La gran final comenzó exactamente como había imaginado Luis de la Fuente. España asumió el control del balón desde el inicio, moviendo la pelota con paciencia y obligando a Argentina a emplearse a fondo en tareas defensivas.
La Roja volvió a mostrar la personalidad que la ha convertido en una de las selecciones más sólidas del campeonato. Con largas posesiones y una presión alta tras pérdida, el conjunto español fue ganando metros hasta instalarse en campo rival durante buena parte de los primeros 45 minutos.
Sin embargo, el dominio territorial no encontró el premio del gol.
El césped se convierte en un inesperado protagonista
Uno de los factores que más condicionó el desarrollo del encuentro fue el estado del terreno de juego. El césped, visiblemente seco, dificultó la velocidad habitual de circulación del balón y obligó a ambos equipos a adaptar su fútbol.
España, cuya identidad se basa en la precisión de los pases y el ritmo constante de la posesión, vio cómo muchas de sus combinaciones perdían fluidez en los últimos metros.
Aun así, el combinado nacional consiguió imponer su propuesta y fue quien transmitió una mayor sensación de control durante toda la primera mitad.
El seleccionador español decidió no tocar una pieza del equipo que había eliminado a Bélgica y Francia durante las rondas anteriores. El once inicial volvió a estar liderado por Fabián Ruiz en el centro del campo, mientras que Pedri comenzó el partido desde el banquillo, reservándose como una posible baza para la segunda mitad si el encuentro lo requiere.
La apuesta por la continuidad permitió a España mantener la misma identidad futbolística que ha exhibido durante todo el campeonato.
Scaloni mueve el tablero
En el lado argentino sí hubo novedades importantes. Lionel Scaloni introdujo cambios respecto al último encuentro, dando entrada desde el inicio a Gonzalo Montiel, Rodrigo De Paul y Nico González con el objetivo de aportar mayor intensidad física y equilibrio frente al dominio español.
¡QUÉ CERCA PASÓ ESO!
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La Albiceleste, sin embargo, se vio obligada a realizar un importante esfuerzo defensivo durante muchos minutos, esperando su oportunidad para sorprender al contragolpe con la calidad de sus jugadores más determinantes.
La final volvió a reflejar el contraste entre dos formas muy distintas de entender el fútbol. España apostó por la posesión, la elaboración paciente y el control absoluto del partido, mientras que Argentina buscó aprovechar los espacios y explotar la experiencia competitiva de un bloque acostumbrado a sobrevivir incluso en los escenarios más complicados.
La Roja llegaba a la final tras una trayectoria cada vez más convincente, creciendo partido a partido hasta firmar una brillante semifinal frente a Francia.
¡DIBU MARTÍNEZ SE QUEDÓ CON EL REMATE DE MIKEL OYARZABAL!
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Argentina, en cambio, había construido su camino desde la resistencia, superando situaciones límite durante las eliminatorias y demostrando una enorme capacidad para reaccionar cuando parecía al borde de la eliminación.
El empate al descanso deja completamente abierta la lucha por el título mundial. España ha mostrado mejores argumentos futbolísticos durante los primeros 45 minutos, pero el conjunto argentino ya ha demostrado a lo largo del torneo que sabe competir como pocos cuando los partidos se complican.
Con todo por decidir y el desgaste empezando a aparecer en ambos equipos, la segunda mitad promete emociones fuertes, posibles cambios tácticos y una batalla que decidirá quién levanta la Copa del Mundo y escribe una nueva página en la historia del fútbol. @mundiario
