La muerte del senador republicano Lindsey Graham a los 71 años, tras una «breve y repentina enfermedad», marca el final de una de las trayectorias políticas más influyentes de las últimas décadas en Estados Unidos. Aunque en los últimos años su figura quedó estrechamente vinculada a Donald Trump, Graham fue mucho más que uno de los aliados más fieles del presidente republicano: representó durante décadas la corriente más firme de la política exterior estadounidense, convencida de que Washington debía mantener un papel protagonista en la seguridad internacional, fortalecer las alianzas occidentales y responder con contundencia frente a adversarios como Rusia, Irán o Corea del Norte.
Su fallecimiento llega, además, en un momento especialmente delicado para la política internacional. Apenas unas horas antes había regresado de Ucrania, donde volvió a reunirse con el presidente Volodímir Zelenski para reforzar el respaldo estadounidense a Kiev. También había anunciado un acuerdo con la Casa Blanca destinado a impulsar un nuevo paquete de sanciones contra Rusia, una iniciativa que consideraba fundamental para aumentar la presión sobre Moscú.
La noticia sorprendió a Washington por la intensa actividad que mantenía el senador. Su oficina confirmó únicamente que había fallecido tras una «breve y repentina enfermedad», mientras que su familia pidió privacidad durante este difícil momento. La ausencia de más detalles alimentó la conmoción entre dirigentes republicanos, aliados internacionales y representantes de ambos partidos, conscientes del peso político que Graham había acumulado durante más de dos décadas en el Capitolio.
La metamorfosis de Lindsey Graham es el caso de estudio definitivo sobre el pragmatismo en el Capitolio. En 2016, el senador por Carolina del Sur no solo compitió contra Donald Trump, sino que lo calificó abiertamente de «xenófobo» y «fanático de las carreras», y al final terminó sentenciando que una victoria del magnate destruiría al Partido Republicano. Los insultos cruzados entre ambos —con Trump filtrando a la prensa el número de teléfono celular de Graham— proyectaban una enemistad permanente que, sin embargo, se disolvió por completo en cuanto el poder de la Casa Blanca exigió alineación total.
Tras la victoria del magnate, el senador modificó profundamente su dinámica. Graham decidió colaborar con el nuevo presidente convencido de que, una vez celebradas las elecciones, la prioridad debía ser contribuir al funcionamiento de las instituciones. Con el paso de los años esa relación evolucionó hasta convertirlo en uno de los interlocutores más escuchados por Trump en materia de seguridad nacional y política exterior. Muchos expertos lo habían calificado precisamente como uno de los principales diques de contención contra los planes más ambiciosos y erráticos del mandatario.
Durante este segundo mandato presidencial, Graham se consolidó como uno de los senadores con mayor acceso al Despacho Oval. Participó activamente en debates sobre apoyar a los aliados europeos en la guerra de Ucrania, las sanciones contra Rusia, la estrategia frente a Irán, el fortalecimiento de la OTAN frente al repliegue y la relación con Israel. También desempeñó un papel relevante como presidente del Comité de Presupuesto del Senado, facilitando la tramitación de buena parte de la agenda legislativa republicana.
El propio Donald Trump resumió esa estrecha relación al afirmar: «¡El senador Lindsey Graham, una de las mejores personas y senadores que he conocido, ha muerto!». Más tarde reveló que ambos habían hablado pocas horas antes del fallecimiento para abordar la tramitación de un nuevo paquete legislativo relacionado con las sanciones a Rusia y reconoció que Graham era «como un miembro de la familia». El presidente afirmó a NBC que en esa conversación el senador le comentó que se sentía «un poco cansado».
Uno de los grandes «halcones» de la política exterior estadounidense
Más allá de su cercanía con Trump, Lindsey Graham fue considerado durante décadas uno de los principales representantes del sector más intervencionista del Partido Republicano. Integró la generación de dirigentes convencidos de que el liderazgo internacional de Estados Unidos constituía un elemento esencial para la estabilidad global.
