La policía de Turquía remueve por la fuerza a Özgür Özel e irrumpe en la sede de la oposición

La escena ocurrida en Ankara este domingo resume el momento político que atraviesa Turquía. La policía antidisturbios irrumpiendo con gases lacrimógenos en la sede del Partido Republicano del Pueblo (CHP), legisladores atrincherados detrás de barricadas improvisadas y miles de simpatizantes gritando “traidor” contra Kemal Kılıçdaroğlu reflejan una crisis que va mucho más allá de una disputa interna partidista.

La destitución judicial de Özgür Özel como líder del CHP ha desencadenado un terremoto político que amenaza con redefinir el futuro de la oposición turca y reforzar el dominio del presidente Recep Tayyip Erdoğan.

La decisión del tribunal de Ankara anuló el congreso partidista de 2023 que había llevado a Özel al liderazgo del CHP, alegando supuestas irregularidades y compra de votos. Como consecuencia, el histórico dirigente Kemal Kılıçdaroğlu fue restituido como presidente interino del partido junto a su antigua dirección. La medida fue interpretada inmediatamente por la actual cúpula opositora como un “golpe judicial”, una expresión que desde hace años se ha vuelto recurrente en Turquía cada vez que la justicia interviene contra las figuras opositoras.

La intervención policial agravó todavía más la percepción de que el conflicto político ha entrado en una fase de abierta confrontación institucional. Las imágenes de agentes antidisturbios entrando por la fuerza al edificio central del CHP, mientras dentro se lanzaban objetos y se coreaban consignas contra el Gobierno, evocaron algunos de los episodios más tensos de la política turca contemporánea. Aunque no se registraron heridos graves, el simbolismo político fue enorme: por primera vez en años, el principal partido de oposición veía su propia sede tomada por orden judicial y ejecutada mediante fuerza policial.

La figura de Kılıçdaroğlu es central para entender la dimensión de la crisis. Durante trece años dirigió el CHP enfrentándose electoralmente a Erdoğan sin conseguir derrotarlo. Su candidatura presidencial en 2023 terminó convirtiéndose en una de las mayores decepciones de la oposición turca, especialmente porque llegaba en un momento de grave deterioro económico y alta inflación que parecía debilitar definitivamente al oficialismo.

Sin embargo, tras su salida comenzó una etapa diferente para el CHP. Bajo el liderazgo de Özgür Özel y con figuras emergentes como los alcaldes de Estambul, Ekrem İmamoğlu, y de Ankara, Mansur Yavaş, el partido logró importantes victorias municipales y recuperó el dinamismo político. La formación comenzó incluso a liderar algunas encuestas nacionales, lo que alimentó la percepción de que, por primera vez en años, existía una oposición con capacidad real de desafiar electoralmente a Erdoğan.

Por ello, el regreso de Kılıçdaroğlu es visto por numerosos analistas y sectores opositores no como una solución de continuidad, sino como una involución política que favorece indirectamente al oficialismo. La hostilidad mostrada por militantes y simpatizantes del CHP contra el antiguo líder evidencia hasta qué punto buena parte de la base considera que su retorno debilita las opciones de la oposición.

La fractura interna se ha convertido ahora en el principal problema del CHP. Mientras Özel insiste en desconocer el fallo judicial y promete continuar la lucha “en las calles y plazas”, Kılıçdaroğlu parece dispuesto a consolidar el control institucional del aparato partidista. El choque no solo divide dirigentes, sino también estructuras territoriales, alcaldes y grupos parlamentarios.

Erdoğan y la presión sobre la oposición

La crisis del CHP se produce en un contexto en el que la oposición turca denuncia desde hace años el uso político del sistema judicial. Casos como el encarcelamiento de Selahattin Demirtaş —el llamado “Obama kurdo”, sentenciado a 42 años de prisión— o los múltiples procesos abiertos contra İmamoğlu —para quien piden 2.352 años de cárcel— han alimentado las acusaciones de persecución judicial contra los rivales del Gobierno.

El caso de İmamoğlu es especialmente relevante. Considerado uno de los pocos políticos capaces de derrotar electoralmente a Erdoğan, el alcalde de Estambul enfrenta actualmente múltiples causas judiciales por presunta corrupción, espionaje y vínculos terroristas, cargos que él rechaza calificándolos de políticos. Su encarcelamiento y la ofensiva contra Özel son interpretados por sectores opositores como parte de una misma estrategia: neutralizar a las figuras más competitivas antes del próximo ciclo electoral.

El Gobierno turco, sin embargo, rechaza tajantemente estas acusaciones y sostiene que el poder judicial actúa de manera independiente. Las autoridades defienden que la investigación sobre el congreso del CHP responde a denuncias legítimas sobre compra de votos y corrupción interna.

El trasfondo estratégico del conflicto

Más allá del aspecto jurídico, la batalla por el CHP tiene profundas implicaciones estratégicas para Erdoğan. El presidente turco enfrenta límites constitucionales que podrían impedirle presentarse nuevamente en 2028 salvo que se convoquen elecciones anticipadas o se modifique el marco legal. En ese contexto, una oposición fracturada podría facilitar enormemente el camino del oficialismo.

El retorno de Kılıçdaroğlu divide precisamente al bloque opositor en el momento en que parecía empezar a consolidarse una alternativa competitiva. Muchos dirigentes del CHP consideran que el verdadero objetivo de la operación judicial no era corregir irregularidades internas, sino desarticular el liderazgo renovador que emergió tras las municipales.

La paradoja es que Kılıçdaroğlu sigue siendo un histórico crítico de Erdoğan. Sin embargo, dentro del CHP existe la percepción de que su figura representa un modelo político agotado y electoralmente incapaz de derrotar al oficialismo. Para amplios sectores opositores, reinstalarlo al frente del partido supone devolver a Erdoğan a un escenario mucho más cómodo.

Tras ser expulsado de la sede del partido, Özel trasladó la confrontación al espacio público. Su marcha hacia el Parlamento y los llamamientos a nuevas movilizaciones indican que la oposición busca convertir el conflicto judicial en una batalla política de legitimidad popular.

La estrategia recuerda parcialmente a las protestas masivas registradas en Turquía durante otros momentos de tensión institucional, aunque el contexto actual es mucho más complejo. La oposición llega dividida, con parte de su liderazgo encarcelado o judicializado y con una economía turca atravesando una situación delicada marcada por la volatilidad de la lira y la preocupación de los mercados internacionales. @mundiario