Los fichajes que se rompieron en el reconocimiento médico

El reconocimiento médico suele presentarse como el último trámite antes de anunciar un fichaje, pero algunas de las operaciones más curiosas de las últimas décadas demuestran que de rutinario tiene bastante poco. Una rodilla, una anomalía cardíaca o incluso una dentadura pueden cambiar en cuestión de horas el futuro de un futbolista y alterar los planes deportivos y económicos de dos clubes.

Uno de los últimos ejemplos lo ha vivido Couhaib Driouech este mismo verano. El extremo tenía encaminada su llegada al Rangers e incluso estuvo en Ibrox siguiendo un partido del conjunto escocés, pero las discrepancias surgidas durante las pruebas médicas terminaron rompiendo la operación. Apenas unos días después apareció el Celta, el futbolista superó los exámenes en Vigo y terminó firmando hasta 2030. El propio Driouech confirmó posteriormente que el reconocimiento había sido el motivo por el que no acabó jugando en Escocia.

También en 2026 se produjo un caso todavía más llamativo con Anan Khalaili y el Inter de Milán. El conjunto italiano había acordado su llegada desde el Union Saint-Gilloise por 25 millones de euros más otros cinco en variables. El futbolista superó las pruebas internas del Inter, pero no obtuvo la autorización médica necesaria bajo la estricta normativa italiana. El propio presidente interista, Giuseppe Marotta, confirmó que la operación quedaba cancelada por ese motivo. Un fichaje de alrededor de 30 millones desapareció después de que prácticamente todo lo demás estuviese acordado.

Jean-Philippe Mateta protagonizó otro episodio extraordinario unos meses antes. El Milan tenía encarrilado su fichaje desde el Crystal Palace por unos 30 millones de libras, pero dos revisiones despertaron dudas por el estado de su rodilla derecha y los italianos abandonaron la operación. Lo curioso llegó después: otros especialistas concluyeron que el problema no requería la intervención inicialmente temida. Mateta volvió a competir y terminó marcando en mayo el gol con el que el Crystal Palace derrotó al Rayo Vallecano y conquistó la Conference League. Un reconocimiento que el Milan entendió como un riesgo demasiado elevado no impidió que pocos meses después el delantero decidiera una final europea.

Van Nistelrooy, el reconocimiento que anticipó una lesión

Probablemente pocas historias expliquen mejor la importancia de estas pruebas que la de Ruud van Nistelrooy. En abril de 2000, el Manchester United estaba dispuesto a convertirle en el fichaje más caro del fútbol británico por 18,5 millones de libras. Las dudas sobre su rodilla aparecieron durante el proceso médico, el United reclamó nuevas comprobaciones y el acuerdo con el PSV terminó rompiéndose. Apenas unos días después, el delantero sufrió durante un entrenamiento una rotura del ligamento cruzado anterior de esa misma rodilla. El fichaje parecía muerto, pero Alex Ferguson esperó: un año después lo incorporó y Van Nistelrooy terminó marcando 150 goles en 219 partidos con el Manchester United.

España también tiene uno de los grandes ejemplos. En 2003, el Real Madrid tenía acordada la incorporación de Gaby Milito desde Independiente por 3,5 millones de euros. Los médicos madridistas detectaron un riesgo importante en una rodilla previamente operada y recomendaron no completar el fichaje porque no podían garantizar su rendimiento durante los cuatro años de contrato. Milito terminó en el Zaragoza, rindió a gran nivel y posteriormente fichó por el Barcelona. Es cierto que en 2008 sufrió una gravísima lesión en esa misma rodilla, pero antes había acumulado varias temporadas al máximo nivel, por lo que aquel diagnóstico continúa siendo uno de los reconocimientos médicos más discutidos de la historia reciente del fútbol español.

Algo parecido, aunque con consecuencias todavía más profundas para un club, sucedió con Raúl Tamudo. El Rangers estaba dispuesto a realizar en 2000 una enorme inversión para llevárselo del Espanyol, pero las pruebas realizadas en Glasgow pusieron serias dudas sobre el estado de una de sus piernas y el fichaje terminó cayéndose. De regreso a Barcelona, los médicos del Espanyol cuestionaron aquel diagnóstico y Tamudo continuó jugando. Lo que parecía un golpe económico para un club que necesitaba vender terminó ayudando involuntariamente a conservar a uno de los grandes símbolos de su historia: permaneció una década más vinculado al Espanyol, ganó otra Copa del Rey y lideró al equipo hasta la final de la UEFA de 2007.

Desde unos dientes hasta una anomalía cardíaca

No siempre hace falta una rodilla destrozada. Aly Cissokho perdió en 2009 un fichaje por el Milan valorado en unos 15 millones de euros por un problema en la dentadura. Los médicos detectaron una maloclusión y consideraron que podía provocar consecuencias musculares y óseas, incluso relacionadas con la columna vertebral. El Milan se retiró y Cissokho terminó poco después en el Olympique de Lyon. Años más tarde jugaría también en Valencia y Liverpool. En 2014 fueron precisamente los médicos de Anfield quienes frenaron otra operación importante: la llegada de Loïc Rémy desde el QPR. Liverpool nunca detalló oficialmente el diagnóstico, aunque diferentes informaciones apuntaron a dudas médicas; apenas un mes después, el Chelsea sí lo fichó y el francés continuó compitiendo en la Premier.

Otros dos casos demuestran hasta qué punto el club que rechaza un fichaje puede terminar viendo cómo el futbolista aumenta su valor. En enero de 2023, el Bournemouth acordó pagar unos 23 millones de euros por Nico Jackson, pero abandonó la operación después de detectar que su lesión en los isquiotibiales requeriría más tiempo de recuperación del esperado. Jackson regresó al Villarreal, terminó la temporada marcando nueve goles en las últimas ocho jornadas de Liga y meses después fue traspasado al Chelsea por una cantidad considerablemente superior. Y algo parecido ocurrió con Vedat Muriqi: el Brujas descartó su contratación en 2022 después de las pruebas físicas; el Mallorca aprovechó la oportunidad, terminó comprándolo y el kosovar se convirtió años después en el máximo goleador del club balear en Primera División.

Todos estos ejemplos recuerdan algo importante: no superar un reconocimiento médico no significa necesariamente que un futbolista no pueda seguir jugando al máximo nivel. El examen mide riesgos y cada club establece hasta dónde está dispuesto a asumirlos. El Manchester United acertó al detener temporalmente la llegada de Van Nistelrooy, pero también acertó al volver a buscarlo un año después; el Madrid renunció a Milito y este compitió durante años en la élite; Bournemouth descartó a Jackson y meses después valía mucho más. Entre una mala rodilla, un corazón que genera dudas o unos dientes que alteran una operación millonaria, el reconocimiento médico ha demostrado muchas veces que puede ser mucho más que el último trámite de un fichaje: puede cambiar una carrera y, en ocasiones, también la historia de un club. @mundiario