La convocatoria de Lionel Messi para el amistoso del 6 de octubre ante Benín no es una simple decisión deportiva. Es la confirmación de que una etapa histórica de la Selección argentina tendrá un último capítulo sobre el césped del Monumental. Messi había anunciado su retiro del combinado nacional después del Mundial de 2026, pero la AFA decidió ofrecerle una despedida a la altura de una carrera que transformó la relación entre un futbolista y su país. El partido será, sobre todo, un acto de memoria colectiva: la oportunidad de ver por última vez al capitán con la camiseta que durante dos décadas estuvo ligada a sus mayores alegrías y también a sus momentos más difíciles.
La decisión adquiere todavía más significado porque no se trata de un regreso para afrontar una competición oficial. Argentina disputará tres amistosos en esta ventana: Bolivia, Burkina Faso y Benín. Messi estará únicamente en el último, precisamente el encuentro elegido para su despedida. Rodrigo De Paul y Giovani Lo Celso también participarán solamente en ese partido. La convocatoria, por tanto, tiene una dimensión simbólica evidente: no se trata de comenzar otro ciclo competitivo, sino de cerrar uno de los capítulos más importantes de la historia reciente del fútbol argentino.
Hay algo particularmente significativo en la manera en que termina esta historia. Messi pasó años intentando construir una relación diferente con una selección que durante mucho tiempo le exigió resultados inmediatos. Las finales perdidas, las críticas y las comparaciones con generaciones anteriores marcaron una primera parte de su recorrido internacional. Después llegaron la Copa América de 2021, la Finalissima, el Mundial de Qatar y una nueva Copa América. Cuando finalmente alcanzó la cima, la discusión dejó de ser si Messi podía ganar con Argentina y pasó a ser cómo se recordaría una era que había cambiado por completo la percepción sobre su legado con la Albiceleste.
La propia AFA confirmó recientemente que Messi había decidido retirarse de la Selección. En su mensaje de despedida, el capitán explicó que sentía que era el momento de cerrar esa etapa y dejó claro el vínculo emocional que mantiene con la camiseta argentina. Por eso, el amistoso frente a Benín tiene una característica diferente a cualquier otro partido. No será una despedida improvisada ni una ceremonia construida alrededor de una lesión o una eliminación. Será un reconocimiento organizado cuando todavía existe la posibilidad de contemplar al jugador sobre el terreno de juego.
El fútbol también sabe cuándo debe cerrar una era
El valor de la despedida estará precisamente en que Argentina no intentará prolongar artificialmente una historia que ya encontró su final competitivo. El fútbol moderno suele resistirse a los cierres porque las grandes figuras representan audiencias, camisetas, contratos, televisión y una enorme dimensión comercial. Messi todavía tiene capacidad para generar atención global, pero la Selección ha decidido convertir su último partido en una celebración de lo conseguido, no en una excusa para retrasar el relevo generacional. Esa diferencia puede marcar cómo se recuerde el final de su ciclo.
El escenario tampoco es casual. El Monumental ha sido durante años uno de los grandes escenarios de la Selección argentina y representa un espacio cargado de memoria futbolística. Allí Messi vivió partidos decisivos, recibió el cariño de los aficionados y construyó parte de su vínculo con el público argentino. Que su último encuentro con la Albiceleste en el país se produzca allí convierte el partido ante Benín en algo más parecido a una ceremonia deportiva que a un amistoso convencional. El resultado tendrá importancia, pero difícilmente será el principal argumento por el que millones de personas recordarán aquella noche.
También existe una dimensión generacional. Messi llegó a la Selección cuando todavía era un adolescente y termina su recorrido internacional después de haber atravesado distintas generaciones de futbolistas, entrenadores y estilos. Durante esos años cambió el fútbol argentino, pero también cambió el público que lo acompañaba. Hay aficionados que crecieron viendo sus primeros partidos y otros que prácticamente solo conocen una Argentina campeona. Para unos será la despedida de un ídolo; para otros, el cierre de la única era de la Selección que recuerdan con Messi como protagonista. @mundiario.
