Ataque a la industria de defensa: Alemania investiga si la guerra híbrida ha echado raíces

Alemania vuelve a mirar hacia sus infraestructuras críticas y su industria de defensa con una preocupación que ya no parece circunscribirse a incidentes aislados. La madrugada del jueves, dos ciudadanos búlgaros, una mujer de 28 años y un hombre de 38, fueron detenidos en Múnich después de que varios artefactos incendiarios fueran lanzados desde un vehículo contra una obra situada frente a la sede de Rohde & Schwarz, compañía tecnológica que trabaja, entre otros ámbitos, con sistemas de comunicación, seguridad, radar y tecnología para las Fuerzas Armadas. La policía investiga si el ataque tuvo una motivación política.

El fuego fue rápidamente sofocado, los daños fueron escasos y no hubo heridos. Otro de los artefactos encontrados en el lugar ni siquiera llegó a incendiarse y tuvo que ser neutralizado por especialistas. En términos materiales, el episodio podría parecer menor. Desde el punto de vista de la seguridad alemana, sin embargo, el lugar elegido convierte el suceso en algo mucho más delicado.

El ataque tuvo lugar cerca de un complejo donde se encuentran empresas relacionadas con la industria de defensa. Además de Rohde & Schwarz, en la zona opera Helsing, especializada en tecnología militar y drones. Las autoridades todavía no han establecido cuál de las compañías era el objetivo concreto, e incluso mantienen abierta la posibilidad de que el blanco fuese el propio conjunto de instalaciones.

Un testigo alertó a la Policía poco antes de la medianoche después de observar cómo se arrojaban artefactos incendiarios desde un automóvil. Uno de ellos provocó un incendio en la zona de contenedores de la obra situada frente a Rohde & Schwarz. La rápida intervención policial evitó consecuencias mayores.

La detención de los dos sospechosos constituye el primer elemento relevante de la investigación. Pero su nacionalidad búlgara, por sí sola, no demuestra ninguna conexión con un servicio extranjero. La cuestión esencial será determinar quién ordenó el ataque, cuál era el objetivo y qué motivación existía. La Oficina de Investigación Criminal de Baviera (LKA) ya analiza expresamente la posibilidad de un trasfondo político. 

Alemania se encuentra en alerta por posibles operaciones de sabotaje vinculadas con Rusia, pero todavía sería prematuro introducir este episodio en esa categoría como un hecho probado.

Una pieza más en una semana especialmente complicada

El incendio de Múnich adquiere otra dimensión cuando se coloca junto a los acontecimientos de los últimos días. Dos instalaciones eléctricas fueron objeto de ataques en Brandenburg y Renania del Norte-Westfalia. En ambos casos se investiga un posible sabotaje. Las autoridades han detectado similitudes en el método empleado y no descartan una acción coordinada, aunque todavía tampoco se conoce quién está detrás.

En Brandenburg, los atacantes utilizaron artefactos similares a grandes cohetes para intentar introducir material conductor en líneas de alta tensión. En Bergheim, cerca de Colonia, se produjo posteriormente un episodio con características semejantes. La investigación contempla incluso posibles delitos de carácter terrorista o de sabotaje contrario al orden constitucional.

La dimensión del problema se aprecia mejor con los datos acumulados. Un informe interno del Bundeskriminalamt (BKA), conocido ahora por NDR, WDR y Süddeutsche Zeitung, contabiliza más de 160 casos sospechosos de sabotaje en Alemania durante 2026 y más de 740 avistamientos sospechosos de drones. Para 2025, otro balance había identificado 321 casos sospechosos de sabotaje. 

El precedente más delicado es el aeropuerto de Leipzig/Halle. El 4 de agosto fue localizado un dron cargado con explosivos cerca de aeronaves ucranianas. El aparato fue neutralizado y no hubo víctimas. Alemania atribuyó posteriormente el incidente a Rusia después de que sus servicios de seguridad y los de países europeos aliados encontraran elementos que, según Berlín, coinciden con procedimientos empleados en operaciones híbridas rusas. Moscú rechaza la acusación.

Aquí aparece una diferencia importante respecto a Múnich: en Leipzig el Gobierno alemán ya ha formulado una atribución política concreta; en Múnich, esa atribución todavía no existe.

Pero ambos casos afectan a sectores relacionados con la ayuda europea a Ucrania. Leipzig es un punto logístico relevante y Rohde & Schwarz trabaja con tecnologías que tienen aplicaciones militares y de seguridad sensibles. Eso hace comprensible que los investigadores alemanes estudien cada nuevo incidente dentro de un contexto más amplio.

¿Está aumentando la guerra híbrida contra Alemania?

La guerra híbrida precisamente funciona en esa zona gris. No necesita un ataque militar convencional. Puede recurrir a sabotajes, incendios, espionaje, ciberataques, drones, desinformación o personas reclutadas para ejecutar acciones concretas. Su objetivo puede ser provocar daños limitados, aumentar los costes de protección, generar incertidumbre o demostrar que determinados objetivos son vulnerables.

Las autoridades alemanas han advertido además de la posibilidad de que potencias extranjeras utilicen intermediarios o grupos extremistas para ejecutar operaciones sin exponer directamente a sus servicios de inteligencia. En Dinamarca, los servicios de seguridad han informado recientemente de intentos rusos de reclutar ciudadanos mediante redes sociales y plataformas de videojuegos para tareas relacionadas con empresas de defensa e infraestructuras.

Ese modelo complica enormemente la respuesta. El atacante puede ser un individuo aparentemente desconectado de cualquier estructura estatal, mientras que el eventual organizador permanece fuera del alcance de la investigación.

Además, Alemania se ha convertido en uno de los principales apoyos europeos de Ucrania y, simultáneamente, en uno de los países donde más se está discutiendo la amenaza rusa. El episodio de Leipzig llevó a Berlín a anunciar nuevas medidas contra Rusia, mientras Moscú respondió con represalias diplomáticas y el cierre de centros culturales alemanes.

Por eso el verdadero problema para Alemania no es únicamente proteger una empresa de defensa o un transformador eléctrico. Es impedir que una sucesión de incidentes relativamente pequeños termine generando una sensación de vulnerabilidad permanente.

La amenaza híbrida tiene precisamente esa característica: no necesita destruir una infraestructura para ser eficaz. Puede bastar con obligar al Estado a proteger miles de instalaciones, multiplicar los costes de seguridad y mantener a las autoridades investigando permanentemente quién puede estar detrás del siguiente incidente. @mundiario