Esa visión le llevó a defender de forma constante el fortalecimiento del gasto militar, la modernización de las Fuerzas Armadas estadounidenses y el mantenimiento de alianzas estratégicas como la OTAN. También respaldó una política especialmente firme frente a Rusia e Irán, convencido de que cualquier signo de debilidad podía traducirse en una mayor inestabilidad internacional.
Su larga experiencia en asuntos de seguridad nacional, adquirida tanto durante su carrera militar como abogado de la Fuerza Aérea como en el Senado, convirtió sus opiniones en una referencia habitual dentro de Washington. Su desaparición deja, por tanto, un vacío difícil de sustituir para el sector republicano que apuesta por mantener un papel activo de Estados Unidos en los grandes conflictos internacionales.
Si existe un país donde la noticia ha tenido un impacto político especialmente profundo es Ucrania. Desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala en 2022, Graham se convirtió en uno de los defensores más constantes del respaldo militar y financiero estadounidense a Kiev.
Visitó Ucrania en diez ocasiones durante la guerra, mantuvo una relación fluida con el presidente Volodímir Zelenski en los días más tensos con Washington y promovió numerosas iniciativas destinadas a reforzar las capacidades defensivas ucranianas a pesar de la negativa del sector aislacionista de la Casa Blanca. Entre ellas figuraban el aumento del suministro de armamento, nuevas sanciones económicas contra Rusia y una mayor coordinación con los aliados europeos.
Precisamente durante su último viaje volvió a reunirse con Zelenski y visitó instalaciones relacionadas con la industria de defensa ucraniana. Antes de abandonar Kiev anunció que un grupo bipartidista de senadores había alcanzado un acuerdo con la Casa Blanca para impulsar nuevas sanciones contra Moscú.
El presidente ucraniano lamentó profundamente su fallecimiento y aseguró que «Lindsey fue un verdadero defensor de la libertad y de los valores que hacen que nuestro mundo sea más seguro». También recordó que ambos mantuvieron un diálogo constante durante los últimos años y destacó que el senador había trabajado recientemente en iniciativas destinadas a acercar una solución al conflicto mediante un incremento de la presión sobre Rusia.
Un vacío político con consecuencias inmediatas
Las muestras de condolencia llegadas desde distintos puntos del mundo evidencian hasta qué punto Graham había trascendido la política estadounidense.
El líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune, destacó que había sido «un firme defensor de Estados Unidos y un fuerte aliado de los países amantes de la libertad en todo el mundo», mientras que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, subrayó que Graham fue un convencido defensor de la Alianza Atlántica y del apoyo continuado a Ucrania.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, lo definió como «un gran amigo de Israel» y aseguró que tanto él como su país perdían a uno de sus aliados más cercanos. Desde distintos gobiernos occidentales también llegaron mensajes de reconocimiento hacia una figura que durante décadas defendió la cooperación transatlántica y el fortalecimiento de las democracias occidentales.
La muerte de Lindsey Graham abre además un escenario político complejo dentro del Partido Republicano. El senador acababa de obtener la nominación republicana para optar a un quinto mandato por Carolina del Sur, por lo que ahora deberán activarse los mecanismos previstos por la legislación estatal tanto para cubrir temporalmente su escaño en el Senado como para elegir un nuevo candidato de cara a las próximas elecciones.
Más allá del procedimiento institucional, su desaparición altera el equilibrio interno del Partido Republicano. Graham ejercía como puente entre el liderazgo de Donald Trump y el tradicional sector republicano favorable a una política exterior activa y en consonancia con Europa, una posición cada vez más discutida por las corrientes aislacionistas y populistas MAGA que han ganado influencia en los últimos años.
Su fallecimiento también priva a Trump de uno de sus colaboradores con mayor experiencia parlamentaria en asuntos internacionales y deja a Ucrania sin uno de sus principales defensores dentro del Congreso estadounidense. En un momento en el que la guerra continúa condicionando la política internacional y la relación entre Washington y sus aliados europeos, la ausencia de una figura con la trayectoria, los contactos y la capacidad de influencia de Lindsey Graham constituye un cambio político de notable alcance cuyo impacto probablemente se dejará sentir tanto en el Senado como en la estrategia exterior de Estados Unidos durante los próximos meses. @mundiario
