De Ceuta a Berlín: la ultraderecha usa la crisis en España para exigir la abolición del espacio Schengen

La crisis migratoria de Ceuta ha dejado de ser únicamente un problema español. Su impacto político empieza a proyectarse sobre el conjunto de Europa y, en Alemania, Alice Weidel, líder de Alternativa para Alemania (AfD), ha encontrado en el episodio un nuevo argumento para defender una de las propuestas más rupturistas de su formación: que Alemania abandone el espacio Schengen.

“Lo vamos a cerrar. Nos vamos a retirar de Schengen para que la gente como la de Ceuta no pueda venir aquí”, afirmó Weidel en el ZDF-Sommerinterview. Y añadió: “Este acuerdo tiene que acabar”. La declaración tiene una importancia política mayor que la que podría sugerir la referencia concreta a Ceuta. Porque el debate ya no gira únicamente alrededor de cuántas personas entran irregularmente en Europa, sino sobre qué modelo de fronteras quiere conservar la Unión Europea.

La crisis de Ceuta ha proporcionado a los partidos contrarios a una política migratoria abierta una imagen especialmente poderosa: miles de personas entrando simultáneamente en territorio español y una ciudad incapaz de absorber por sí sola las consecuencias administrativas, sociales y humanitarias.

Más de 70.000 personas intentaron alcanzar la ciudad durante la oleada migratoria de finales de julio, según los datos recogidos por medios alemanes y agencias internacionales. Aunque una gran parte regresó posteriormente a Marruecos, miles permanecen todavía en Ceuta, entre ellos numerosos menores.

El problema ha desbordado capacidades de acogida, alojamiento y tramitación, y ha provocado además un fuerte enfrentamiento político en España. Precisamente esa combinación —frontera desbordada, presión sobre los servicios públicos y disputa política— es la que permite a AfD presentar la crisis como una prueba de que las actuales estructuras europeas no funcionan.

Pero aquí aparece una primera precisión fundamental: Ceuta no forma parte del espacio Schengen ordinario de la misma manera que las fronteras interiores entre los países europeos. El propio servicio público alemán ZDF señaló en su comprobación de las declaraciones de Weidel que la ciudad española, debido a su particular situación geográfica, está sometida a reglas específicas y que la crisis no significa que los migrantes puedan simplemente desplazarse desde Ceuta hasta Alemania a través del espacio Schengen. 

¿Qué supondría abandonar Schengen?

El Acuerdo de Schengen nació precisamente para eliminar progresivamente los controles en las fronteras interiores. El sistema fue incorporado posteriormente al marco jurídico de la Unión Europea y actualmente constituye uno de los elementos centrales de la integración europea.

El espacio Schengen reúne actualmente a 29 países y permite la libre circulación de más de 450 millones de ciudadanos europeos, además de facilitar los desplazamientos de residentes y visitantes que cumplen las condiciones legales. Eso no significa que las fronteras sean completamente inexistentes ni que los Estados hayan renunciado a controlar la inmigración. El modelo desplaza buena parte de la responsabilidad hacia las fronteras exteriores, al tiempo que establece cooperación policial, intercambio de información y controles migratorios comunes.

Además, los países pueden reintroducir temporalmente controles fronterizos internos cuando exista una amenaza grave para la seguridad o el orden público. La normativa europea establece, sin embargo, que se trata de una medida excepcional y de último recurso.

La propuesta de Weidel va bastante más lejos: no plantea simplemente utilizar esos mecanismos de emergencia, sino abandonar Schengen. Eso tendría consecuencias prácticas importantes para Alemania. Los controles sistemáticos afectarían al tráfico terrestre con sus vecinos, a los desplazamientos laborales, al transporte de mercancías y a millones de viajes diarios dentro de Europa. El debate, por tanto, no se limita a la inmigración irregular: afecta directamente al funcionamiento económico y social del mercado europeo.

La importancia de la declaración de Weidel también reside en el momento político en el que se produce. La AfD atraviesa una etapa de fuerte crecimiento electoral. Un sondeo del Politbarometer sitúa al partido en el 27%, por delante del bloque CDU/CSU, que aparece con el 22%. En Sajonia-Anhalt, además, las encuestas sitúan a AfD en torno al 41%, frente al 24% de la CDU.

Weidel no se ha limitado a reclamar controles fronterizos. Ha defendido también el retorno de ciudadanos sirios y ha criticado las políticas de naturalización. En su entrevista sostuvo que Alemania debe cerrar sus fronteras y cuestionó directamente al canciller Friedrich Merz, al que acusó de permitir unas fronteras demasiado abiertas.

La AfD está aprovechando así una combinación de factores: preocupación por la inmigración, inseguridad, presión sobre los servicios públicos, malestar económico y desconfianza hacia los partidos tradicionales.

La crisis de Ceuta encaja perfectamente en ese relato porque permite trasladar un problema ocurrido en una frontera exterior española a una discusión sobre la seguridad de toda Europa.

El efecto dominó de Ceuta

Lo ocurrido en Ceuta tiene una característica que explica su repercusión continental: pone a prueba la capacidad de un Estado miembro para gestionar una presión migratoria que puede tener consecuencias mucho más allá de su territorio.

España ha tenido que afrontar el alojamiento, la identificación, las solicitudes de protección internacional, la situación de los menores y las devoluciones o retornos correspondientes. Mientras tanto, otros gobiernos europeos observan el episodio desde una perspectiva diferente: la posibilidad de que parte de quienes llegan a una frontera exterior terminen intentando desplazarse hacia otros países.

Ahí aparece el verdadero problema político para Bruselas. Schengen funciona sobre la confianza mutua: los Estados aceptan eliminar los controles internos porque consideran que la protección de las fronteras exteriores y la cooperación entre autoridades son suficientemente eficaces.

Cuando una crisis migratoria pone en duda esa confianza, la presión para recuperar controles nacionales aumenta.

La cuestión es especialmente delicada para Alemania porque el país ocupa una posición central dentro de las redes europeas de transporte y comercio. Recuperar controles permanentes en sus fronteras no sería una decisión exclusivamente alemana: tendría efectos inmediatos sobre Francia, Polonia, Países Bajos, Bélgica, Austria, Dinamarca y República Checa, entre otros vecinos.

Por eso, el planteamiento de Weidel representa algo más profundo que una política migratoria restrictiva. Es una revisión del principio de integración europea. @mundiario