De Ronaldo Nazário a Cristiano: Mbappé busca el trono de dos mitos del Madrid

Treinta años no son nada para la memoria del fútbol, pero son una eternidad para la retoma de la devoción absoluta. Ha tenido que transcurrir tres décadas desde que un joven Ronaldo Nazário deslumbrara a España con su potencia desbordante para que las gradas de LaLiga vuelvan a ponerse en pie ante la irrupción de un delantero verdaderamente imperial. Kylian Mbappé ha aterrizado en el campeonato nacional no solo para cumplir con las expectativas del mercado, sino para resucitar un perfil de atacante devastador que parecía extinto desde los mejores días del astro brasileño.

Las similitudes en su fútbol van mucho más allá de las frías estadísticas realizadoras. Ambos comparten esa capacidad casi mitológica de convertir una jugada ordinaria en una estampida imparable. Ver a Mbappé arrancar desde el perfil izquierdo o encarar a campo abierto evoca inevitablemente aquel cambio de ritmo endiablado de Ronaldo: una aceleración que desafía la física, donde el defensor no solo se ve superado en velocidad, sino aplastado por una sensación de impotencia absoluta antes de que la pelota bese la red.

Existe también en el francés esa misma voracidad animal por el gol que encandiló al país a mediados de los noventa. Mbappé no entiende el juego como una mera sucesión de pases tácticos, sino como un ejercicio de dominio directo. Cada vez que recibe el cuero en tres cuartos de cancha, el estadio contiene la respiración sabiendo que el desenlace suele ser trágico para el rival; es la misma electricidad de pánico y fascinación que generaba el Fenómeno cuando enfilaba el área pequeña sin contemplaciones.

Sin embargo, lo que termina por rendir a la afición española es la elegancia en medio de la violencia de sus acciones. Al igual que el astro paulista, el galo combina una potencia física de categoría superior con una definición sutil, de cirujano. Ya sea mediante un regate corto a velocidad crucero o un disparo seco al palo largo, sus recursos dentro del área recuerdan que la genialidad individual sigue siendo el argumento definitivo para resolver los partidos más trabados.

España ha vuelto a rendirse al reinado del delantero total. Tres décadas después de que el fútbol español cayera hipnotizado ante la versión más desatada de Ronaldo Nazário, Kylian Mbappé ha tomado el testigo de la excelencia ofensiva para demostrar que la era del delantero imperial está más viva que nunca.

¿Tendrá en la mira los registos de CR7? 

La tercera temporada de Kylian Mbappé en la casa blanca arrancó con un tropezón inesperado en Cornellà. Su actuación ante el Espanyol resultó inusualmente apática para un futbolista de su jerarquía, fallando de cara a puerta y dejando una sensación de desconexión poco habitual. La ironía de la jornada la firmó el canterano Carlos Espí, quien saltó al césped para robarse los focos y rescatar tres puntos agónicos en el último minuto, sembrando el debate sobre el momento de forma de la estrella francesa.

El bache, sin embargo, duró lo que tarda un depredador en oler la sangre. Apenas unos días después, Mbappé disipó los fantasmas con una exhibición desatada en forma de triplete, una actuación colosal que no solo acalló el ruido mediático, sino que sirvió para situar su casillero en la escandalosa cifra de 89 goles oficiales en 103 partidos. Una respuesta de genio para recordar que los verdaderos cracked nunca se quedan en el suelo.

Con este arranque devastador, la trayectoria del galo empieza a trazar una curva de rendimiento que evoca de forma inevitable los años dorados de Cristiano Ronaldo. Los promedios del atacante parisino han dejado de pertenecer al planeta fútbol para adentrarse en guarismos extraterrestres, devorando los registros de las grandes leyendas del club a un ritmo frenético que amenaza con reescribir la historia moderna del Real Madrid.

El gran horizonte, ese cénit de 450 goles que el astro portugués dejó grabado a fuego en el Santiago Bernabéu, parece a primera vista una cima inalcanzable para cualquier mortal. Sin embargo, evaluar las posibilidades de Mbappé bajo la lógica del fútbol convencional suele ser un error de cálculo; su voracidad por el gol y su capacidad para encadenar exhibiciones convierten cualquier reto utópico en un objetivo a tiro de piedra.

Le quedan años de plenitud, un ecosistema diseñado para potenciar su veneno y un hambre insaciable que no entiende de límites. Si el físico le respeta y mantiene este ritmo endemoniado, la utopía dejará de serlo para convertirse en destino. Porque cuando Kylian Mbappé decide correr tras los pasos de su ídolo, hasta las cimas más imposibles terminan rindiéndose a sus pies. @mundiario