugadores y cuerpo técnico. El propio entrenador, Hidalgo, ha insistido en los últimos días en aislar al equipo del ruido emocional que rodea el encuentro. No es sencillo. Cuando una ciudad proyecta tantas expectativas sobre noventa minutos, el vértigo se vuelve inevitable.

Villares saluda a los aficionados del Deportivo de La Coruña. / RCD
Villares saluda a los aficionados del Deportivo de La Coruña. / RCD

El regreso a la élite

Pocas veces un club consigue representar de forma tan clara el estado de ánimo de una ciudad. El Deportivo no solo busca regresar a Primera División. Busca cerrar una herida larga. Busca reconciliarse con una historia que parecía haberse roto. Busca demostrar que, incluso después de años de golpes deportivos e institucionales, todavía conserva la capacidad de movilizar a miles de personas alrededor de una ilusión común.

En tiempos donde el fútbol de élite aparece cada vez más dominado por intereses económicos, fondos de inversión y calendarios globales, escenas como las vividas en Abegondo recuerdan por qué este deporte sigue teniendo una dimensión profundamente popular. Lo que ocurrió allí no fue marketing. Fue pertenencia. Fue memoria. Fue una ciudad diciéndole a su equipo que no quiere quedarse otra vez a las puertas.

Ahora el Deportivo afronta en Zorrilla el último paso. Apenas 455 kilómetros separan A Coruña de Valladolid. Pero para buena parte del deportivismo, la verdadera distancia es otra: la que separa los años oscuros de un posible regreso a la élite. Y esa, después de mucho tiempo, parece por fin al alcance de la mano. @mundiario