El nuevo frente de la guerra entre EE UU e Irán: los hutíes arrastran a Yemen al avispero del mar Rojo

La guerra entre Irán y EE UU ha encontrado un nuevo escenario de confrontación. Tras semanas de tensión en el estrecho de Ormuz, el conflicto se ha desplazado ahora hacia el mar Rojo, donde los rebeldes hutíes han decidido abrir un nuevo frente militar atacando intereses de Arabia Saudí y amenazando con alterar otra de las grandes arterias del comercio energético mundial.

La ofensiva supone un giro estratégico de proporciones todavía no se pueden dimensionar por completo. Si el bloqueo de Ormuz ya había colocado bajo presión a los mercados internacionales del petróleo, la entrada en escena del estrecho de Bab el Mandeb multiplica el riesgo para el suministro mundial de hidrocarburos y sitúa nuevamente a Yemen en el centro del tablero geopolítico de Oriente Próximo.

La escalada llega cuando el régimen iraní afronta uno de los momentos más delicados de los últimos años. Las conversaciones con Washington para alcanzar un acuerdo que rebajara la tensión han terminado por romperse y el liderazgo iraní ha endurecido su discurso.

Si no podemos vender petróleo, nadie lo venderá. Si nuestra seguridad no está garantizada, ninguna infraestructura en la región estará a salvo”», advirtió recientemente el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, reflejando la estrategia de máxima presión adoptada por Teherán. En ese contexto, los hutíes han recuperado un protagonismo que parecía haberse reducido tras años de guerra civil en Yemen.

Los hutíes, el último brazo operativo del Eje de la Resistencia

Durante la última década, Irán construyó una red de aliados armados en Oriente Próximo —el denominado Eje de la Resistencia— integrada por Hezbolá en Líbano, Hamás en Gaza, diversas milicias chiíes en Irak y grupos armados afines en Siria tras la caída del dictador Bachar el Asad. Sin embargo, muchos de esos aliados han quedado debilitados o neutralizados tras sucesivas campañas militares.

Los hutíes representan ahora el principal actor con capacidad real para alterar el equilibrio regional. Controlan aproximadamente el 30% del territorio yemení, incluida la capital Saná, pero gobiernan sobre cerca del 75 % de la población del país. Su brazo armado, Ansar Alá, ha multiplicado su tamaño durante la última década hasta reunir entre 220.000 y 350.000 combatientes, según estimaciones internacionales.

El estrecho de Bab el Mandeb comunica el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye uno de los pasos marítimos más importantes del planeta. Por él transita alrededor del 12 % del comercio energético mundial. Desde que Irán bloqueó parcialmente el estrecho de Ormuz, Arabia Saudí había redirigido buena parte de sus exportaciones de petróleo hacia el puerto de Yanbu, en la costa del mar Rojo, utilizando oleoductos internos para evitar el paso por aguas controladas por Teherán. Esa alternativa acaba de quedar comprometida.

Arabia Saudí vuelve a quedar expuesta

Los hutíes anunciaron esta semana un bloqueo marítimo contra todos los buques vinculados a Arabia Saudí. Pocas horas después aseguraron haber atacado dos petroleros saudíes por incumplir esa prohibición. Organismos internacionales de vigilancia marítima confirmaron incidentes frente a la costa saudí y varios buques modificaron inmediatamente sus rutas.

Desde entonces varios petroleros han cambiado su destino hacia el Canal de Suez, otros permanecen fondeados esperando instrucciones y cerca de medio centenar de buques han embarcado seguridad armada para intentar disuadir posibles ataques. El tráfico marítimo por la zona ya ha caído de forma significativa, reduciéndose prácticamente a la mitad según diversas firmas especializadas.

El nuevo escenario revive uno de los mayores temores de Riad. En 2019, un ataque con drones contra la planta petrolera de Abqaiq paralizó temporalmente casi la mitad de la producción saudí de crudo y provocó un fuerte terremoto en los mercados energéticos internacionales. Aquel episodio demostró que las infraestructuras energéticas del Golfo son extremadamente vulnerables. Ahora los analistas advierten de que Irán dispone nuevamente de capacidad para desestabilizar simultáneamente dos de los principales corredores energéticos del planeta: Ormuz y Bab el Mandeb.

Yemen, el gran rehén de la guerra regional

Mientras las grandes potencias cruzan amenazas, Yemen continúa pagando el precio más alto. El país permanece dividido desde hace una década entre dos administraciones los hutíes gobiernan desde Saná y el Ejecutivo reconocido internacionalmente opera desde Adén con respaldo saudí. La tregua alcanzada en 2022 había congelado parcialmente el conflicto interno. La nueva escalada amenaza con hacerla saltar por los aires.

La población civil afronta una situación límite. Yemen continúa siendo el país más pobre de Oriente Próximo. Según Naciones Unidas dos tercios de la población necesitan ayuda humanitaria, millones de personas desconocen cuándo podrán acceder a su próxima comida y solo algo más de la mitad de las infraestructuras sanitarias siguen funcionando.

Organizaciones como Médicos Sin Fronteras (MSF) alertan de que el encarecimiento del combustible obliga a muchas familias a elegir entre alimentarse, comprar medicamentos o simplemente mantener funcionando un ventilador durante las olas de calor. Las consecuencias son visibles en el aumento de la desnutrición infantil, los brotes de cólera y sarampión y el incremento de la mortalidad materna.

La reacción estadounidense no se hizo esperar. El presidente Donald Trump responsabilizó directamente a Teherán de la actuación de los hutíes y lanzó una advertencia sin matices. Según afirmó, cualquier nueva acción de la milicia yemení será considerada un ataque iraní y recibirá una respuesta militar contundente. Washington ya había bombardeado posiciones hutíes durante la guerra de Gaza tras los ataques contra buques mercantes vinculados a Israel. La posibilidad de una nueva intervención militar estadounidense vuelve ahora a situarse sobre la mesa. @mundiario