Hay entrenadores que pasan por el Real Madrid y otros que terminan formando parte de su historia. Carlo Ancelotti pertenece claramente al segundo grupo. El italiano regresó a Valdebebas como seleccionador de Brasil, pero también como antiguo entrenador y, sobre todo, como aficionado de un club que todavía considera su casa. Su frase resume mejor que cualquier palmarés la relación que mantiene con el Madrid: “Siempre que juega el Madrid me pongo delante de la tele”. Después de años sentado en el banquillo del Santiago Bernabéu, Ancelotti ha cambiado el traje de entrenador por el papel de espectador, pero no ha perdido la necesidad de seguir mirando qué sucede con el equipo que marcó una de las etapas más importantes de su carrera.
Su regreso a la Ciudad Real Madrid tuvo además una doble dimensión. Ancelotti acudió como seleccionador brasileño para estar cerca de Endrick, Rodrygo y Éder Militão, que se encuentran recuperándose, pero también quiso reencontrarse con un lugar que durante mucho tiempo formó parte de su vida cotidiana. “El Real Madrid es casa, es familia, es todo”, explicó el italiano. La frase no resulta especialmente sorprendente viniendo de un entrenador que conquistó numerosos títulos con el club, pero sí muestra cómo determinadas relaciones profesionales terminan transformándose en vínculos personales. Ancelotti dejó de pertenecer al Madrid como empleado, pero no parece haber dejado de sentirse parte de él.
La relación con José Mourinho añade otra capa interesante a este reencuentro. Los dos técnicos pertenecen a generaciones diferentes, tienen personalidades muy distintas y han protagonizado algunas de las etapas más reconocibles del banquillo madridista. Sin embargo, Ancelotti aseguró que mantiene una relación muy buena con el portugués y que ambos intercambian ideas y mensajes. Su respaldo resulta significativo precisamente porque Mourinho acaba de comenzar una nueva etapa en el club. “Estoy contento de que él esté aquí”, afirmó Ancelotti, convencido de que su compatriota puede aprovechar el conocimiento que tiene del Real Madrid para desarrollar un buen trabajo.
El italiano también observó desde fuera el comienzo de la temporada blanca. No ocultó que el primer partido presentó dificultades, pero destacó la progresión posterior y especialmente el triunfo ante la Real Sociedad. Para Ancelotti, el equipo ha ido encontrando mejores sensaciones y llega preparado para un tramo de competición en el que comenzarán a aparecer los verdaderos desafíos. La Liga, el Betis y la Champions marcarán ahora un cambio de exigencia. Su análisis tiene además la perspectiva de alguien que conoce perfectamente las dificultades de entrenar al Madrid: los buenos resultados son importantes, pero la verdadera medida de un proyecto aparece cuando se acumulan los partidos de máxima presión.
De entrenador del Madrid a aficionado privilegiado
El nuevo papel de Ancelotti resulta casi paradójico. Durante años fue uno de los hombres que decidían qué ocurría en el césped; ahora observa esos mismos partidos desde un sofá, aunque con una cercanía emocional que probablemente no tiene un aficionado cualquiera. Su salida del club no significó romper el vínculo. Al contrario, parece haberlo transformado. Ya no necesita analizar alineaciones por obligación ni pensar en el rival del siguiente fin de semana. Puede mirar al Madrid simplemente porque quiere hacerlo. “He pasado de entrenador a aficionado del Real Madrid, uno de los primeros”, reconoció durante su visita a Valdebebas.
Ese cambio explica también la naturalidad con la que habló de Mourinho. Ancelotti no necesita competir con el actual entrenador ni reivindicar su etapa. Su legado en el Madrid está suficientemente consolidado. Fue campeón de Europa y consiguió convertir su segunda etapa en una de las más exitosas de la historia reciente del club. Desde fuera, por tanto, puede permitirse una posición diferente: observar, valorar y desear que al equipo le vaya bien. Su respaldo a Mourinho no debe interpretarse como una comparación entre ambos, sino como el reconocimiento de alguien que sabe lo que significa ocupar uno de los banquillos más exigentes del mundo.
La visita tuvo también un significado especial por su conexión con los futbolistas brasileños. Endrick, Rodrygo y Militão representan parte del vínculo que todavía mantiene Ancelotti con el vestuario madridista, pero también forman parte de su presente profesional como seleccionador. Brasil busca construir una nueva generación después del Mundial de 2026 y el italiano necesita conocer de cerca a los jugadores que pueden formar parte de ese proyecto. El viaje a Madrid, por tanto, unió pasado y futuro: Ancelotti regresó a la que considera su casa mientras trabaja para construir una nueva identidad para una selección que quiere recuperar protagonismo.
Precisamente esa renovación será uno de los grandes desafíos de su etapa en Brasil. Ancelotti reconoce que una generación de grandes futbolistas ha llegado al final de su recorrido y que ahora debe comenzar otra. Su objetivo consiste en observar a los jóvenes brasileños repartidos por distintos clubes del mundo y preparar un equipo que llegue al Mundial de 2030 con ambición y calidad. El entrenador considera especialmente prometedor el nivel de los jugadores de 20 y 21 años. Los próximos amistosos servirán para observarlos, pero también para empezar a construir una selección diferente a la que heredó.
La escena de Ancelotti regresando a Valdebebas permite entender hasta qué punto el fútbol puede convertir una relación laboral en algo mucho más duradero. El entrenador italiano ya no tiene ninguna responsabilidad sobre las decisiones del Real Madrid, pero sigue sintiendo curiosidad, cariño y orgullo por lo que ocurre allí. Mourinho ocupa ahora el puesto que él dejó y Ancelotti observa desde una distancia privilegiada. No existe nostalgia amarga en sus palabras, sino una especie de reconciliación con una etapa que terminó bien. El Madrid fue durante años su trabajo; ahora puede permitirse que sea simplemente una parte de su vida.
Y quizá ahí se encuentre el mejor reconocimiento para un entrenador. Ancelotti no necesita reivindicar lo que hizo en Madrid porque su historia está escrita en los trofeos, en las noches europeas y en la memoria de los aficionados. Puede marcharse, asumir otro desafío y, aun así, continuar sintiendo que el Bernabéu y Valdebebas son lugares propios. Mientras intenta construir el próximo gran Brasil, el italiano seguirá reservando un espacio para mirar al Madrid cada vez que juegue. Cambió el banquillo por el sofá, pero no cambió de equipo. @Mundiario
