El fin de la generación dorada de Bélgica: De Bruyne y Courtois dicen adiós

El veredicto del terreno de juego en la Copa del Mundo de Norteamérica ha dictado una de las sentencias más nostálgicas del panorama futbolístico internacional. La eliminación de la selección de Bélgica en la ronda de cuartos de final frente a España, sellada mediante un agónico gol del mediocampista Mikel Merino, ha trascendido el simple resultado de un marcador para escenificar de forma definitiva el punto final de la era más brillante, talentosa y aclamada de la historia del balompié de los Diablos Rojos.

El proyecto deportivo que actualmente capitanea el estratega francés Rudi García se despidió del certamen de la peor de las maneras para un grupo de deportistas de época. Se confirma así que mitos de la talla de Kevin De Bruyne, Thibaut Courtois y Romelu Lukaku cerrarán sus respectivas de trayectorias internacionales sin haber podido añadir un solo título oficial a las vitrinas de su país, una realidad dolorosa para los aficionados.

Se clausuran de este modo doce años de inmensas promesas, expectativas desbordantes y un vistoso despliegue estético sobre el césped que despertó admiración mundial. Lamentablemente para sus intereses, esta propuesta jamás encontró su justa recompensa dorada en las grandes finales del planeta fútbol, dejando una sensación de tarea incompleta en una nación que llegó a liderar con orgullo el ranking de la FIFA.

El apasionante viaje de esta camada de futbolistas excepcionales comenzó a forjarse en la cita de Brasil 2014, certamen que certificaba el regreso de la nación centroeuropea a una Copa del Mundo tras una ausencia de doce años. En aquel entonces, un núcleo de jóvenes con un potencial ilimitado en el que destacaban Courtois, De Bruyne, Lukaku y un desequilibrante Eden Hazard se acopló a la perfección con veteranos de la solidez de Vincent Kompany o Marouane Fellaini.

Su andadura en tierras sudamericanas, frenada únicamente en la instancia de cuartos de final por la Argentina de Lionel Messi, mandó un aviso explícito a las potencias tradicionales de Europa y América. Fue el nacimiento de un bloque compacto que obligó a los analistas a acuñar advertencias serias ante el inminente despliegue de condiciones que exhibirían en los torneos venideros con el paso de las temporadas.

El proyecto se quedó sin la guinda del pastel

El momento cumbre de este glorioso ciclo se experimentó durante el recordado Mundial de Rusia 2018, bajo las directrices estratégicas del entrenador español Roberto Martínez. Fue allí donde el ya célebre lema de «cuidado con Bélgica» adquirió su máximo significado y respeto internacional, desplegando un juego de contragolpe letal que trituró los planteamientos de rivales de enorme jerarquía histórica.

Tras firmar una fase de grupos inmaculada y apear a Japón en una remontada antológica, la escuadra belga firmó una de las páginas más brillantes de su historia al tumbar a la todopoderosa selección de Brasil liderada por Neymar. Aquel mágico trayecto concluyó con una amarga derrota en semifinales ante Francia, conformándose con una medalla de bronce que marcaría el techo competitivo del grupo.

A partir de la disputa de la Eurocopa 2020, el combinado nacional comenzó a sufrir de manera inexorable los estragos del paso del tiempo y el desgaste generacional de sus principales baluartes. La dolorosa eliminación sufrida ante Italia precedió al estrepitoso naufragio de Catar 2022, donde la plantilla ni siquiera fue capaz de superar la fase de grupos en un sector compartido con Marruecos y Croacia.

Las posteriores transiciones en el banquillo, primero con Domenico Tedesco y posteriormente con la llegada de Rudi García, intentaron infundir aire fresco a un bloque que ya evidenciaba síntomas de agotamiento. La reciente batalla frente a la Furia Roja en suelo norteamericano devolvió por momentos la ilusión a los hinchas belgas, quienes presenciaron cómo sus veteranos referentes plantaban cara antes del mazazo definitivo de Merino.

Aunque matemáticamente figuras como Courtois, De Bruyne o Lukaku podrían albergar una remota esperanza de acudir a la cita de 2030, la realidad dicta que lo harían rozando la barrera de los cuarenta años. Lo que sí se presenta como una certeza absoluta en los despachos es la pérdida total de esa vitola de favoritos, obligando a las instituciones a moldear un nuevo bloque competitivo desde sus cimientos. @mundiario