Kang-in Lee se postula como el nuevo Griezmann del Atlético de Madrid

El Atlético de Madrid arrancó la temporada con una sonrisa de satisfacción en el Estadio Metropolitano tras doblegar por 2-0 al Málaga. Más allá de sumar los tres primeros puntos del curso, la victoria sirvió para enviar un mensaje de tranquilidad a su masa social: la incertidumbre mediática que rodea el futuro de Julián Alvarez no ha logrado desviar la atención del vestuario. El conjunto de Diego Pablo Simeone demostró tener la cabeza fría y los pies en la hierba, priorizando lo estrictamente deportivo por encima del ruido de mercado.

Sobre el terreno de juego, el triunfo fue el pretexto perfecto para revivir esa comunión mágica y telúrica que conecta a la grada con sus futbolistas. Sin embargo, el partido no fue un paseo militar para los locales. El Málaga saltó al césped con un planteamiento rocoso y casi sin fisuras de la mano de Juanfran Funes, quien logró neutralizar durante largos minutos la evidente brecha de talento entre ambas plantillas mediante un despliegue táctico encomiable.

Hizo falta una chispa de genialidad para derribar el muro andaluz, y la luz la encendió un futbolista destinado a acaparar todas las miradas. Kang-in Lee asumió el peso del partido y se consagró como el gran héroe de la noche. El internacional surcoreano destrabó el encuentro con un golazo antológico que hizo poner de pie a todo el coliseo rojiblanco, demostrando que posee la jerarquía y el descaro necesarios para brillar en los escenarios más exigentes.

Favorecido por los movimientos de un Antoine Griezmann que le cedió los espacios para actuar con absoluta libertad, el asiático lució con orgullo el mítico dorsal número 7 a la espalda. Su despliegue técnico, su sacrificio sin balón y su capacidad para decidir el choque sirvieron como carta de presentación inmejorable. En apenas noventa minutos, Lee se metió al público en el bolsillo, insinuando que la herencia de ese número sagrado queda en manos de un futbolista con luz propia.

Al final, el Atlético de Madrid firma un debut redondo que disipa cualquier conato de duda veraniega y alimenta la ilusión de su parroquia. Con la solidez colectiva que siempre exige el Cholo y el impacto inmediato de sus nuevos referentes, el proyecto colchonero echa a andar con paso firme. Las incógnitas institucionales seguirán su curso en los despachos, pero sobre el césped el Metropolitano ya ha encontrado un nuevo ídolo al que ovacionar.

No todo fue brillante en la victoria del Atleti 

Si bien el triunfo en el estreno liguero supone una inyección de moral para el Estadio Metropolitano, a Diego Pablo Simeone le resta un arduo trabajo por delante para afinar su engranaje. La brillante actuación de Kang-in Lee no logró solapar los desajustes colectivos ni las dudas individuales que dejaron varios futbolistas. Casos como el bajón de rendimiento de Robin Le Normand o la falta de acoplamiento de Morten Hjulmand evidencian que la maquinaria colchonera aún se encuentra lejos de su versión óptima.

Lo del central hispano-francés empieza a ser un dolor de cabeza prioritario para el cuerpo técnico. Dista mucho el zaguero actual de aquel baluarte contundente que llegó procedente de la Real Sociedad para liderar la retaguardia madrileña. En cada una de sus intervenciones transmite una fragilidad impropia de su estatus; desatinado por alto e inseguro por bajo, Le Normand genera un murmullo de incomodidad que compromete la fiabilidad defensiva que exige el Cholo para las grandes citas.

Por su parte, Morten Hjulmand no firmó el debut soñado tras el desembolso superior a los 40 millones de euros realizado por la directiva rojiblanca. Saltó al césped en la segunda mitad en sustitución de Koke, pero su entrada rebajó las prestaciones de la medular. Lejos de aportar orden o criterio en la distribución, el internacional danés lució impreciso con la pelota en los pies y desubicado a la hora de realizar las coberturas sin posesión.

No obstante, la prudencia exige no precipitar juicios definitivos sobre el pivote nórdico. Su falta de soltura responde a la lógica adaptación que requiere un sistema táctico tan específico y demandante como el de Simeone. Hjulmand necesita rodaje, sumar minutos y asimilar los automatismos del grupo para empezar a desplegar el despliegue físico y la capacidad de mando que lo convirtieron en un refuerzo estratégico.

El Atlético de Madrid arranca el curso con los tres puntos en el bolsillo pero con deberes urgentes en la libreta. La pretemporada se prolonga en competición oficial mientras el cuerpo técnico trabaja para recuperar la mejor versión de sus piezas clave y acelerar la integración de las caras nuevas. Solo a través de la solidez defensiva y el equilibrio táctico podrá el proyecto de Simeone aspirar con garantías a todos los títulos en juego. @mundiario