La sucesión de Kim Jong-un vuelve a situarse en el centro de la atención internacional, pero esta vez no por un cambio en la posición de su hija Kim Ju-ae, sino por la posible existencia de un hijo menor cuya identidad y sexo ni siquiera han podido ser confirmados. El Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur (NIS) ha reconocido que investiga la composición exacta de la familia del líder norcoreano, al tiempo que mantiene su evaluación de que Ju-ae se encuentra en una posición de sucesora designada.
La aparente contradicción —un nuevo posible heredero masculino frente a una hija cuya presencia pública no deja de crecer— resulta especialmente relevante en un régimen que nunca ha tenido una mujer al frente. Pero la información disponible no permite concluir que la aparición de un hijo menor haya alterado los planes de sucesión. Más bien, la evaluación conocida del NIS apunta en la dirección contraria: pese a las incógnitas familiares, la posición de Kim Ju-ae parece haberse consolidado.
El organismo de inteligencia surcoreano ha confirmado que intenta verificar la existencia de un hermano menor de Ju-ae y que su sexo todavía no ha sido determinado. También investiga si la adolescente tiene un hermano mayor. En este último caso, el NIS ha señalado que, incluso si existiera, actualmente no estaría en condiciones de convertirse en sucesor de Kim Jong-un. La precisión es importante porque separa dos cuestiones que a menudo se mezclan: la existencia de posibles hijos y su posición dentro de la estructura sucesoria.
Según la información manejada por los servicios surcoreanos, Kim Jong-un podría tener tres hijos nacidos aproximadamente en 2010, 2013 y 2017. Ju-ae sería el segundo. Sin embargo, debido al extremo secretismo que rodea a la familia gobernante, ni siquiera el orden exacto de nacimiento está plenamente confirmado. La información sobre la vida privada de los Kim procede en buena medida de fuentes de inteligencia, declaraciones de funcionarios surcoreanos y episodios aislados difundidos por medios estatales o personas que han tenido contacto con la familia.
El nombre de Kim Ju-ae jamás ha sido confirmado oficialmente por el régimen de Piongyang. Los medios estatales norcoreanos evitan llamarla por su nombre y se limitan a usar títulos protocolarios de alto rango como la hija «amada», «preciosa» o, más recientemente, «respetada», un adjetivo históricamente reservado para los líderes supremos de la dinastía Kim. La identidad con la que se le conoce globalmente proviene en realidad de la filtración del exjugador de la NBA Dennis Rodman, quien tras su visita a Corea del Norte en 2013 reveló al periódico británico The Guardian que había sostenido en brazos a la bebé del mandatario, a quien identificó como Ju-ae. Aunque los desertores sugieren denominaciones alternativas como Un-ju o Ju-ye, y la inteligencia surcoreana estima que actualmente ronda los 13 años, el misterio sobre su identidad exacta sigue vigente.
Sin embargo, las dudas sobre su nombre pasaron a un segundo plano ante su fulgurante ascenso político. Desde su primera aparición pública en noviembre de 2022 durante el lanzamiento del misil intercontinental Hwasong-17, su rol ha mutado de un plano meramente simbólico a uno estrictamente estatal, sumando hitos clave como su primer viaje oficial al extranjero con su visita a Pekín, China, o su participación activa conduciendo tanques en ejercicios de combate reales junto a su padre. Este despliegue propagandístico culminó con los informes del Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur (NIS) presentados ante la Asamblea Nacional, los cuales ratificaron que Corea del Norte ha completado su entrenamiento formal, consolidándola oficialmente como la sucesora designada para heredar el poder del régimen.
Ju-ae ha acompañado a su padre en lanzamientos de misiles, desfiles militares, actos vinculados al programa nuclear y ceremonias de gran relevancia estatal. Los medios oficiales han utilizado expresiones como “más querida” para referirse a ella y han mostrado una proximidad con Kim Jong-un que no corresponde simplemente al papel privado de una hija.
El episodio más reciente se produjo durante la ceremonia de puesta en servicio del destructor Kang Kon, celebrada en Wonsan. Las imágenes oficiales mostraron a Ju-ae junto a su padre, en una posición destacada durante un acto relacionado con la modernización militar y la capacidad de respuesta nuclear norcoreana. Reuters señaló que el NIS considera que Pyongyang continúa dando pasos para situarla como sucesora.
Ese patrón de apariciones es precisamente uno de los elementos utilizados por la inteligencia surcoreana para evaluar su posición. En Corea del Norte, donde los símbolos y los protocolos tienen un peso extraordinario, la exposición pública de una persona junto al líder puede constituir una señal política. No significa que exista una proclamación formal de sucesión, pero sí que el régimen está construyendo una imagen pública de continuidad alrededor de Ju-ae.
El posible hijo menor introduce, por tanto, una incógnita biológica más que una modificación demostrada de la línea sucesoria. Si finalmente se confirma su existencia, habrá que determinar su edad, sexo y grado de exposición dentro del sistema político. Por ahora, el NIS no considera que su existencia cuestione la posición de Ju-ae. La cuestión resulta particularmente sensible porque Corea del Norte ha estado gobernada desde su fundación en 1948 por tres hombres de la misma familia: Kim Il-sung, Kim Jong-il y Kim Jong-un.
El poder político, militar y partidario ha estado históricamente asociado a una estructura profundamente masculina. De ahí que algunos analistas planteen dudas sobre la aceptación que podría encontrar una mujer entre los sectores más veteranos del aparato estatal y militar.
Pero esa dificultad no debe confundirse con una imposibilidad. El régimen de Kim Jong-un ha demostrado durante los últimos años que puede modificar sus estructuras y símbolos políticos para reforzar la autoridad del líder según sus necesidades. Las recientes reformas del Partido de los Trabajadores han concentrado todavía más poder en Kim Jong-un y han reducido la dependencia de mecanismos colectivos de decisión.
Además, Kim Jong-un tiene actualmente unos 42 años. Desde esta perspectiva, la designación de un heredero puede parecer prematura y, para algunos expertos, incluso innecesaria. La sucesión en Corea del Norte no funciona como una institución transparente sometida a calendarios constitucionales convencionales. La autoridad depende de una combinación de legitimidad dinástica, control del partido, aparato militar, seguridad interna y aceptación de las élites.
Precisamente por eso, el aspecto más relevante de la información del NIS no es tanto la posibilidad de que exista otro hijo como la insistencia de Seúl en que Ju-ae mantiene una posición sólida. La inteligencia surcoreana ya había señalado a comienzos de septiembre que las apariciones constantes de la joven en los medios estatales eran compatibles con un proceso destinado a prepararla para la sucesión.
El contexto también importa. Corea del Norte continúa reforzando su programa nuclear y sus capacidades militares. La reciente incorporación del destructor Kang Kon a su sistema de respuesta nuclear y la expansión de sus instalaciones de enriquecimiento de uranio muestran que el debate sobre la sucesión se desarrolla mientras el régimen fortalece las herramientas sobre las que descansa su poder.
Por ahora, la fotografía que ofrecen los datos disponibles es, por tanto, más estable de lo que podría sugerir la aparición de un supuesto hijo desconocido. El NIS investiga quiénes son realmente todos los hijos de Kim Jong-un y cuál es su orden de nacimiento, pero mantiene que Kim Ju-ae continúa siendo la figura con mayor evidencia pública de preparación sucesoria. La incógnita familiar permanece abierta; la señal política, en cambio, parece bastante más definida. @mundiario
